Gisela Assinnato




Mayores en la Web: representaciones y prácticas
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ASSINNAATO, Gisela: “Mayores en la Web: representaciones y prácticas”, en Anuario de investigaciones 2013, La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 2014.




Resumen
El presente trabajo da cuenta de la investigación realizada a raíz de una beca del Consejo Interuniversitario Nacional que apuntaba a estudiar las representaciones y prácticas socioculturales de los adultos mayores en torno a las tecnologías de información y comunicación *.
Tras indagar a personas de edad sobre sus nociones y modos de uso de la informática, el estudio llevó reflexionar sobre las relaciones entre la comunicación, la construcción de subjetividades y las innovaciones tecnológicas y las múltiples prácticas y vejeces que coexisten dentro del denominado envejecimiento activo.

Palabras clave: tecnologías de información y comunicación - envejecimiento activo - representaciones - comunicación/educación



Introducción

La idea de investigar las representaciones y prácticas socioculturales de los adultos mayores en torno a las innovaciones informáticas surgió tras varios años de participación en el Centro de Comunicación y Adultos Mayores (cecam) de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

Precisamente, el plan se enmarcó en el Proyecto de Extensión «Adultos Mayores enlazados en red», que se implementó desde mediados de 2011 hasta mediados de 2013, por jóvenes graduados, docentes y estudiantes de ese espacio; centrándose el análisis en los participantes de los cursos de Informática y Comunicación en Red, dictados en el segundo cuatrimestre de 2012 en la localidad de Villa Elisa y en la Facultad de Comunicación de la UNLP respectivamente, y de Periodismo Digital, llevado a cabo entre los meses de abril y julio de 2013 también en dicha unidad académica.

Mediante la realización de talleres, la iniciativa extensionista promovía capacitar a personas de edad de La Plata y Gran La Plata en el diseño y desarrollo de ciertas prácticas comunicacionales a través de programas informáticos, internet y las redes sociales.

En este marco, durante el año de ejecución de la beca (01/09/2012 – 01/09/2013), me propuse indagar acerca de las concepciones que los propios adultos sostenían sobre el espacio de aprendizaje, las nuevas tecnologías, el acceso y modos de uso de internet y sus propias nociones de vejez.

Iniciamos el trabajo con el objetivo de investigar cuáles eran esas representaciones y prácticas socio-culturales vigentes en los adultos mayores como sujetos que buscaban ser o que ya eran partícipes del mundo de la web y las redes sociales, bajo la hipótesis de que daban cuenta de la ruptura de prejuicios y adopción de cambios subjetivos y sociales que forman parte de lo que diversos autores han dado en llamar envejecimiento activo.

El objeto se abordó teniendo en cuenta la relación intergeneracional que se establecía entre los mayores como consumidores y usuarios de medios y tecnologías y los jóvenes comunicadores/educadores como sujetos que proponían en el espacio de enseñanza un horizonte de desafíos y transformaciones sociales y subjetivas.

Mediante herramientas cuanti y cualitativas, se reconstruyó un entramado de representaciones y prácticas sobre Internet, especialmente presentes en las mujeres adultas mayores, que contemplaban una búsqueda de autonomía en la comunicación, información y entretenimiento, la socialización con la familia y con pares, el desafiarse y sentirse parte de una época.


Aproximaciones teóricas

El paso de una etapa laboralmente activa a una pasiva en la vida de una persona ha sido -y en algunos casos, todavía es connotado socialmente de una carga negativa, donde la jubilación se convierte en aquella bisagra que señala el fin de la vida productiva de un sujeto.

Enmarcado en una matriz de pensamiento occidental que considera como valioso el tiempo de producción y privilegia a la juventud como la mejor etapa de la vida, se han sucedido una serie de modos de nombrar a las personas que han sobrepasado estos años cronológicos (gerontes, abuelos, viejos, tercera edad, anciano/a) asociando el envejecimiento únicamente a la enfermedad, vulnerabilidad o pasividad.

