Gabriel Lamanna y otros




Tratamiento informativo de los conflictos bélicos*


Contenido
¿La historia se repite?
La opinión pública como botín rentable
La CNN, protagonista exclusiva de la guerra
La Teoría Funcionalista y la Teoría Crítica
Un enfoque doblemente “crítico” La Segunda Guerra del Golfo en un contexto globalizado
La Segunda Guerra del Golfo en un contexto globalizado
Reflexiones finales
Bibliografía
Notas
           
Palabras clave
Información – conflictos bélicos – medios de comunicación – opinión pública

¿La historia se repite?

Como sabemos, el monopolio informativo desplegado por la cadena de noticias estadounidense CNN en la Primera Guerra del Golfo Pérsico fue tan poderoso como el ataque bélico mismo. Y si bien la enorme concentración mediática pareció ser un suceso tan novedoso que no permitió encontrar fenómenos similares a primera vista (siempre desde el accionar periodístico ejercido por medios masivos de información exclusivamente de países democráticos), si nos remontamos en el tiempo podemos hallar algunas semejanzas con la Guerra de la Independencia de Cuba en la cual estuvieron involucrados España y los Estados Unidos de América.

Allá por 1895, cuando comenzaron las primeras insurrecciones en la isla que era territorio colonial español, dos gigantes de la prensa norteamericana se involucraron manifiestamente en el conflicto que finalmente estalló con el confuso hundimiento del acorazado estadounidense “Maine”, fondeado en aguas cubanas, que dejó más de 260 víctimas fatales.

A partir de ese trágico suceso, el gobierno del presidente William Mc Kinley (que inicialmente tenía el único objetivo de evacuar a los ciudadanos norteamericanos que se hallaban en Cuba, sin siquiera contemplar la posibilidad de una guerra con el país ibérico) quedó obligado a declarar la guerra. A ello contribuyó la amplia y tergiversada difusión periodística por parte de Joseph Pulitzer y William Hearst, dueños del New York World y del New York Journal, respectivamente.

Por aquellos tiempos, estos dos magnates de la prensa acaparaban a la opinión pública norteamericana con un poder desmesurado de manipulación. Tan es así, que numerosos estudiosos coinciden en señalar que la Guerra de la Independencia de Cuba estalló a causa del accionar de Pulitzer y Hearst, quienes perseguían el único objetivo de aumentar al máximo la venta de sus periódicos para ganar tanto poder económico como influencia política.

A partir de entonces, el periódico New York Press -que no poseía peso alguno- creó el término “periodismo amarillo” para esos dos gigantes que compartían al exitoso personaje “The Yellow Kid” en sus páginas. Desde ese momento y hasta nuestros días, la “prensa amarilla” es sinónimo de sensacionalismo.

Ahora bien, una vez recordada esta historia, ¿acaso no podríamos entablar un cierto paralelismo entre el poder y el accionar de Pulitzer y Hearst con el de la CNN?

Probablemente sí, y más aún si tenemos en cuenta las declaraciones de Tom Johnson, publicadas en las ediciones on line y en papel del día 1° de febrero del año 1993 en el diario El País, de España:

La guerra del Golfo ha supuesto el despegue absoluto para la CNN. Desde entonces no hemos parado de subir y subir. En audiencia y en suscripciones. Cuando comenzaron los bombardeos sobre Bagdad, en enero de 1991, teníamos un gran equipo en la ciudad y logramos retransmitir en directo los primeros ataques, llevarlos a todos los rincones del mundo. Después, Peter Arnett fue el único periodista norteamericano en Bagdad durante muchas semanas. Esto y la cobertura general de la guerra nos dieron un enorme prestigio internacional. Demostramos ser lo que decimos ser: una televisión global. Nos ganamos el respeto de todos por nuestra fiabilidad, rigor y honestidad al tratar los temas y por la calidad de nuestro trabajo. Siempre damos los dos puntos de vista. No tomamos partido, pues nosotros no hacemos editoriales. Por eso estamos en Bagdad otra vez, sin problema alguno.
Antes de la guerra emitíamos en 102 países y territorios. Hoy lo hacemos en 200. Nuestra señal llega a más de 100 millones de hogares en todo el mundo. Sólo algunas zonas del norte de Siberia, Nueva Zelanda, el sur de la Patagonia argentina, Tierra de Fuego en Chile, el oeste de Brasil o Groenlandia no reciben aún la CNN. El número de suscripciones particulares y de hoteles se ha multiplicado. Estamos en todas las ofertas de cable porque la demanda así lo exige. La CNN es hoy un gran negocio desde el punto de vista económico. (Lobo, 1993)

