Florencia Saintout




Cultura mediática y pobreza.
Una aproximación al consumo cultural en La Plata*



Contenidos
Introducción
I. Modos de ver, de escuchar, de leer
II. La televisión
-II. a. Lo colectivo y la negociación
-II. b. La ilusión
-II. c. El conocimiento del formato
-II. d. Visión ambivalente de la televisión
III. La Radio
IV. Los Diarios


Introducción

¿Cómo se relacionan con los medios masivos de comunicación los distintos sectores sociales? ¿Cuáles son las percepciones y prácticas de uso de los medios que hacen los sectores pobres? Desde la pobreza, ¿se ve la misma televisión, se escucha la misma radio, se leen los mismos diarios que en las clases altas o medias? ¿Son, entonces, los mismos medios?

Este artículo es una descripción y análisis de las primeras exploraciones acerca de la relación con los medios de comunicación de sectores pobres del barrio Puente de Fierro de la ciudad de La Plata, específicamente de sus mujeres. La pregunta que guió la investigación giró en torno a cómo es que se viven los medios masivos de comunicación desde las prácticas culturales en la pobreza, partiendo de la idea de que la mediatización de nuestras culturas contemporáneas no se da ni homogéneamente ni de manera igualitaria.

Al hablar de pobreza hablamos de desigualdad de acceso a los bienes materiales y simbólicos que circulan dentro del espacio social, que alumbran a su vez diferenciaciones en las prácticas sociales. La pobreza está asociada al ejercicio violento de un poder asimétrico que clasifica y nomina naturalizándola como una identidad dada de una vez y para siempre. No adscribimos a esta idea, sino que por el contrario señalamos su carácter de proceso profundamente histórico.

Para encaminar nuestras preguntas la técnica de investigación utilizada fue el relato de vida. Los relatos fueron trabajados con mujeres del barrio Puente de Fierro, un barrio pobre de La Plata, ubicado en los límites de la ciudad. Puente de Fierro es un barrio conformado por unas cincuenta familias de las cuales la mayoría ocupa terrenos de propiedad del Estado. Es un barrio endeble en cuanto a la cantidad y calidad de su infraestructura, de sus equipamientos materiales y culturales, de la posesión de servicios. Las mujeres fueron todas madres y oscilaron entre los 20 y 40 años.

Aquí nos interesa, más que hacer un catálogo del tipo de medios con que se relacionan las mujeres de Puente de Fierro, señalar algunas prácticas de uso social de los medios masivos de comunicación. Aunque la presentación del trabajo la hemos organizado en torno a los medios, esto ha sido más una cuestión de orden de la exposición que de construcción del objeto de estudio. También es pertinente aclarar que no se preguntó por tal o cual medio sino que el tipo de medio de comunicación masivo con el que se relacionan las entrevistadas surgió de sus respuestas. En el análisis de estas entrevistas fueron surgiendo las siguientes observaciones:

I. Modos de ver, de escuchar, de leer

Para introducirnos a la temática es necesario señalar la presencia de equipamientos mediáticos en los hogares del barrio. Los medios masivos de comunicación con los que se relacionan estas mujeres son fundamentalmente la televisión por aire y la radio. El barrio no está “cableado”, así que es imposible acceder a la televisión por cable aunque sí hemos encontrado algunas pocas casitas, que no llegan al número de cinco, con el sistema de televisión satelital Direct TV. Además, es común la presencia de las videocaseteras, pero no es común la práctica de alquilar videos, sino que más bien se compran o se obtienen de diversas maneras.

La prensa gráfica, a pesar de que como dice una de las entrevistadas “llega al barrio”, generalmente no es leída por las mujeres. En Puente de Fierro no hay puestos estables de venta de diario; pasa un vendedor por las calles que sólo trae los periódicos locales.

II. La televisión

La relación tanto con la radio como con la TV se inscribe fuertemente en la cotidianidad familiar, pero hemos encontrado que la práctica de ver TV es más reflexionada por los actores sociales que la de escuchar radio: si bien las mujeres de Puente de Fierro saben acerca de su condición de públicos de TV y radio, sus prácticas de ver televisión constituyen un saber más enunciable, sin dificultad para ser dicho. Podríamos pensar que los modos de ser público de TV son rastreables a través de la presencia de una conciencia discursiva en los propios actores, mientras que el saber acerca de escuchar radio está sólidamente ligado a una conciencia práctica: simplemente se hace. Es por esta condición que en el presente trabajo, que constituye una primera exploración sobre la temática, hay un detenimiento especial en las prácticas del ver televisión más que en las relacionadas con otros medios.