En este sentido, refiriéndose a la construcción del sujeto en la modernidad, el Dr. en Psicología Ricardo Iacub señala: «el valor del sujeto era relativo a la necesidad social del mismo. Una perspectiva colectivista llevaba a ver al viejo como alguien poco útil» (2011:08).

Sin embargo, nuevas miradas se han impuesto desde la academia descubriendo los intereses sociales de esta construcción subjetiva y, contraponiendo una concepción de los adultos mayores como sujetos sociales activos.

En este sentido, para Organización Mundial de la Salud (oms) se debe entender esta etapa de la vida como un ciclo más de crecimiento personal. Por tanto, acuña el término de envejecimiento activo en tanto

proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. El envejecimiento activo se aplica tanto a los individuos como a los grupos de población. Permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia (Regalado, 2002).


Este nuevo paradigma logró plasmarse en políticas públicas que posibilitaron derechos y oportunidades para las personas de edad, aunque aún vastos discursos sociales siguen manteniendo vivos aquellos viejos prejuicios que dividen a la sociedad en activos y pasivos.

Asimismo, esta nueva visión de la adultez se enmarca en el fenómeno del envejecimiento poblacional, es decir, en el crecimiento sostenido de las personas de más de 65 años en una población (inclusive octogenarios, nonagenarios y centenarios), a partir del alargamiento de la expectativa de vida.

Este proceso también se manifiesta en nuestro país, donde según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (indec, 2010), el 10,2% de los argentinos son adultos mayores, lo cual evidencia una continuación de esta tendencia que comenzó hacia 1970.

Este es el marco amplio y contextual en el cual, en los últimos años, las personas mayores se han ido acercando al uso de los medios digitales desde sus ámbitos domésticos o mediante diferentes espacios de educación no formal provenientes de políticas públicas y/o de iniciativas comunitarias.

Así, si bien durante mucho tiempo los adultos se constituyeron en la única generación portadora de un saber que los jóvenes debían adquirir desde niños, con la llegada de las nuevas tecnologías, esta relación se invierte.

Aquellas generaciones referentes se convierten en inmigrantes digitales: personas nacidas con anterioridad a la era tecnológica, teniendo que experimentar un proceso de adaptación más lento y lineal. En tanto, las nuevas generaciones devienen pobladores nativos del entorno tecnológico cuya lengua materna es la de las computadoras, los videojuegos e Internet. Aunque siempre esto este acceso temprano va a depender de las variantes culturales, sociales y económicas de los sectores.

Frente a este panorama, las tecnologías de comunicación e información no son nuevos soportes que toman masividad sin ninguna repercusión social. Por el contrario, su progresiva incursión en la sociedad «ha creado nuevas formas de interacción, nuevas maneras de visibilidad y nuevas redes de difusión de la información en el mundo moderno, todo lo cual ha alterado el carácter simbólico de la vida social» (Thompson, 1998: 107).

Si bien estos cambios se pueden registrar desde siglos anteriores, en los últimos años la comunicación digital mediante diversos dispositivos con capacidad de conexión a Internet se ha ampliado con una rapidez jamás vista, generando en poco tiempo la reacción de nuevas formas de acción e interacción social, maneras de relacionarse con otros y hasta con uno mismo.

Las generaciones de niños, jóvenes y adultos jóvenes son las que llevan adelante mayormente estas transformaciones culturales; sin embargo, prontamente los adultos mayores -como otros sectores excluidos de estos avances sociales- también comenzaron a demandar su inclusión en la nueva red global de comunicación.

Tal como dice Manuel Castells: «Internet es el corazón de un nuevo paradigma socio-técnico que constituye en realidad la base material de nuestras vidas y de nuestras formas de relación, de trabajo y de comunicación» (2010) y los adultos mayores no quisieron quedarse afuera.

Ahora bien, ¿Qué tiene de particular la inclusión de los adultos mayores a las nuevas tecnologías? ¿Qué procesos subjetivos y sociales implica someterse a un espacio de aprendizaje con dicho fin?