Cabe recordar que Tom Johnson, de 51 años, republicano y conservador, es el hombre que dirige la primera cadena de televisión del mundo y pasó de la dirección del diario Los Angeles Times a la presidencia de la CNN el 1° de agosto de 1990, un día antes de que Irak invadiera Kuwait.

Desde lo visual, quizás el periodismo estadounidense también haya sido el primero en posicionarse respecto de la cobertura de conflictos bélicos. Así lo expresa Gustavo Tomassi:

La Revolución Mexicana de 1911 fue el primer registro bélico de la epopeya que el New York Tribune criticó como el más notable jamás realizado. La Mutual Film Corporation llegó al norte mexicano para sellar un contrato con Pancho Villa a cambio de filmar sus hazañas. Con un anticipo de 25.000 dólares y la promesa de repartir por mitades las ganancias de la proyección de su vida, comprometía al General a respetar una cláusula de la Corporation que establecía: todo ataque o batalla debía ser de 9 a 17 horas, para que la luz diurna permitiese filmar a las cámaras de antaño.
Francis Collins testigo de aquello comentó que una vez los hombres de Villa soportaron el fuego enemigo sin responder hasta que las tropas enemigas, que avanzaban, entraron en el radio que podía captar la cámara de Burrud. Sólo entonces, el camarógrafo de la Mutual Film dio la señal de ataque y empezó a girar la manivela de su máquina. (Tomassi, 2002)                                                                                                                

La opinión pública como botín rentable                                                                   

El 17 de enero de 1991 no sólo marcaría el comienzo de la denominada Operación Tormenta del Desierto, con el ataque de las fuerzas aliadas -comandadas por Estados Unidos de América- a Bagdad; sino que por primera vez un gigante periodístico, ya a escala mundial, tendría la posibilidad exclusiva de narrar y mostrar lo que ocurriría en el transcurso de la Primera Guerra del Golfo.

Pero, ¿por qué solamente la CNN obtuvo ese “privilegio” de acaparar a la opinión pública mundial? Heriberto Muraro ha planteado en uno de sus tantos ensayos los diferentes tipos de interacciones que se establecen entre los periodistas, los políticos y los ciudadanos. Allí expone que entre los dos primeros grupos pueden observarse tres modelos fácilmente distinguibles de relaciones: las de cooperación, las de competencia y las de colusión; no obstante, estas relaciones pueden darse tanto en forma pura, como ensamblada e inclusive pueden mutar o alternarse vertiginosamente ante cualquier suceso imprevisto.
Pero, más allá del tipo de relación que se establezca, los políticos (tanto los que se hallan en el gobierno como los de la oposición) y los periodistas (que representan a los medios masivos de información) siempre persiguen un mismo objetivo: ganarse el reconocimiento de la opinión pública.

