Ana Victoria Garis




Sobre la mediatización de las confesiones*
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GARIS, Ana Victoria: “Sobre la mediatización de las confesiones”, en Anuario de investigaciones 2012, La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 2013.





Este trabajo se presenta como uno de los últimos eslabones en una vasta historia que vengo construyendo a través del estudio del consultorio sentimental. Este género posee gran valor analítico pues se trata de un fragmento de la discursividad mediática propia del Siglo XX y parte del XXI que apunta a la regulación de las conductas ligadas a la intimidad de los individuos.

Vale decir en primer término que uno de los principales modos del decir presentes en el género está vinculado a la confesión, práctica que tiene una larga historia. Podemos indicar brevemente que desde la Edad Media la sociedad occidental coloca a la confesión entre los mayores rituales de los cuales se espera la producción de la verdad. La reglamentación del sacramento de la penitencia como obligatorio en el Concilio de Letrán en 1215 y el desarrollo de las técnicas de confesión a través de los manuales de confesores difunden la confesión creando para amplios sectores sociales de un “espacio para hablar” desconocido hasta entonces. En esos manuales se delinean las técnicas de un auto-escrutinio y se elaboran las fórmulas de representación del yo en las que durante la confesión el penitente debe insertarse. La confesión se transforma con la aparición del Protestantismo en la Contrarreforma y se inscribe fuertemente en  la pedagogía del siglo XVIII. A partir del siglo IXX la confesión se difunde en la medicina, la justicia y en las relaciones. Al integrarse la técnica de la confesión a la ciencia, se descifra lo confesado en términos de síndromes y síntomas, adjudicándole al sexo capacidad de curar y de enfermar.

En tal sentido, Foucault (1977) señala que a partir del siglo XVII  puede encontrarse una proliferación de la confesión en los discursos sobre el sexo. Con ello se opone a la “hipótesis represiva” que supone que la sexualidad ha tendido a ser reprimida en la modernidad por la burguesía. Podemos decir que a partir de allí se abre toda una maquinaria para lograr que el otro se confiese, lo que convierte a la sociedad occidental en una sociedad  particularmente confesante.

Por otra parte, la conflictiva relación entre lo público y lo privado, ha sido un punto nodal en una perspectiva historiográfica relativamente nueva, cuyos principales referentes han sido Aries y Duby(1987) con la célebre colección Historia de la vida privada, orientada a explicar los cambios que en diversas épocas afectaron a la noción y los aspectos de lo privado. Desde aquí se abre un amplio abanico temático que indaga sobre las representaciones sociales del amor, la pareja, la sexualidad, la familia, el honor o el gusto, en la búsqueda de explicar sus transformaciones en el tiempo. Al respecto se pueden citar capítulos como “Cuerpos y corazones” (Knibiehler, 1993), “Sexualidades peligrosas” (Walkowitz, 1993), “Mujeres solas” (Dauphin, 1993), entre otros, que versan sobre la historia de las relaciones entre los sexos, lo permitido-no permitido, lo decible y lo no-decible, considerando al cuerpo, al “corazón” y la sexualidad como cuestiones que atraviesan todos los aspectos de la vida social. En esos textos se demuestra como la pareja se convierte en uno de los problemas capitales de la sociedad occidental del siglo XIX, que afecta todos los medios y desborda ampliamente el dominio de la vida privada. De hecho, la relación entre “cuerpos y corazones”, entre lo físico y lo moral es una cuestión incierta que preocupa tanto a los médicos como a la sociedad en general. A raíz del surgimiento de nuevas reglas en el intercambio amoroso a fines del Siglo XVIII (en cuya genealogía inciden multiplicidad de factores culturales y económicos) se observa la aparición de toda una enseñanza dirigida al adoctrinamiento femenino en lo referido a su trato con el sexo opuesto. En este momento a la par de la “Educación Virginal”- cuyo fin era procurar la virginidad de las muchachas hasta el casamiento cuya responsable exclusiva era la madre - se da el auge de manuales de buena conducta, que indican como comportarse en los sitios públicos donde se puede tener contacto con el sexo opuesto.