Cualquier instancia de formación pone en juego las prácticas culturales de los sujetos, sus adscripciones identitarias, sus maneras de pensar y conocer, sus modos de sociabilidad y sus articulaciones con los problemas y saberes que en ese espacio se proponen abordar.

Si entendemos por subjetividades la singularidad de las experiencias, del cómo y quiénes las viven, será evidente que se encontrarán diferentes modos de percepción y de acción, que se llevan adelante durante procesos dinámicos, de construcción constante, inacabada e inacabable.

Así, muchos de los que actualmente superan los 60 años de edad, formaron parte en su socialización primaria y escolar de un modelo de sociedad moderna, que buscaba la formación de una subjetividad estatal/ciudadana capaz de adaptarse al sistema político y económico. Desde posturas críticas, se advirtió que la escuela en conjunto con otras instituciones modernas como la familia, la cárcel o el hospital, inculcaban una disciplina de autocontrol.

«Esta correspondencia analógica entre las marcas subjetivas producidas por las instituciones era la que aseguraba la relación transferencial entre ellas. Así cada una de las instituciones operaba sobre las marcas previamente forjadas. De allí provenía su eficacia. La escuela trabajaba sobre las marcaciones familiares; la fábrica, sobre las modulaciones escolares; la prisión sobre las molduras hospitalarias» (Corea y Lewkowicz, 2004: 20).

Así, estos sentidos marcados por generaciones que construyeron una disciplina y un deber ser subjetivo no pueden ser olvidados a la hora de abordar una investigación sobre un proceso de aprendizaje que incluye a los adultos mayores, dado que en el aprendizaje está comprometido su ser. En este sentido, lo plantea Elichiry: «el sujeto educativo es a la vez; sujeto epistémico, sujeto afectivo, sujeto social y sujeto cotidiano; dado que es en el diario acontecer en el que se expresa el sujeto educativo» (2004: 196).

De este modo, en el proceso de formación, los sujetos ponen en juego las representaciones y prácticas sociales que adaptan a su vida cotidiana, otorgándoles un determinado sentido social.

Entendiendo por representaciones sociales aquellos «esquemas de interpretación, valoración y clasificación» que se construyen individual y colectivamente y que se corresponden arbitrariamente con formas culturales y sociales insertas en proyectos más amplios (Saintout, 2007: 60), es evidente que estas estructuras complejas son producto de las luchas por la incorporación de categorías sociales, que poseen coherencia con las prácticas sociales de los sujetos, es decir, sus formas de apreciar, percibir y actuar.

Siguiendo a Pierre Bourdieu, las mismas no solo se confieren «una capacidad de legitimación de lo instituido (esto es, de una determinada distribución del poder al interior de un espacio social y de los campos) sino un poder de construcción y transformación de lo real» (Tovillas, 2010: 77). Sin embargo, el mismo autor aclara que debido a su sistematicidad, producir modificaciones en estas formas–en su mayoría convertidas en inconscientes- supone una fuerte resistencia.

En suma, son los propios sujetos los que pueden ejercen una influencia sobre el mundo, actuando y trabajando para inculcar su conocimiento sobre él; es decir, reproduciendo y/o destruyendo representaciones que hacen visibles otros grupos.

Propuesta metodológica y datos empíricos

Desde estas perspectivas conceptuales, se acuñaron herramientas de investigación cuali y cuantitativas cuyo esfuerzo no estuvo centrado solo en verificar lo que existe, sino en tratar de dar un marco de comprensión, a través de la interpretación y problematización de elementos y significaciones que guían las acciones de los actores sociales en los ámbitos que están insertos, buscando respetar las matrices socioculturales de las personas, teniendo en cuenta mediaciones como la edad, condiciones materiales, educativas y laborales, vínculos institucionales.

En primera instancia, el plan metodológico incluyó observaciones de los talleres de tic en Villa Elisa y la Facultad de Periodismo y comunicación social, basadas en la implementación de ejes puntuales: el espacio de aprendizaje, las nuevas tecnologías en sí mismas, la dimensión del acceso, alcances y limitaciones del uso y conceptos de vejez en relación a las nuevas prácticas.