Quienes alcanzan esa meta tienen su premio. En el caso de los políticos, es el acceso al poder o la conservación del mismo (siempre refiriéndonos a regímenes democráticos en donde el sufragio adquiere singular relevancia y se torna determinante). Y en el caso de los periodistas, el trofeo está dado por la confianza de la gente que reconoce como verdades todos sus trabajos al ver confirmadas en hechos los dichos que surgieron desde los medios informativos. Por supuesto, que el aumento de credibilidad redunda en forma directamente proporcional en un incremento de las ganancias económicas para esos medios (crecen las ventas de los diferentes productos, sube el número de lectores, suscriptores, oyentes, televidentes, etcétera). Y esto, a su vez, deriva también en un mayor poder para las empresas periodísticas; a tal punto que en muchos países del mundo los gobiernos deben pensar detenidamente sus decisiones políticas para no echarse en su contra a los medios informativos y, por ende, a la opinión pública en general y a los grandes grupos económicos.

Hecho este análisis, se torna evidente que la relación primigenia entre los políticos y los periodistas es la de competencia.

Sin embargo, podríamos preguntarnos si esa ha sido la relación entablada entre el gobierno del presidente George Bush y el periodismo. Y más allá de las apariencias que apoyen esa mirada, estamos en condiciones de afirmar que la relación más fuerte establecida entre ambos ha sido la de cooperación. Y en este sentido, podemos recurrir a lo que dice Heriberto Muraro: “el enfrentamiento entre el conjunto de los medios y el conjunto de la clase política es un fenómeno excepcional” (Muraro, 1997: 80).

Pero mucho más tajante ha sido en su análisis Amy Goodman en un reportaje que le efectuó el diario Crítica de Buenos Aires el 22 de octubre del 2008, donde apareció un artículo titulado “Los medios llegaron a su máxima decadencia”:

Los medios masivos de comunicación en Estados Unidos han llegado al punto más decadente de la historia. Ellos fueron los que prepararon el camino para la guerra. Actuaron como un megáfono para aquellos que están en el poder. Como una cinta transportadora de las mentiras de la administración Bush.
NBC es de General Electric, uno de los más grandes contratistas de armas militares en el mundo. Durante la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, General Electric era dueña de NBC y Westinghouse poseía CBS: General Electric y Westinghouse, dos de los más grandes fabricantes de armas nucleares del mundo. Entonces, no es ningún accidente que lo que vemos se asemeje a un show militar.
Tenés en todas las cadenas a los mismos criminales que saben tan poquito respecto de tanto, y lo entienden tan mal: y ellos son los que nos explican el mundo. Tenés los publicistas… The Wall Street Journal escribió respecto de las publicidades en CBS durante la guerra del Golfo Pérsico que los ejecutivos de la cadena estaban preocupados porque las noticias que precedían a las publicidades tenían que ser muy optimistas, porque no querían que hubiese “sangre” en la pasta de dientes. Entonces, hicieron que los periodistas asumieran un tono alentador, enérgico, respecto de la guerra, “la guerra es buena”; de otra manera, las personas tendrían una actitud negativa ante el producto que se publicitaba en la propaganda. Sí, los intereses comerciales importan muchísimo. En EE.UU., sólo tenés un manojo de estos magnates de los medios, que son los dueños de cientos de diarios, radios y televisiones. (Maldonado y Gómez Calvillo, 2008)

Es necesario aclarar que Amy Goodman conduce desde 1996 Democracy Now!, el programa de radio y televisión que se ha convertido en un fenómeno periodístico capaz de informar con admirable rigor y de ser, a la vez, financiado exclusivamente por los millones de personas que lo miran y escuchan. Se trata de un informativo internacional diario que se retransmite en más de 500 emisoras de Estados Unidos de América desde las ondas de Radio Pacífica, creada en 1949 por el pacifista Lew Hill.

La CNN, protagonista exclusiva de la guerra

En la Guerra del Golfo de 1991 se produce por primera vez en la historia bélica la aparición de un nuevo protagonista: la televisión, representada monopólicamente por la CNN, quien fue empleada por los militares norteamericanos para introducir en la opinión pública el concepto de guerra limpia (en base al empleo de armamento tecnológicamente de alto nivel de sofisticación y precisión en reemplazo de las viejas armas de destrucción masiva utilizadas en las guerras anteriores como -por ejemplo- la Segunda Guerra mundial, Corea y Vietnam), a fin de que la población concediera legitimidad a los ataques.