Veamos como se inserta el consultorio sentimental en este contexto.
La prehistoria del género:

A partir de la primera década del siglo XX en publicaciones de interés general se observa la aparición de espacios de confesión y consejo. Estas secciones previas a la aparición del consultorio sentimental son espacios mediáticos diseñados exclusivamente para la manifestación de problemáticas privadas y poseen características similares: los lectores exponen sus problemas sentimentales y piden consejos al respecto a los demás lectores. También se encuentran en éstas secciones la declaración pública de amor, rencor o despecho hacia otra persona. De esta manera se configura un sitio en el que, a modo de foro, los lectores exponen sus problemas e intercambian consejos referidos a conflictos amorosos. En estos espacios inaugurales la confidencia se convierte en protagonista. Este modo de decir implica la revelación hecha a alguien en forma reservada de un secreto o de algo que hasta el momento se ha mantenido oculto, por lo que la confesión instituye un vínculo entre los lectores que gira en torno al secreto y su revelación.

El cuerpo textual de las secciones antecesoras se completa con las “Encuestas. Este espacio introduce una diferencia ya que aquí el medio toma la palabra e interviene planteando interrogantes como ¿Qué le falta a usted para creerse del todo feliz? ¿Por qué no se casa usted?

El medio toma la palabra para cederla nuevamente al lector, de este modo se transforma en un organizador de las opiniones del público, garantizándole el protagonismo de la sección. Veremos reaparecer esta modalidad de modo categórico en la actualidad.

Como hemos visto, en las secciones que conforman la “prehistoria” del consultorio sentimental se introduce en el medio gráfico la declaración de amor pública, la exposición de las desdichas amorosas y los consejos sobre los dilemas románticos como asuntos que recortan la cuestión sentimental y la estructuran como eje temático de estos nuevos espacios. Conviven aquí las confidencias de los lectores, las descripciones de la persona pretendida, los chismes enigmáticos acerca de los amoríos de terceros  y las respuestas a los interrogantes planteados por el medio.

Todo este fárrago de confesiones se reordena en la década del ‘20 con la aparición del consultorio sentimental.

Apogeo del consultorio sentimental

A partir de los primeros años de la década de 1920 el género se encuentra definido tal como se lo conoce en la actualidad. Vive un auge entre las décadas del ‘40 y del ’60, disminuyendo su presencia -sin llegar a desaparecer- hacia 1970. Este florecimiento se denota en la presencia de dos o más consultorios sentimentales por ejemplar estudiado como así también en la proliferación de su parodia en revistas humorísticas.

Con su estabilización como género se instala en los medios gráficos un espacio exclusivo para el tratamiento de los dilemas amorosos de particulares organizado en torno a la figura de un consejero que monopoliza la palabra y se presenta como única voz habilitada para opinar sobre los conflictos planteados en la sección. Con la aparición de esta figura regente se instaura una relación jerárquica entre los protagonistas de la escena comunicacional.

La amenaza de trasgresión a la norma social que implican los vaivenes del sentimiento amoroso configura el aspecto conflictivo de lo sentimental tratado por el género. La dimensión controvertida de lo afectivo se presenta como materia excluyente y da sentido a este género cuyo gran tema resulta ser el conflicto sentimental hijo del desajuste entre deseo individual y convención social. Esto es tratado de un modo particular: el secreto confesado le imprime al género un matiz enigmático característico que permite diferenciarlo claramente de otros espacios mediáticos que se ocupan de la temática sentimental.

En el consultorio sentimental durante este período (1920/1970) todo se hace presente de un modo velado: la identidad de los consultantes se oculta bajo el seudónimo; el conflicto se resguarda en el hermetismo codificado de las respuestas; el consejero -depositario de la confidencia- no deja ver su rostro ni puede establecer un vínculo personal con el consultante. Todos estos elementos se explican a partir de la gran paradoja que define al género: un espacio de consumo masivo destinado al tratamiento de cuestiones ligadas a la intimidad de particulares. De hecho en estos espacios los mensajes se cierran sobre sí mismos dejando afuera habitualmente a aquellos que llevan el reconocimiento de la sección sin participar de la misma. Este efecto de “hermetismo” esta propiciado por algunas características del dispositivo técnico(3) de los medios gráficos. El carácter periódico del semanario no posibilita la respuesta inmediata entre los lectores, si bien el medio construye esta suerte de ficción comunicacional de “uno a uno”, existe un impedimento basado en una característica técnica propia del medio gráfico que no admite la presencia simultánea de varias “voces”  dialogando y contestándose unas a otras en un mismo momento, como sí lo hacen otros dispositivos(4). El dispositivo gráfico dilata los tiempos del “diálogo” entre lectores propiciado por estas secciones y genera ciertos vacíos que un tercero excluído no puede llenar de sentido. Este principio de hermetismo se convertirá en una de las características principales del consultorio sentimental. Esto se verá acrecentado por la construcción retórica de las confesiones que, a partir de metáforas y alusiones eluden los temas socialmente considerados “tabú” y dan lugar a una “retórica del enigma”(5).