II. a. Lo colectivo y la negociación

En la mayoría de los casos el aparato de TV es uno solo, lo que implica que siendo en su mayoría familias numerosas, para ver televisión hay que mirar en grupo. Y para decidir qué se ve hay que establecer una negociación permanente entre los distintos miembros de la familia: grandes y chicos, hombres y mujeres, hermanos y hermanos. La temática de la negociación frente al control remoto ha sido trabajada hasta el hartazgo dentro del campo de la comunicación, por lo cual sólo señalaremos dos condiciones que frente a la fascinación con que ha sido abordada muchas veces se obviaron: la negociación siempre es en términos asimétricos y, por supuesto, no es una negociación consciente, de ejercicio de la voluntad.

Nos interesa contar cómo, de acuerdo a nuestras entrevistas, pareciera ser que son las mujeres las que deciden qué se ve en la familia e incluso quiénes ven y dónde: “Pasé el televisor a la pieza, porque cuando estaba en el comedor, nadie me prestaba atención; yo ponía la mesa y todos menos yo miraban la tele”; “las chicas no pueden mirar hasta que terminan los deberes”.

También el recuerdo de cómo se veía antes televisión -cuando estas mujeres eran chicas-, está relacionado a una situación de negociación y a una colectividad familiar. No hay recuerdos de ver televisión en soledad, como tampoco hoy se ve televisión de esta manera: “En la casa de mi mamá miramos la novela juntas, con mis hermanas también y si alguna no la vio o yo no la vi, cuando llego pregunto qué pasó y comentamos lo que pasó”.

II. b. La ilusión

Por otro lado, la historia de las mujeres de Puente de Fierro y la televisión aparece ligada a una historia del goce. Ellas se han hecho público de la televisión a través de una relación con las telenovelas de la tarde, en las que encontraron espacios de amor romántico, de ilusión por un porvenir de completud, de promesas de amor. Las fotonovelas, definidas desde el género melodrama al igual que las telenovelas, fueron acompañando esta historia de hacerse público que se recuerda con nostalgia: “Preparábamos el mate y mirábamos las telenovelas, y teníamos toda la ilusión, nos enamorábamos”.

Hoy las mujeres prefieren un género “más realista”, como dice una de las entrevistadas con relación a la tira diaria “Buenos Vecinos”(1). En los relatos, más “realista” implica más acorde al tiempo que se está viviendo, y ese tiempo es medido desde las relaciones amorosas: ya no es posible creer en el amor con la ilusión del amor ideal, completo, de la adolescencia -como se creía en la adolescencia y como lo presentaban las telenovelas- sino que ahora ya se tiene la experiencia de la des-ilusión, de ese amor soñado pero no vivido “antes”, y programas como Buenos Vecinos dan cuenta de esto.

Como decíamos, es en este aspecto que es “realista”, y no en la idea de representación, espejo de lo real. Por el contrario, más de una vez en la tira las situaciones cotidianas son construidas con exageración de sus rasgos principales, apelando incluso al grotesco como estilo.

Aparece así, como condición de goce, la verosimilitud de la historia que no es lo mismo que veracidad ya que el público sabe, conoce, la opción por lo ficcional del género: “Guevara no es real, nadie habla así”(2).

II. c. El conocimiento del formato

Por otro lado, fue posible advertir cómo este hacerse público de la TV fue significando también el desarrollo de competencias par “ver” televisión con respecto a los géneros. Porque no es sólo que hay un reconocimiento claro con respecto a los géneros de ficción y los que no los son, sino que este público sabe acerca de las reglas que configuran los formatos: que en el melodrama televisivo prima la lógica del encuentro-desencuentro; que la serie termina cada uno de sus capítulos con el momento pico de tensión para desactivar esa misma tensión al día siguiente; el grado de profundización de las temáticas aceptables para un público masivo: “Si él elige la pasión por sobre el matrimonio... no, no puede ser, sería un lío”; que en la radio, la lógica de las FM es ocupar la mayor cantidad de tiempo con música y sólo algunas informaciones periódicamente, a diferencia de las AM donde la información aparece con estructura de noticiero: “No escucho noticieros, sólo algunas noticias porque escucho FM”.