El gobierno de George Bush no podía correr el riesgo de otro Vietnam; por ende, adoptó todas las precauciones para crear en la opinión pública de su país una sensación de confianza en la decisión del presidente de iniciar una guerra contra Irak como “la única y última alternativa posible para preservar el bien de la humanidad”. Fue así que se propuso difundir la guerra como una acción necesaria y limpia, y para hacerlo recurrió a un novedoso aliado en los medios masivos de información, la CNN, que se transformó en la fuente oficial de difusión del Ministerio de Defensa mediante un manejo estratégico, tergiversado y hasta propagandístico de los hechos en la región mesopotámica.

Las innumerables imágenes que se expusieron sin sustento en la realidad bélica, simplemente sirvieron para construir mediáticamente la guerra. Las propias emisiones televisivas, similares a videojuegos, resultaron posteriormente cuestionadas, en contraposición con la ausencia de tomas de plenos combates.
De este modo, no fueron pocos los especialistas de todo el mundo que coincidieron en afirmar que la Primera Guerra del Golfo no fue una contienda televisada, y si lo fue, se convirtió en la menos televisada desde la existencia de la televisión. Y también compartieron la idea de que la contienda sirvió para mostrar el gigantesco laboratorio para los ensayos de armamentos sofisticados y el gran poder que tienen los medios masivos de información para manipular los hechos que revelan al mundo entero. Así lo explica el periodista e investigador Roberto Suárez Candel:

Nos encontramos con una novedad sustancial: si en Corea y en Vietnam la televisión había jugado el rol de transmisor de los hechos, en la Guerra del Golfo, la televisión, como medio informativo, genera/crea el mensaje. La imagen del Golfo es una imagen totalmente controlada, manipulada y filtrada. Es una imagen puesta al servicio del ejército como herramienta para expiar los fracasos del pasado, y puesta al servicio del Estado para controlar la opinión pública y seguir todo tipo de estrategias políticas nacionales e internacionales, económicas, etc. El Golfo fue utilizado para borrar el fantasma de Vietnam de forma real. Algunas películas ya habían intentado crear tramas con el ejército protagonista. Eran historias triunfales, llenas de recursos tecnológicos y espectacularidad que pretendían dar al espectador una visión renovada del aparato militar. El ejército se presenta como un cuerpo al servicio de la sociedad, la libertad y la democracia en el que un hombre se descubre a sí mismo, se supera gracias al sacrificio y consigue llegar a ser el mejor tras este duro proceso. La tecnología de precisión es el nuevo baluarte que sustituye a las armas de destrucción masiva de antaño. Se trata de hacer una guerra 'limpia'.

Todos estos conceptos que habían intentado ser plasmados en la pantalla de los cines, adquieren veracidad y realismo gracias al conflicto del Golfo. Las retransmisiones nos ofrecen una guerra sin sangre, distante, tecnológica y de estética postmoderna. Se ofrece la guerra como algo necesario.

Se produce un efecto contrario a Vietnam en los medios:


Fase I
Punto de Inflexión
Fase II
Vietnam
Apoyo
Batalla de Tate
Rechazo / Crítica
Golfo
Se cuestiona su necesidad
Inicio combates (retransmisión)
Se ve como necesaria

La Guerra del Golfo debe entenderse como un fenómeno informativo global. Es un motor/generador de información. Debemos percatarnos de que la guerra en sí no es noticia. Lo que resulta novedoso, noticiable y espectacular es su representación mediática. El conflicto del Golfo se utilizó para rellenar programación. Es un gran escaparate de los últimos avances tecnológicos militares del país, con lo que se enfatiza el patriotismo. Además, la voz cantante tanto en el campo de batalla como en el tema de las telecomunicaciones y la información lo lleva Estados Unidos. Esto le permite crear una especie de diégesis sobre la propia realidad que le otorga el liderazgo mundial. En este caso, a diferencia de Vietnam, el Estado ha aprendido a explotar la funcionalidad de los medios (Suárez Candel, s/f).