Hay que considerar por último que el consultorio sentimental aparece en Argentina en la década del ´20, en pleno re-acomodamiento de los estándares de corrección social que implican una estricta observación de las conductas morales. La vorágine de las corrientes inmigratorias introduce costumbres e ideas muy diferentes de las que hasta el momento regían la organización de la sociedad tradicional Argentina. El auge de este género se explica en el seno de esta sociedad que controla fuertemente su moral sexual y que teme -sobre todo luego del torbellino inmigratorio- que muchas reglas sociales desparezcan en el aire. Así, el consultorio sentimental será durante un largo período funcional a la necesidad de regular la conducta de los ciudadanos. La proliferación en los medios de este espacio destinado al tratamiento de problemas privados que pueden, sin embargo, alterar el orden público, convive con la profundización de los controles sobre la vida sexual de los argentinos a partir de la década del ´40 (especialmente luego del golpe de 1943). Tal como consigna Guy (1994), el hecho de que Perón quisiera abrir las casas de prostitución para salvar a los hombres de la homosexualidad indicaba claramente que algo había ocurrido en la sociedad, en la política y en la cultura argentina después de 1936, y la Ley de Profilaxis Social había sido identificada con el origen del problema. Los hombres habían cambiado sus hábitos y costumbres y su nuevo comportamiento preocupaba a  los políticos y a los higienistas (Guy, 1994:72). En el momento en que el consultorio sentimental vive su apogeo existe una evidente preocupación social por el andar sexual del varón y un permanente celo sobre la conducta de la mujer. Por ello no es sorprendente que simultáneo al auge del género circulen de forma masiva infinidad de textos que intentan regular la conducta de la pareja en una sociedad busca un nuevo equilibrio libidinal y debate permanentemente cuál es el deber moral de hombres y mujeres (Pujol, 1999)

El consultorio sentimental en los medios masivos actuales:

En la actualidad los espacios de consultoría sentimental ocupan un sitio destacado. Tal es así que se han reproducido “viralmente” adoptando características particulares de a acuerdo a cada emplazamiento mediático, lo que parece señalar cierta preocupación epocal sobre la inestabilidad emocional de los sujetos que acarrea consecuencias negativas a la hora de su relación con el otro.

En primer lugar vale consignar que existe un amplísimo registro de consejeros, los cuales responden a las características más variadas: los hay psicólogos, sexólogos, periodistas “especialistas en relaciones”, pastores, sacerdotes, monjas, mujeres sexys y hombres “experimentados”. Este amplio rango sin embargo no implica grandes diferencias en el despliegue argumentativo de cada consejero.

Entre los distintos consultorios se establecen diferencias insoslayables conferidas por sus emplazamientos tecnológicos. La toma directa, la posibilidad del registro de la presencia del cuerpo y la simultaneidad caracterizan los modos de intercambio en el ámbito radiofónico y en el televisivo, y marcan la diferencia con respecto a la prensa grafica. En este sentido la presencia/ausencia del cuerpo de los consejeros y aconsejados modela las características de estos espacios atravesados por la confidencia, lo que no constituye un dato menor, ya que existe en la cultura una larga historia sobre los modos de realizar ciertas revelaciones. Sin extendernos demasiado, recordemos por ejemplo el confesionario religioso donde la visión de los cuerpos es desigual entre quien confiesa y quien escucha y aconseja.