Por otra parte, se desarrollaron encuestas a los 71 adultos mayores que asistían a los cursos, quienes detallaron en preguntas sencillas su edad, sexo, grado mayor de formación alcanzado, ocupación actual y motivaciones para realizar el curso (lo que nos daría un acercamiento a esas representaciones que se buscan). Vale aclarar que estas últimas eran preguntas abiertas, por lo que las categorías pertenecientes a cada pregunta se elaboraron de forma posterior, de acuerdo a las respuestas de los encuestados.

Otra instancia metodológica en el marco de los talleres incluyó la realización de tres grupos de discusión (uno en cada curso), buscando en la oralidad, la espontaneidad y riqueza de los relatos.

Estos constaron primero de una instancia escrita donde cada uno expresó sus motivaciones para realizar el taller de tic y su opinión respecto a las tecnologías, en base a ciertos ejes de discusión.

Entre esos ítems, se debatió: ¿Por qué quieren aprender a manejar la PC?, ¿Qué les pareció lo que aprendieron? ¿Qué es lo más difícil? ¿Y lo que más les gustó? ¿Hay diferencias entre hombres y mujeres en el uso computadoras? ¿Practican en casa? ¿Hay algo que les gustaría aprender? ¿Cambió algo en sus vidas la llegada de la computadora? ¿Qué es lo que más hacen mediante las tic (usos)? ¿Tienen acceso a dispositivos tecnológicos con internet? ¿Cuánto tiempo pasan navegando en la web?

Los encuentros fueron muy significativos para enriquecer lo aportado por las encuestas y las observaciones.

Por último, se realizó un análisis documental de programas curriculares e informes finales de los docentes que tenían a cargo dichos talleres, con el objetivo de enmarcar institucional y pedagógicamente el espacio en el cual estaban inmersos los adultos mayores protagonistas de esta investigación.

La sistematización de esta etapa exploratoria, permitió la construcción de los siguientes indicadores y análisis:
-Edad: el 38 % de los encuestados tenía entre 66 y 70 años; 34 % entre 60 y 65; 16 % entre 71 y 75; 7 por ciento entre 76 y 79; 3 % mayores de 80; 1 % entre 55 y 59; 1 % mayores de 90.
-Sexo: 55 eran mujeres (79 %) y 15 hombres (21 %)
-Formación: el 30 % tenían estudios secundarios; 23 % estudios secundarios incompletos; 20 % estudios primarios; 12 % educación terciaria completa; 6 % estudios primarios incompletos; 4 % estudios universitarios incompletos; 3 % estudios universitarios; 2 % educación terciaria incompleta.
-Motivaciones: el 29 % buscaba aprender; 19 % comunicarse con familiares y amigos; 17 % actualizarse; 11 % superarse; 10 % acceder a información; 8 % socializarse con nuevas personas; 4 % compartir con los nietos; 1 % pudieron acceder a una PC; 1 % laborales.
-Modo de acceso: el 68 % comparte la computadora con sus familiares; 18 % tiene PC personal; 14 % debe conectarse en un locutorio.
-Usos (de mayor a menor): juegos online, chatear en redes sociales, compartir fotos en redes sociales, buscar información, leer diarios, mirar videos en especial de música, correo electrónico, escribir en word, pagar cuentas online.

Breve síntesis de los elementos emergentes en los grupos de discusión:
La mayoría de las personas mayores en las que se basó este trabajo relaciona el acceso y uso de las tic como una instancia de superación personal, actualización y búsqueda de mayor actividad; manifestando así una preocupación por el envejecimiento. Por ejemplo, Raúl, de 75 años, de La Plata, contó durante el encuentro grupal: «A esta edad, tenemos que mantener activa la mente, sino todo se deteriora» (1)

Asimismo, prevalece una gran confianza en las innovaciones informáticas las cuales más allá de ser entendidas como fuente de información y acceso a todo tipo de saberes, devienen también en compañía, mediadores para reactivar vínculos entre pares, tras diferentes relatos de pérdidas o dificultades motoras.