La Teoría Funcionalista y la Teoría Crítica

En relación con el final del último párrafo, vale recordar que en el campo de la comunicación, la Teoría Funcionalista nació a principios del siglo pasado con la obra de Harold Lasswell, World Politics and Personal Insecurity y Propaganda and Promotional Activities. Pero se enriqueció con innumerables aportes como los de Paul Lazarsfeld, Robert Merton, Charles Wright y Marshall Mc Luhan, entre otros.
De acuerdo con la Teoría Funcionalista, los medios de comunicación entendidos como emisores de información, siempre tienen la intención de obtener un efecto sobre el receptor, es decir, se intenta persuadir a los espectadores. Para conseguirlo se formulan las siguientes preguntas: quién, dice qué, a quién, a través de qué medio y con qué efecto.

Por su parte, los receptores tienen un conjunto de necesidades que los medios deben satisfacer. La función de esta institución tiene tres niveles. Por un lado se estandarizan los fenómenos sociales. Además esclarece las condiciones de los modos de vida y, por último, analiza las funciones de las operaciones repetidas dentro de una sociedad.

Respecto de la influencia de los medios de comunicación en la sociedad, la Teoría Funcionalista afirma que los medios son utilizados por el Estado (el Gobierno) para vigilar el entorno, controlarlo y para transmitir la herencia social, antes transmitida mediante la educación. Los medios de comunicación social son desde esta perspectiva un subsistema dentro del sistema social.

Robert Merton postuló en un análisis detallado que los medios de comunicación son un agente de socialización que contribuye con el equilibrio del sistema social, con la satisfacción de las necesidades sociales y con la interdependencia institucional.

A esta visión se sumó Paul Lazarsfeld y entre ambos concluyeron que los medios de comunicación cumplen las funciones primordiales de: Alertar a los ciudadanos sobre amenazas o peligros. Proporcionar los instrumentos necesarios a los ciudadanos para la realización de actividades cotidianas. Influir en aquellos ciudadanos que se someten a la necesidad y el valor de estar bien informados (entender el mensaje en gran parte a través del Receptor). Atribuir status/prestigio a personas que son objeto de atención de los medios.

A esta altura, se torna muy evidente que el comportamiento de la CNN en la Guerra iniciada en 1991 encaja perfectamente en el esquema de la Teoría Funcionalista.

Por supuesto que si analizamos la Teoría Funcionalista teniendo en cuenta sólo nuestros días, se torna completamente deplorable desde el punto de vista de la comunicación y del periodismo en sí.
No obstante, y más allá del carácter negativo que sin duda reviste, es preciso aclarar la validez que ha tenido en sus orígenes, cuando los estudiosos de aquellos tiempos (influenciados por la anterior Teoría Conductista) desarrollaron un marco de análisis a partir de la situación de su propio país, el cual ya poseía dos cualidades prácticamente inigualables hacia mediados del siglo XX: contar con la ecomomía más poderosa del mundo y la democracia más estable de todos los países.

Como contrapartida, otros autores -impulsados por Max Horkheimer, Theodor Adorno y Herbert Marcuse- adoptaron una posición antagónica a la de los mencionados precedentemente y promovieron el surgimiento de la Teoría Crítica que sucintamente señalaba que los medios masivos de comunicación servían a los gobiernos como herramienta para manipular, masificar y controlar a los ciudadanos.

Si bien la Teoría Crítica se opuso firmemente a la Funcionalista en los Estados Unidos de América, es necesario recordar que surgió en Frankfurt, Alemania, en la década del '20 (casi un siglo atrás). Y que muchos de los pensadores que la enriquecieron debieron huir a suelo norteamericano con el advenimiento del nazismo.