Señalemos por último algunas diferencias entre los consultorios sentimentales televisivos, gráficos y radiofónicos:

· La figura del consejero resulta de suma importancia en el consultorio sentimental gráfico y televisivo al tiempo que se desdibuja en el género radiofónico. En los dos primeros casos el asesor sentimental monopoliza el análisis y la recomendación. En el ámbito radial, en cambio, una vez hecha la consulta los demás integrantes del programa y el público opinan sobre el tema, de tal forma que aunque la palabra del especialista es tenida en cuenta, se diluye en el debate.

· En los consultorios sentimentales televisivos se presenta de forma constante la teatralización de las situaciones conflictivas planteadas y la mostración del “caso resuelto”, lo que implica un seguimiento de los conflictos y la demostración del proceso de cambio, cosa que no sucede en los consultorios sentimentales gráficos ni  radiales.

La consulta propiamente dicha, la pregunta concisa sobre un problema sentimental, se encuentra con más frecuencia en las consultas escritas y en los consultorios sentimentales televisivos. En la radio, en cambio, emerge la entrevista, donde no se toma en cuenta la consulta inicial sino que a través de un interrogatorio se configura una marcada incitación a la confesión. Aquí los intercambios adquieren caracteres particulares ya que acotan temáticamente el terreno biográfico de individuos sin notoriedad pública cuya única razón de ser entrevistados por un medio masivo se origina en un pedido de ayuda y el deseo de exposición de un conflicto al que se le supone algún punto de interés. En estos espacios radiofónicos se configura el fenómeno de la intimidad misma como espectáculo, focalizando el conocimiento de la persona entrevistada en su papel configurativo respecto de las identidades.

· En consonancia con la incitación a la confesión descripta en los consultorios sentimentales radiofónicos, dentro de los consultorios gráficos se le otorga un espacio considerable a las confidencias del público. En estos apartados no se piden consejos sino que se exponen secretos o situaciones vergonzosas que los lectores “confiesan” haber vivido. Esto se realiza siempre bajo un seudónimo, modo de denominación que se presenta como una constante en los consultorios sentimentales gráficos y radiales, no así en los televisivos donde la imagen del consultante obtura toda posibilidad de resguardo de la identidad.

· A diferencia de los consultorios sentimentales gráficos y televisivos donde las preguntas y las respuestas son concisas, en los radiales se dan dos series de relaciones: por un lado se observa la presencia de un coro de opiniones donde existe cierta simetría entre los actores de la escena comunicacional, que devienen coparticipantes de la sección en tanto no existe jerarquía que legitime el consejo de un sujeto sobre otro, sea integrante del programa u oyente, configurándose una especie de tribunal. Simultáneamente se presenta la opinión del consejero que finalmente es la que prevalece, su palabra adquiere un valor diferencial ya que es el único autorizado a explicar la génesis de los problemas y diagnosticar a los consultantes. Se configura así un tipo de interacción complementaria, un vínculo basado en la diferencia de jerarquías entre quien pide el consejo y los que opinan por un lado y aquel habilitado para brindarlo.

A partir de las características expuestas de modo muy sucinto, podemos concluir que los espacios analizados parecen inscribirse en un nuevo eslabón de la confesión occidental la cual tiene una larga historia (ver Foucault 1976, 1977; Corbin, Guerrand y Perrot 1990, entre otros) y que al parecer estaría teniendo un nuevo auge en los medios masivos de comunicación. De este modo, las secciones destinadas a aconsejar al público se convierten en un escenario privilegiado para observar la dinámica propia del ritual de la confesión y el consejo, como así también de cierto resurgimiento de la antigua práctica introspectiva de exploración y conocimiento de sí.

Internet ¿y ahora?

Tal como lo platea Verón (2012) toda respuesta acerca de lo que Internet aporta de nuevo dentro del proceso histórico de la mediatización sólo puede ser en este momento provisional. Lo que si se puede asegurar es que la W.W.W comporta una mutación en las condiciones de acceso de los actores individuales a la discursividad mediática produciendo transformaciones inéditas en las condiciones de circulación. Esta mutación tendrá múltiples consecuencias y afectará progresivamente a muchos otros aspectos de la mediatización. La consecuencia directa de esta mutación de las condiciones de acceso es la transformación de los mecanismos de creación de valor en el mercado de los medios. En el caso de los medios más clásicos, portadores de escritura, la digitalización altera profundamente las condiciones de circulación. En el caso de los medios audiovisuales, la crisis del broadcasting modifica de manera  definitiva los procesos de creación de valor (Verón, 2012:14). En esta dirección resulta interesante observar como se comporta el consultorio sentimental en Internet teniendo en cuenta que es un género nacido de los medios masivos.