II. d. Visión ambivalente de la televisión

Especialmente la televisión aparece valorada de una manera ambivalente por las mujeres de Puente de Fierro. Por un lado, el discurso demonizador de la televisión está presente:

“No es bueno tenerla todo el tiempo prendida”; “Hay que apagarla porque distrae”; “Hay que ponerle límites a los chicos, no pueden ver cualquier cosa”; “Hasta los dibujitos son violentos”.

Mientras que en los sectores medios la crítica a la TV se funda en la crítica a su mediocridad estética y a su “bajo nivel” de contenidos, en estas mujeres la valorización negativa del medio se juega fundamentalmente en torno a la crítica de la TV como violenta, a su papel perturbador del trabajo o la escuela, y alrededor de sus contenidos sexuales(3).

Hay además una idea de que antes la televisión era mejor, “más inocente”, y ahora está de alguna manera corrompida. Vimos aquí la incorporación de cierto sentido común construido a lo largo del tiempo proveniente de una constelación de prácticas discursivas de lo más variadas: cierta moral ligada a la cultura católica condenatoria de la TV; la satanización de los medios elaborada por la cultura escolar; el reforzamiento de lo anterior operado por la experiencia de la dictadura militar (hay que tener en cuenta que muchas de estas mujeres iniciaron su historia como televidentes durante la última dictadura militar en la Argentina donde, desde la misma TV como espacio fuerte, se constituyó una moral dominante conservadora y pacata).

Pero además, vimos cómo justamente aquello que estas mujeres juzgan como negativo en la TV está relacionado con dos pilares que la modernidad misma intuyó debía controlar, fijar, dar cause, para llevar adelante su proyecto: la violencia y la sexualidad. Y lo hizo, entre otras, a través de dos instituciones fundamentales que figuran en los relatos de las mujeres de Puente de Fierro como amenazadas por el medio: la escuela y el trabajo.

Por otro lado, la TV aparece valorada positivamente alrededor de dos cuestiones: en el lugar en torno al entretenimiento y en su papel educativo. En cuanto a lo primero, cabe decir que la televisión es definida casi esencialmente como entretenimiento, diversión y, aunque se enuncia que esto es negativo, al mismo tiempo se dice lo contrario. Aquí también se ve la incorporación de cierto sentido común propuesto fundamentalmente desde la misma TV: la televisión se autorreferencia como entretenimiento, aceptando el lugar que se le ha asignado hace tiempo desde el discurso funcionalista. Pero también define su lugar en la sociedad como transportadora de información, informativa, y este no es el lugar que le asignan las mujeres de Puente de Fierro.

La aceptación de que la TV es entretenimiento podría comenzar a ser explicable desde un contexto donde el consumo de otras propuestas socialmente legitimadas como diversión (cine, teatro, recitales, circo...) es bajo o no existe. Y junto a esto, la TV con sus tramas narrativas hechas de imagen y oralidad, de destiempos invitantes a la completud, aparece como objeto de goce permitido y posible a estas mujeres; adecuable a sus competencias socioculturales.

La televisión es pensada, además, como posibilidad de acceso a un tipo de saber no escolarizado y que tiene que ver fundamentalmente con las formas de habitar la ciudad y la socialidad actual, y así poder sortear sus peligros. Acá otra vez, de la mano del género melodrama pero en formato de talk show, las mujeres dicen conocer más de lo que pasa fuera del hogar propio, en la calle, y entonces poder proteger mejor a los suyos: “Yo antes no sabía nada de la cantidad de cosas que podían pasar, me fui enterando en los programas de la tarde”; “No sé cómo algunas familias mandan solos a los chicos a hacer mandados, por la tele vi que un hombre a tres chicos los raptó y...”.