«Yo soy más feliz desde que aprendí a usar la computadora. Hace un año tenía una depresión muy grande. Me quedé sola en mi casa porque se me murió un hijo y al tiempo mi marido. El médico me dijo comprate una compu y le hice caso», relató Olga, de 69 años, también platense.

Para Mirta, de 66 años, de Villa Elisa se tratan de «un adelanto genial de la época y con responsabilidad es un vehículo de conocimiento».
Sin embargo, un elemento que aparece como complejo y problemático es la práctica: la memorización y automatización de cómo se realizan ciertos procesos informáticos aparece como el principal desafío.

«En el momento lo entiendo, pero cuando llego a mi casa y a los pocos días quiero practicar, me doy cuenta que no me acuerdo nada», planteó Delia, de 78 años, de La Plata. Por su parte, Lilia, de 68 años, de Villa Elvira, dio cuenta del conflicto generacional y familiar que trae aparejada esta dificultad: «las generaciones actuales lo ven con mucha facilidad y no nos entienden lo difícil que se nos hace».

La cuestión de género devino en otro punto de distinción en este acercamiento a las representaciones. Las mujeres, que en todos los cursos son amplia mayoría, coincidían al sostener que acceder a este campo de conocimientos y de prácticas de la comunicación digital implica una ruptura, un apostar por «lo que quieren ser». En algunos casos, incluso estas ideas se manifiestan en oposición a sus identificaciones durante su etapa de juventud y adultez joven (especialmente como madres y amas de casa) y coincide con un el ciclo posterior a la viudez.

Entre estos relatos se destaca el de Laura, de 65 años, de Villa Elisa: «Después de muchos años aprendí que yo soy lo más importante y que si no me ocupo de mí, nadie lo va a hacer. Así que yo todos los días por lo menos una hora salgo a caminar y después me pongo a chatear. Y si los platos están sucios que esperen».

En cambio, en los testimonios de los hombres participantes de los cursos quedó evidenciado que no dedican tanto tiempo al uso de las tecnologías informática y que contrariamente a ellas, se vinculan por usos y/o intereses específicos.
Así lo destacó Nahón, de 70 años, de La Plata: «A mí me sirve, intento buscar cosas que me interesen, leo diarios y no hago más colas para pagar nada. Pago todo por internet. Pero no estoy todo el tiempo con la computadora encima como los chicos. Le dedico un tiempito y listo. Hay cosas más importantes».

De este modo, si bien se comparte el uso de la red bajo el entendimiento como fuente de conocimiento y mediación para generar una mayor socialización, no pareciera haber en los hombres ese vínculo en cuanto al aprendizaje y acceso como superación personal.

Acercamientos alcanzados

El primer objetivo de esta investigación era analizar las representaciones sociales que los adultos mayores poseen acerca del acceso a la web 2.0.

En primera medida, se pudo establecer que mayoritariamente acceden mediante computadoras que comparten con familiares, en especial con sus hijos; en tanto que en proporciones menores cuentan con PC personal o deben usar dispositivos de locutorios o cybers.

En cuanto a las representaciones de los mayores sobre este acceso, principalmente, subyacen factores como la motivación por actualizarse, no quedar al margen de las transformaciones culturales de la época y, paralelamente, un hondo desafío por mantenerse «activos», avasallando los imaginarios sobre la vejez como sujetos pasivos, deteriorados y carentes de utilidad.

En consecuencia, las tic devienen para ellos en aquellas mediadoras para lograr satisfacer su necesidad de estar saludables, enlazarse con otros y estar entretenidos e informados instantáneamente.

Incluso, en los casos de visiones más positivas, representan puentes que han permitido efectos terapéuticos, un modo de afrontar ciertas angustias relacionadas a pérdidas y cambios del cuerpo y funcionalidades sociales.