En esta dirección cabe consignar que si bien el consultorio sentimental posee una considerable presencia en Internet, su presencia no es abrumadora si se lo compara con  la presencia del género en los medios masivos antes analizados. Tampoco se han hallado en el recorte realizado sitios exclusivos para el consultorio sentimental, por el contrario se lo encuentra invariablemente como una sección más en sitios vinculados a la “auto-ayuda”.Temáticamente comparte espacio con otros consultorios (de bienestar, de salud, de metafísica, etc), con secciones relacionadas a la búsqueda de pareja y en algunos casos con la ayuda de psicólogos “on line” pagos.

Estos espacios no presentan una elaboración gráfica muy sofisticada sino que exhiben características más bien básicas al respecto. Aunque su presencia resulta significativa en cuestión de cantidad, este modo de presentación los convierte en espacios “laterales” dentro de la red.

Cabe consignar asimismo que no se observa la utilización de todas las herramientas que la “Web" como dispositivo tecnológico ofrece. En este sentido, no se registra el uso de la “cámara Web” ni del “Chat” para la comunicación entre el consejero y los consultantes o los consultantes entre sí. Por el contrario se conserva un tipo de comunicación ligada a medios gráficos, se observa en las páginas web analizadas la publicación de preguntas y respuestas donde la simultaneidad no es una cuestión fundamental. El costado más utilizado del dispositivo es el relacionado con el que viabiliza la cuestión colaborativa, con la posibilidad de acceder a un foro donde una comunidad puede opinar sobre el tema expuesto.

Si bien los consultorios sentimentales analizados se presentan como espacios de consulta a cargo de un consejero, su figura parece desvanecerse. No aparece publicada su imagen y en la mayoría de los casos éste no presenta ningún título o actividad que le otorgue autoridad para opinar sobre cuestiones sentimentales ni es un personaje reconocido. Su actividad y opinión no es central como sí lo es en los consultorios sentimentales propios de los medios masivos. En Internet la presencia del consejero surge sólo como una formalidad del género. En muchas ocasiones éste asoma únicamente como un nombre, en otras oportunidades como el agente que presenta el espacio y explica las reglas temáticas y enunciativas del género, aclarando que en esos espacios se tramitan inquietudes personales con respecto a temas del corazón, cuestiones que serán tratadas con “respeto y sin ánimos de juzgar a nadie”.

Ahora bien, una vez presentada la primera consulta, el espacio es tomado rápidamente por los miembros registrados de la comunidad a la que pertenece el portal que opinan y dan recomendaciones al respecto. De esta manera, la autoridad del consejero se desvanece. En ocasiones aparece sólo en los primeros casos y luego no aparece mucho más, o intenta retomar su autoridad dialogando con los demás foristas. Las características cooperativas que han marcado el uso de Internet desde sus comienzos parecen moldear también los intercambios en este género heredado de los medios masivos y trastocar la lógica hegemónica de la figura del consejero.

Las particularidades mencionadas otorgan al género en Internet características peculiares. En primer lugar las consultas no aparecen editadas ni filtradas por grado de interés o pertinencia al género como ocurre en los medios masivos. De esta manera las consultas son cuantiosas pero el interés suscitado por las mismas es variable. Por consiguiente algunas preguntas pasan inadvertidas, sin ser contestadas ni debatidas y quedan allí publicadas esperando alguna respuesta. Otros dilemas, por el contrario, suscitan arduos debates dentro de la comunidad, ocupando gran parte del espacio.

Observamos entonces que en los espacios de consultoría sentimental analizados se prioriza la lógica networking (producción y emisión colaborativa en red, recepción que puede ser masiva pero siempre individualizable) en detrimento de la lógica broadcasting existente en otras páginas de Internet (como Blogs o páginas de transmisión de información sea cual fuere la temática, etc.) propia de los medios masivos donde  pocos agentes producen y emiten mensajes para muchos e indeterminados sujetos.