Pero el carácter crítico de la Teoría también tuvo un sustento que la impulsó a crecer: los regímenes totalitarios y autoritarios que dominaban Europa, principalmente Alemania (Adolf Hitler), Italia (Benito Mussolini) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Joseph Stalin). En todos ellos, los medios masivos de comunicación eran empleados para dominar a los individuos. Una situación muy similar atravesaba Irak -liderada por Saddam Hussein-cuando se desató la Primera Guerra del Golfo.

Un enfoque doblemente “crítico”

Sin embargo, podemos sumar aquí un análisis distinto acerca del rol que cumplieron los medios masivos de información (la CNN). De este modo, es necesario que nos preguntemos si en el conflicto de 1991 ambos bandos contendientes aplicaban sólo una de las teorías de las mencionadas anteriormente: la Crítica.

Porque ¿cuán diferente fue el accionar del periodismo norteamericano en Irak en comparación con los medios de este último país? Seguramente la diferencia fue ínfima respecto del uso que ambos gobiernos hicieron de los medios masivos de información, especialmente, a la hora de tratar de influir a la opinión pública tanto en sus propios países como así también a nivel internacional.

Según el profesor Charles Moskso de la Northwestwern University, Illinois, la guerra del Golfo mostró cómo los militares norteamericanos pudieron controlar fácilmente las comunicaciones, pero también les dejó en claro que ahora la prensa contaba con mayor poder tecnológico y que podían incluso llegar por sus propios medios a cubrir el frente, cosa que hicieron los corresponsales extranjeros. Supuestamente, la opinión pública accedió a más información en vivo y en directo, pero estaba manejada por el control que ahora ejercieron las autoridades. En esta guerra, más que censura, hubo una manipulación fuerte de los medios de comunicación, al negársele a la prensa el acceso a las fuentes, hasta que el gobierno obtuviera el respaldo de la opinión pública.
Desde la guerra del Vietnam, los norteamericanos se dieron cuenta que los enemigos no estaban sólo en el frente y que obtener el apoyo de la opinión pública debía ser considerado un objetivo de guerra […]. La experiencia de EE.UU. en Vietnam marcó un hito para las relaciones prensa-gobierno porque éste, a raíz del resultado obtenido se dio cuenta que en tiempos de guerra no se podía mantener incólume el régimen libertario de la misma. Se instauró una estructura de propaganda y las relaciones Prensa-Fuerzas Armadas se vieron afectadas. Se creó la Comisión Siddle que recomendó que en el futuro, las guerras debían cubrirse por pools de noticias y el producto noticioso de cualquier miembro del pool fuera de propiedad de todas las organizaciones acreditadas que cubrieran la guerra.
En la guerra del Golfo (1991), se aplicaron otras medidas a demás de la del pool noticioso. El Departamento de Defensa elaboró una lista de limitaciones para los periodistas, tales como prohibición sobre el número de soldados, navíos, aviones, armamentos, número de heridos, todas las historias reporteadas deberían ser revisadas por personal militar. Como consecuencia inmediata, casi todas las cadenas trasmitían las mismas imágenes cedidas por el Pentágono. Sólo 126 periodistas fueron autorizados para cubrir la guerra, que ahora se daba en un contexto de mayor sofisticación tecnológica y sobresaturación de información y de medios. Pero más de 800 corresponsales se aventuraron solos en su labor sorteando las trabas y llegando a lugares claves. Para el Departamento de Defensa, lo que se hizo no fue una censura sino una revisión de seguridad. Las medidas adoptadas en la Operación Tormenta del Desierto apuntaban a que no sucediera lo de Vietnam, esto es, que la prensa no minara la moral norteamericana y no volcara en contra a la opinión pública. En pos de este último objetivo, los altos mandos emitían comunicados de prensa permanentes y se escogieron cuidadosamente voceros para informar diariamente a la opinión pública. En igual forma, se recurrió a la desinformación, entregando falsos antecedentes o introduciendo en la información elementos de opinión o críticas sin fundamento. Así por ejemplo, tropas aliadas realizaron maniobras de entrenamiento en el golfo de Omán. Estos movimientos tácticos dieron la impresión a los iraquíes de que efectivamente se preparaba un ataque por esa zona, lo que no ocurrió, pero los periodistas trasmitieron lo que presenciaban.
Irak por su parte, también recurrió a la manipulación: Saddam Hussein prohibió la cobertura por televisión para evitar que el pueblo se viera expuesto a lo que sucedía en el frente y a las noticias occidentales. Los iraquíes sólo se enteraban de los daños que provocaba el “satánico Bush” y los “infieles occidentales” (técnica de demonizar al enemigo); el mismo Hussein se dejó filmar en amena charla con sus “huéspedes occidentales” para mostrarse al mundo como un “hombre de diálogo y pacífico”. Una de las peculiaridades de esta guerra es que la estrategia militar se pensó en relación a la cobertura televisiva, a través de la utilización del sistema video news release, edición de imágenes positivas de la guerra, realizada por una empresa norteamericana que se ofrecía a la venta, con imágenes únicas de Kuwait ocupado. El material era bueno y gustaba al público, siendo todo un éxito.
Las encuestas también influyeron en las estrategias de la guerra: al inicio del conflicto la opinión pública norteamericana era más bien reticente a la idea de la guerra. El 22 de noviembre de 1990, los resultados de un sondeo revelaron que ellos apoyarían la intervención si se trataba de detener una bomba nuclear de Irak. Poco tiempo después, Bush anunció que Saddam estaba en condiciones de tener una bomba nuclear propia en unos cuantos meses más, lo que hizo subir el índice de aprobación a la guerra. (Neghme Echeverría, 2004: 3 y4)