III. La Radio

Como se señalaba anteriormente, el escuchar radio aparece en una primera instancia en forma de conciencia práctica, no discursiva, es decir como algo que se hace sin que esto signifique la capacidad de decirlo, de explicar las condiciones de la acción. Cabe aclarar que entre conciencia discursiva y conciencia práctica no hay una separación tajante, la línea es fluctuante y permeable pero se puede pasar de una a la otra: no hay barreras de represión.

Esta condición de escuchar radio como algo que simplemente se hace es posible que tenga que ver con la característica del medio -que para escuchar radio no sea necesario dedicarle un momento o un lugar excluyente, sino que se puede hacer mientras se realizan otras tareas: estudiar, cocinar, limpiar...- pero también con la larga data de inscripción histórica del medio en los sectores populares que hace que su presencia se naturalice, forme parte de la corporalidad de la vida cotidiana. Las causas de este fuerte enraizamiento de la radio en los sectores populares han sido bastamente estudiadas en el campo de la comunicación a partir de la idea de que la radio se inserta en América Latina en una profunda tradición de oralidad que el avance de la cultura escritural moderna nunca pudo negar más allá de sus intenciones.

Las mujeres de Puente de Fierro, cuando se les pregunta por la radio, en general se detienen antes de contestar, de alguna manera se sorprenden ante la pregunta. Entonces dicen escuchar “de todo, música”. Ninguna dice escuchar otra cosa no sea música aunque digan “de todo”. Algunas especifican más: acerca del tipo de música, generalmente cumbias; acerca de la banda de radio, todas FM, y señalan algunas FM.

IV. Los Diarios

Finalmente, y como se explicó antes, la mayoría de nuestras entrevistadas casi no leen el diario, y si lo hacen buscan dos cuestiones: avisos, y principalmente la crónica roja.

“Lo primero que hago cuando leo el diario en la casa de mi mamá es ir a ver los policiales, o ‘Trama Urbana’”(4).

El diario se relaciona con policiales inmediatamente: no es la información política, o la información económica la que se busca sino la policial. Y lo que es interesante señalar es que es en este género donde algunas mujeres dijeron reconocer o buscar información del barrio que ocupan. Es que en la calle se habla de lo que pasa en los medios, pero los medios no hablan de lo que pasa en las calles, al menos en sus calles, salvo cuando se trata de violencia policial.

Notas

*El presente trabajo se inscribe en el Proyecto de Investigación: “Ciudad/ Comunicación: Prácticas sociales de uso y percepción de la ciudad de La Plata” dirigido por Florencia Saintout e iniciado el 01/01/01. Forman parte del equipo de investigación: Andrea Varela, Adela Ruiz, Leticia Melo, Diego Narbona, Guadalupe Guillermo, Mariana Caviglia, Mónica Zapatería y Vanesa Arrúa.

1 Este programa respeta el género melodrama, aunque no ortodoxamente, pero presenta un trabajo notable de adecuación a la cotidianidad barrial, de cercanía. Si una de las características de la TV ha sido siempre el trabajo sobre la construcción de la cotidianidad familiar, el asumir como dispositivos básicos de su lenguaje la simulación del contacto y la retórica de lo directo, en Buenos Vecinos esto se lleva adelante como nunca antes en la TV argentina. Como en la novela clásica, tiene una historia central (un triángulo amoroso entre un hombre y dos mujeres: una, la esposa de toda la vida y la otra, una nueva vecina; o como dicen las entrevistadas: “la rutina y la pasión”) e historias secundarias de encuentros y desencuentros entre personajes de distintas edades. En “Buenos Vecinos” hay una incorporación importante del grotesco como estilo de narración.
2 Uno de los personajes centrales de la tira diaria “Campeones” emitida por Canal 13 durante 2001.
3 Es necesario tomar nota aquí que este tipo de crítica a la TV, enunciado en los relatos de las mujeres de Puente de Fierro, no es el que las lleva a decidir no ver tal o cual programa, decisión que según los relatos se toma de acuerdo a las posibilidades horarias, a la negociación familiar y “al gusto”. A lo sumo, estos argumentos son los que dicen primar en las limitaciones que llevan adelante sobre las prácticas de televidencia de sus hijos.
4 “Trama Urbana” es el nombre del suplemento policial del diario Hoy de la ciudad de La Plata.