Esto podría explicar que el dispositivo tecnológico de Internet, al permitir que la lógica broadcastig se quiebre y se habiliten otros usos, admita que dentro del género reaparezca la figura del “público” que se expresa libremente sobre el problema expuesto. Esto da lugar a una transformación enunciativa de consideración, ya que la escena comunicacional tradicionalmente planteada por el género se ve trastocada. Así se observa en los consultorios sentimentales de Internet la presencia de un coro de opiniones donde existe una simetría entre los actores de la escena comunicacional, que devienen coparticipantes de la sección en tanto no existe jerarquía que legitime el consejo de un sujeto sobre otro, configurándose una especie de tribunal. Esto no sucede en los consultorios sentimentales propios de los medios masivo donde la única opinión valida es la del consejero, configurándose así un tipo de interacción complementaria, un vínculo basado en la diferencia de jerarquías entre quien pide el consejo y aquel habilitado para brindarlo. Esto puede ser una consecuencia de la característica cooperativa que ha tenido Internet desde sus comienzos.

Esta figura novedosa representada por el “público”- que toma cuerpo a través de sus opiniones publicadas y pone en jaque la autoridad otrora indiscutible del consejero- era aludida en los consultorios sentimentales de los medios masivos, pero no se le daba espacio para su actividad. El público es un ladero, un supuesto para los consultorios sentimentales mediáticos, se lo menciona en algunas respuestas, se lo alude como representante de “la opinión general”, pero nunca resulta visible (la única excepción se halla en la radio donde se incluye la opinión de algún oyente sobre el tema planteado). Una última cuestión para destacar al respecto es que ante cada problema planteado hay más “vistas” que respuestas efectivas. Esto permite volver sobre la hipótesis de la posibilidad de cierto consumo “voyeurista” que ha existido desde siempre en el género, en tanto espacio de consumo masivo destinado al tratamiento de cuestiones ligadas a la intimidad de particulares. (Garis, 2010). De hecho el género habilita una doble lectura que implica dos posiciones distintas: si se está “dentro” (si se consulta o responde) o si se esta “afuera” (si se lee sin estar implicado en ninguno de los casos). A partir de ello se configura un doble enunciatario: un enunciatario especifico, el forista que pregunta u opina y un enunciatario "extendido": el voyeur, lector eventual de la sección en posición de “espectador” de los dilemas de quienes consultan. En tanto el voyeur es un lector "en segundo grado", desplaza su posición: en lugar de aceptar ser el confidente del otro, lo observa anónimamente.

Centrándonos en las cuestiones retóricas -además de la aparición en la escena conversacional de los foristas- podemos observar que se mantiene la falta de imagen del consultante y el pseudónimo como modo de presentación, conservando el resguardo de la identidad propio de los consultorios sentimentales de los medios masivos. Esto resulta  significativo ya que se contrapone al fenómeno de exhibición de la intimidad y la individualidad en todos sus aspectos representado por los “Blogs” personales y sitios como “Facebook” o “Twitter”. Aquí el “show de sí mismo” (Sibila, 2008) toma otras formas, ya que el sujeto en estas ocasiones -que tocan con lo problemático y muchas veces lo vergonzoso- parece ocultarse tras un pseudónimo y la ausencia de imagen. Esto invita a pensar en que aunque el dispositivo técnico se ofrece para todo lo contrario, no ha podido transformar en ese aspecto representado por cierto hermetismo o “secreto” propio del género, donde si bien se exponen cuestiones muy íntimas, la identidad del consultante queda salvaguardada. Esto podría explicar porqué en sitios como Facebook, una red social donde el conocimiento y la exposición de la identidad de los usuarios son fundamentales para el funcionamiento, el consultorio sentimental fracasa. Esto se demuestra en la casi nula actividad de los consultorios sentimentales en este sitio, donde la mayoría no pasa de la presentación y a lo sumo uno o dos consultas.