La Segunda Guerra del Golfo en un contexto globalizado

A diferencia de lo que ocurrió en la Operación Tormenta del Desierto, la Segunda Guerra del Golfo se desató en un escenario globalizado, donde los límites geográficos de la información se ampliaron sustancialmente. Allí Internet rompió por primera vez las fronteras y la Web se transformó en la protagonista mediática del nuevo siglo en detrimento del monopolio televisivo de los conflictos bélicos precedentes.

A partir de ese momento una amplia cobertura de la prensa, de la Web y de los medios alternativos provenientes del mundo árabe provocaron un cambio radical respecto de la opinión pública mundial que expresó severas contraposiciones con la de los norteamericanos, que mantuvieron y acrecentaron su apoyo inicial después del ataque del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas. Desde una provocación puntual, se basó el presidente George Bush (h) para conceder la legitimidad indispensable para iniciar una acción liberalizadora para el pueblo iraquí.

Desde entonces, el gobierno americano aprovechó para reformular su Doctrina de Seguridad Mundial, a fin de detener al terrorismo internacional como una amenaza real tanto para los Estados Unidos como para el resto de los países occidentales. Asimismo, subió al grupo del peligro a otros dos enemigos: Irán y Corea del Norte.

Y si bien, este replanteo acerca del peligroso fundamentalismo musulmán fue aceptado nuevamente por la opinión pública norteamericana; los países de Europa, América Latina y muchos Estados de Asia (con una gran presencia de musulmanes, pero no necesariamente fundamentalistas), no demostraron el mismo grado de aceptación hacia las decisiones adoptadas por George Bush (h).

Así, por ejemplo, para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hasta la mayor parte de los gobiernos europeos (excepto los de Gran Bretaña y de España), de China, y de casi todos los países de América Latina, su acción ha carecido de legitimidad en el plano internacional, al no haberse iniciado la guerra con la aprobación de dicho Consejo y posteriormente haberse comprobado la inexistencia de armas de destrucción masiva en territorio iraquí. A raíz de ello, la prensa internacional en lugar de referirse a la liberación ha utilizado el término invasión norteamericana a Irak. Es en este sentido, los medios de comunicación han contribuido a profundizar esta imagen, al reforzar el sentimiento antiestadounidense existente en la comunidad internacional.