Así se hacen evidentes algunas de las características paradigmáticas del envejecimiento activo que se planteaban inicialmente en nuestro marco teórico.

Nuestro segundo objetivo era analizar las prácticas socioculturales que los mayores realizan en el proceso de apropiación de la web 2.0. Mediante la indagación de este objetivo se pudo determinar que las prácticas de los mayores en la pc, se corresponden, casi exclusivamente, con el entretenimiento y la comunicación en internet (juegos online, redes sociales, e-mail, búsqueda información, videos o música y lectura de diarios) en tanto que se destacan solo algunos usos minoritarios en relación a los procesadores de texto y trámites online.

Para comprender la dimensión de este eje, recordamos la distinción entre el acceso de la apropiación. Desde una mirada no tecnófila, concebimos al acceso a las tic como un aspecto que implica hondas diferencias e implicancias sociales y culturales dado a que no todos pueden disponer y utilizar dispositivos tecnológicos, ni realizarlo de similares formas.

En tanto, comprendemos la apropiación como un proceso de comprensión y autocomprensión mediante el cual los sujetos adaptan las tecnologías a sus vidas, otorgándoles determinados sentidos, lo cual está condicionado por sus entornos sociohistóricos.

Paralelamente, remarcamos el carácter de web 2.0 como un espacio potencial de interacción, comunicación y participación mancomunada de los denominados prosumidores (2), pero que en sí misma no garantiza estas prácticas. En este marco, la apropiación cuenta con un potencial particular, muy diferente al mero uso, ya que el prosumidor puede resolver problemas, promover fines propios, comunitarios, o en este caso, generacionales.

Así, gobierna la impresión de que la apropiación que los mayores entrevistados hacen de la pc, se adecúa a los usos sociales más extendidos y no se efectúa una apropiación crítica tal como se pretende inculcar desde los talleres a los que asisten, donde se busca la utilización de la web desde la participación ciudadana y el periodismo.

Sin embargo, esto no implica una minimización de su práctica. Las personas de edad consultadas se apropian de la web con las motivaciones ya descriptas en el acceso: asisten a esos espacios de aprendizaje buscando competencias tecnológicas muy concretas que les permitan su auto reconocimiento como sujetos activos y su anclaje en nuevas redes y espacios de pares de pertenencia post jubilación.

Finalmente, nuestro tercer objetivo buscaba establecer una comparación entre los distintos grupos las representaciones y prácticas socioculturales acerca del acceso y apropiación de la web. Al cotejar las distintas sistematizaciones respecto a las representaciones y prácticas de los sujetos, las principales diferencias no surgieron por sus pertenencias socioculturales, territoriales o grupales, como eran los preconceptos al inicio del proceso. Por el contrario, se halló una marcada diferencia de género en cuanto a las conceptualizaciones sobre el acceso y apropiación a las tic.

Una gran parte de relatos femeninos señalaba que sus vidas habían sido marcadas por un mandato social y cultural y, en contrapartida, reconocían que con la llegada de la tercera edad se les abrió un tiempo para superarse, liberarse. En este marco de cambios subjetivos muy profundos, ubican sus motivaciones y prácticas por querer acceder y apropiarse de las redes.

Por su parte, los hombres no demuestran este cambio subjetivo, sino que simplemente se vinculan a las tic de acuerdo a las competencias que les interesan en el marco de sus contextos inmediatos, generalmente relacionados a fines particulares como trámites, trabajo o intereses culturales.


Reflexiones finales

Esta investigación partió desde dos grandes hipótesis que señalaban que las representaciones y prácticas que los adultos han forjado sobre las tic:
-Se vinculan a diversos factores, como la necesidad de sociabilidad, una búsqueda de sentimiento de pertenencia y el establecimiento de nuevas áreas de conocimiento y entretenimiento.
-Dan cuenta de la ruptura de prejuicios y adopción de cambios subjetivos y sociales que forman parte del paradigma del envejecimiento activo.