En cuanto a la construcción temática observada en el género en Internet, se puede consignar que se recortan como sinónimos “amor y sexualidad”, de hecho muchas veces aparecen estos términos en los títulos de los consultorios. Existen dentro de la muestra analizada una cantidad considerable de consultorios sentimentales bajo el título “Consultorio de Amor y Sexualidad”. Si bien estas cuestiones se hallan agrupadas temáticamente, las consultas sobre “sexualidad” no se refieren a problemas genitales ni específicamente eróticos, sino que el tópico aparece en las consultas en el punto de la acción y de cómo puede ser interpretada por el/la partenaire amoroso/a o bien los problemas surgidos después de la relación sexual - no en torno al acto mismo- sino en referencia a la continuación o no de la relación o a los inconvenientes que puede ocasionar el haber mantenido relaciones sexuales con determinada persona. La sexualidad -si bien no es condenada ni cohibida en las respuestas a las consultas- no deja de ser un tema problemático sobre el que nunca hay un acuerdo. La ausencia de una última palabra organizadora, como la del consejero, da como resultado cierta anarquía dentro de los consultorios sentimentales donde dentro del collage de opiniones, el aconsejado puede tomar la que más le place (esto se ve reflejado en algunas respuestas de los consultantes dejando en claro que postura lo convenció mas).

A modo de cierre:

La red pone en el centro de la escena el inmenso tema de la relación de los actores individuales con el conjunto del conocimiento humano, y por otro lado a través de las redes sociales reactiva permanentemente la pregunta por el vinculo social, en las tres dimensiones de la semiosis: afectiva, factual y normativa (Verón, 2012:15) En esta dirección, Verón (2012) considera que hay dos grandes tipos de usos ya estabilizados de Internet  a los cuales llama uso de búsqueda y uso relacional, que plantean respectivamente dos cuestiones cruciales: la reilación al conocimiento y la relación al Otro. Podemos tomar al consultorio sentimental presente en Internet como un representante de uno de estos dos usos: el uso relacional.

A partir de las características expuestas de modo muy sucinto, podemos concluir que los espacios analizados han adoptando características particulares de a cuerdo al emplazamiento mediático específico: Internet.

Dentro de esto lo más destacable resulta la aparición dentro de la escena enunciativa propuesta por el género de la figura del “público” que opina y aconseja como gran protagonista dentro de las secciones, a la vez que la figura del consejero se desvanece.

Esto permite arribar a una serie de conclusiones:

En base a la descripción realizada, podemos observar que se registra cierto “retorno” hacia formas tradicionales del consultorio sentimental, ya que existen una serie de similitudes entre los primeros consultorios sentimentales y éstos últimos consultorios sentimentales. Las coincidencias están marcadas por protagonismo centrado en la actividad de los lectores, en los modos de organización y diagramación gráfica y en la función que cumple el medio que sólo se limita a garantizar y posibilitar la comunicación entre particulares. Reaparece también en los en los medios gráficos el lugar para las confesiones que había desaparecido por 80 años por lo menos.

Si ensayamos una mirada evolutiva, podemos decir que tanto en el último eslabón de la cadena  representado por los consultorios sentimentales 2.0 como los “proto” consultorios sentimentales de los primeros veinte años de siglo XX, se configuran como una especie de foro donde los lectores exponen sus problemas sentimentales e intercambian consejos entre sí, construyéndose cierta simetría y simultaneidad entre las voces participantes, propias de  la conversación y sus variantes. Estas coincidencias se pueden dar quizás porque en los consultorios sentimentales 2.0 se ve desdibujado el movimiento que permitió a los medios masivos ir monopolizando la palabra y apoderándose del consejo que habilita el surgimiento de la figura del “consejero”, en torno al cuál se reestructura el estatuto del consejo y de la confesión.

Por último y en otro orden cosas, podemos considerar a los consultorios sentimentales 2.0 como espacios privilegiados para la observar el despliegue de las actividades particulares propias de la “tecno-cultura” (Piscitelli,2002) donde se pueden consignar la emergencia de comportamientos colectivos, la construcción tecnológica de la cotidianidad, como así también la causalidad circular que existe entre creencias y prácticas sociales, artefactos y emociones, deseos y limitaciones que impone la convivencia social. De hecho se puede considerar a estos consultorios sentimentales como una herramienta utilizada para hacer meta filosofía de las relaciones interpersonales, dentro un modo de producción colaborativa a distancia.