Pero aún con la globalización, que haya habido más medios no significó una mejor información; es más, otra vez hubo desinformación y maniobras de manipulación. Así, hubo periodistas enquistados, autorizados por el gobierno americano para ir al campo de batalla con los soldados estadounidenses, pero cuyas informaciones debían ser revisadas por los militares, de acuerdo a las normas mínimas que ya se habían aplicado en la Primera Guerra del Golfo.

Y más aún, el gobierno norteamericano no sólo tuvo restricciones hacia los medios de su país, sino que además intervino la cadena árabe Al Jazzera y su sitio Web en inglés, debido a las transmisiones que mostraban a soldados británicos y americanos muertos en Irak. Diversos sitios en internet fueron creados para trasmitir informaciones alternativas y contrarias a los puntos de vista de los Estados Unidos de América, pero todo desembocó en informaciones contradictorias que terminaron confundiendo aún más a la opinión pública, debilitando la credibilidad de las cadenas y sitios Web internacionales.

Pero así como los medios norteamericanos fueron objeto de estas manipulaciones, lo mismo ocurrió con los musulmanes. Al Jazzera recibió imágenes que a Hussein le interesaba difundir, lo que convirtió a esta agencia noticiosa en cierta forma en un órgano de propaganda y el hecho que esta cadena haya mostrado las bajas norteamericanas, apuntó a quebrar la moral de los combatientes y la de la opinión pública del mundo occidental.

Finalmente, tanto la CNN como la Al Jazzera resultaron vencedores en cuanto a sus respectivas finanzas, altamente beneficiadas por sus patrocinadores. La CNN terminó instaurando el nuevo concepto de “guerra limpia” y Al Jazzera exaltando el antiguo -pero aún vigente- “sensacionalismo”.

Reflexiones finales

Resultó evidente que a la imagen parcial de la guerra se añadieron imágenes ficticias que sustituyeron la mismísima contienda bélica, a veces inexistente. Así, la imagen que se difundió sobre la guerra prostituyendo la realidad se transformó en la guerra para los telespectadores y los ciudadanos. La imagen televisiva llegó a los ojos de los receptores coaccionando su visión de los hechos y violentando su capacidad para asumir la realidad tal cual es.

En este sentido, al no tener acceso directo al escenario de los hechos, los telespectadores contemplaron a los personajes en litigio, las controversias descriptas, los mecanismos establecidos como salida a esos problemas y, por último el resultado final de las contiendas.

Si bien la mentira -usada como arma de propaganda- no fue novedosa, los medios audiovisuales jugaron un papel amplificador crucial. De esta manera, la búsqueda de la verdad se transformó en una labor utópica para los periodistas jaqueados por los intereses de las empresas que contaron con sus servicios.


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Wolf, Mauro. La investigación de las comunicaciones de masas, Editorial Paidós, Barcelona, 1987.


Notas

* Tratamiento de la información de los diarios Clarín y La Nación en los conflictos bélicos. Teniendo en cuenta la guerra del golfo 1991 y la guerra de Irak 2003, Proyecto 11/P165, enmarcado en el Programa de Incentivos del Ministerio de Educación de la Nación en el período 2009/2010. Director: Miguel Mendoza Padilla. Co-director: Flavio Peresson. Integrantes: Laura Carolina Pellegrino, Andrés López, Luís Héctor Amaranto, Leandro De Felippis, Sergio Antonucci, Claudia Jofre, Pablo Torello, Sergio Matamala, Mauricio D'Alessandro, Federico Vazza. Colaboradores en la redacción del artículo: Laura Pellegrino.