Luego de haber transcurrido el proceso de investigación, se puede afirmar que si bien estas ideas fueron confirmadas, las conclusiones abordadas han permitido su complejización.
Es cierto que, de alguna manera, las 71 personas encuestadas buscaban en la web nuevos lazos sociales, entretenerse, como se pensó inicialmente; sin embargo, se vio que no para todos implicaba subjetivamente lo mismo, en especial, marcándose esta diferencia entre varones y mujeres.

En este sentido, es necesario destacar los alcances y limitaciones de este trabajo que se basó en un grupo urbano reducido y escasamente representativo. Por el contrario, se sabe que existen una multiplicidad de vejeces, y por ende, pueden existir una multiplicidad de sentidos diferentes sobre el acceso y uso de las tic.

En cuanto a la segunda hipótesis, efectivamente se estableció que mayoritariamente la web devenía en una mediadora para sentirse activos; en oposición a una preocupación por ciertos problemas que podría traer el envejecimiento como la pérdida de la memoria u otros procesos de deterioro cognitivo.

Pero, es necesario problematizar y discutir este punto, bajo el marco de la gerontología crítica que mencionábamos en nuestras aproximaciones teóricas, en tanto perspectiva teórica que se construye sobre las bases de la economía política y miradas humanistas y biográficas. Así, si los primeros estudios sobre la vejez han sido objeto de interés casi exclusivo de las ciencias médicas y geriatría, las cuales han dotado al campo de un cariz medicalizante y biologicista, estas nuevas perspectivas incluyen debates con contenidos simbólico-culturales-psicológicos y sociales, siendo algunos de sus ejes la identidad, el género, la multiculturalidad, entre otros.

Desde esta óptica, se puede señalar que si la modernidad se caracterizó por ver el paso de los años de vida desde el deterioro físico-mental; en la actualidad discursos académicos y principalmente mercantiles buscan imponer una idea de envejecimiento exitoso, en el cual rigen lógicas de competencia y productividad.

«La principal crítica que ha recaído sobre el término envejecimiento exitoso y sus dimensiones específicas, muy pertinente a nuestro ver, es la de que puede favorecer la estigmatización de las personas que no alcancen el ideal de envejecer bien. Se trata aquí de evitar el frágil teorema de que si el individuo es el responsable por la gestión de su envejecimiento con éxito, también lo será cuando no alcance el intento» (Brigeiro, 2005: 102-109).

Así, si bien se reconoce la ruptura generacional que realizan los mayores al acceder y apropiarse de la web, demostrando así una vejez positiva y su propia pugna por reconocerse desde el paradigma activo, cabe preguntarse -desde estas miradas- si las representaciones y prácticas que se han recabado también pueden verse condicionadas por un imaginario social que sigue tratando de esconder lo viejo y resaltar lo joven.

Estas incipientes reflexiones abren nuevos enfoques y miradas sobre el tema y nos comprometen a una indagación con mayor profundidad en pos del desafío adoptado desde diferentes ámbitos y disciplinas (como es el caso de la comunicación/educación) para apuntar hacia el empoderamiento de los mayores, su reconocimiento y desempeño en el marco de la mayor autonomía lograda de acuerdo a sus posibilidades bio-psico-sociales y culturales.

Notas

(1)Las citas son fragmentos textuales extraídos de los relatos realizados por los participantes de los talleres en el marco de los grupos de discusión.

(2)Este término es acuñado inicialmente en Toffler (1980), aunque en los últimos años es retomado por varios teóricos, al ver que en la Web 2.0 categorías unívocas como receptores o usuarios quedaban desbordadas. De forma superadora, prosumidores da cuenta de la capacidad potencial de consumir o leer de la web, pero también de escribir, producir, crear.

Bibliografía

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* Beca Estímulo a las Vocaciones Científicas (EVC) – CIN Convocatoria 2012: “Mayores en la Web: representaciones y prácticas socioculturales sobre su acceso y apropiación”. Director: Carlos José Giordano. Co-director: Adriana Patricia Frávega. Facultad de Periodismo y Comunicación Social. UNLP