Referencias:

Ariés, P., Duby G. comp. (1987) Historia de la vida privada El proceso de  cambio en la sociedad del siglo XVI a la  sociedad del siglo XVIII, Madrid, Taurus, Tomo 5
Barthes, Roland (1998) El placer del texto, Bs. As, Siglo XXI.
Corbin, A, Guerrand, R, Perrot, M (1990) Historia de la vida privada. Sociedad burguesa: aspectos concretos de la vida privada, Bs. As, Taurus, Tomo 8
Dauphin C, (1993)  Mujeres solas en Historia de las Mujeres El siglo XIX Cuerpo, Trabajo y Modernidad, Barcelona, Taurus. Tomo 8 pp. 132-153.
Fernández, José  Luís (1994) Los lenguajes de la radio, Buenos Aires, Atuel.
Foucault Michel (1977) Historia la historia de la sexualidad La voluntad de saber, México, Siglo XXI,Vol. I 
Garis, Ana Victoria (2010) Corazones en conflicto: el consultorio sentimental en Argentina 1920-1975 en La Trama de la Comunicación, Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación. Vol. 14, Rosario, UNR Editora. pp. 123-149.
Knibiehler Y (1993) Cuerpos y corazones en Historia de las Mujeres El siglo XIX Cuerpo, Trabajo y Modernidad, Barcelona, Taurus.
Piscitelli, Alejandro (2002) Ciberculturas 2.0. En la era de las máquinas inteligentes,  Buenos Aires, Paidós
Pujol, Sergio (1999)  La historia del baile,  Bs. As, Emecé.
Guy, Donna (1994) El  sexo peligroso. La prostitución legal en Buenos Aires 1875-1955, Bs. As, Sudamericana
Sibila, Paula (2008) La intimidad como espectáculo, Bs As, Fondo de Cultura Económica
Verón, Eliseo (2012) Prólogo en La política de los internautas: nuevas formas de participación, Carlón M. y Fausto Neto A. comps., Buenos Aires, La Crujía, pp. 10-15.
Walkowitz, Jackes (1993) Sexualidades peligrosas en Historia de las Mujeres El siglo XIX Cuerpo, Trabajo y Modernidad Barcelona, Taurus, pp. 60 - 95.
                     

Notas

3 Siguiendo a Fernández (1994) el lugar de todo dispositivo técnico mediático en el universo de lo discursivo puede definirse como el campo de variaciones que posibilita en todas las dimensiones de la interacción comunicacional que modalizan el intercambio discursivo cuando este no se realiza “cara a cara”.
4 La noción de dispositivo se constituye en oposición a otras dos: la de medio y la de técnica. La noción de técnica abarca la base tecnológica, la de medio incluye la práctica social de carácter público que se articula con un dispositivo. La noción de dispositivo, entre ambas, incluye los distintos modos de funcionamiento que se abren como diferentes modalidades de producción de sentido de la técnica en cuestión.
5 Algunos ejemplos de respuestas de consejeros en distintas épocas:
 Eduarda:"Usted cometió un delito en la iniciación de su vida pasional. Y los delitos se pagan, porque Dios castiga sin palo ni piedra. Usted traicionó a una parienta cercana robándole un afecto. Son estos los más censurables robos. Comprendo que nunca, como en las encrucijadas del sentimiento, se cumple el refrán que la ocasión hace al ladrón". “Epistolario Sentimental”, Para Ti Nº 77, 1923.
 “Hope: No sé por qué me dice que se encuentra en una “grave encrucijada”. La condición de su novio de 25 años es la ideal, la que la iglesia establece para arribar con pureza al matrimonio. Porque no puede controlar sus impulsos le pide que lo ayude. Y usted “por respeto a sí misma” prefiere dejarlo antes de ceder. Y agrega -incongruente- que le ha sugerido que busque la solución en aventuras fáciles. Y lo defiende, porque “es sincero”, porque sabe que no es una “técnica” la que él practica, que “él no puede engañar a nadie”. Yo diría que trata de engañarla a usted; y no se tome demasiado en serio “la  crisis por la que  él está pasando”. La verdadera crisis es la que va a padecer usted si le facilita el aprendizaje.”- "Secreto de confesión" Para Ti N° 2597, 1972.

* Beca de Perfeccionamiento (UNLP) “Consultorio Sentimental 2.0: la construcción de espacios de confesión y consejo en Internet. Director: Raúl Barreiros Codirectora: Daniela Koldobsky