Gastón Cingolani




Gusto y sujetos. Gramáticas de reconocimiento
de los canales Todo Noticias y Crónica tv*




1- ¿Y las personas dónde están?(1) 

Al proponer investigar las gramáticas de reconocimiento(2) de dos canales de noticias encontramos la particularidad de que la unidad mínima “natural” de la sociedad (las personas) no soportaba ninguna regularidad, a excepción de una cuantificación básica en términos de “me gusta Todo Noticias”/ “me gusta Crónica TV”/ “me gustan ambos”/ “no me gusta ninguno”. Apenas comenzó a indagarse lo discursivo, la categoría de “persona” como aglutinante de algún tipo de homogeneidad se desvaneció por inconsistente. Esto nos puso de cara a resolver el problema de las gramáticas de reconocimiento en otros términos que no sean los de una medición (que no tiene, por otra parte, nada de discursivo(3)). En ese sentido, abordar la problemática del gusto en la “recepción” mediática, forzó también una salida de la mecanización de lo social en términos de una superposición de las preferencias declaradas, el lugar que se ocupa en el sistema económico-productivo y el grado de escolarización. El gusto, si se lo analiza en términos discursivos(4), requiere de otras dimensiones de análisis, que no pretenden superar ni reemplazar las mencionadas.

La variable del gusto

El estudio del discurso de televidentes(5) (acerca de canales de noticias) se estructuró, pues, en base a la problemática del gusto. Tomando como punto de partida un apartamiento de la concepción bourdieana del gusto –en el que éste suele residir en un cierto determinismo estructural–,(6) se lo trabajó como una variable de abordaje de los consumos mediáticos.
La hipótesis no determinista del problema del gusto se enmarcó en un enfoque discursivo de la producción de sentido en lo que generalmente se llama recepción (en términos de E. Verón: condiciones de reconocimiento).

Para ello se ha definido la variable del gusto (para el estudio discursivo de la producción de sentido en reconocimiento) en términos de una indagación sobre “cómo se constituyen sujetos en relación con objetos, a través de componentes valuativos, y en relación con otros sujetos, a través de sistemas de vínculos”(7).

Lo discursivo

El trabajo de indagación de la constitución de subjetividades implicó también, por lo tanto, un ajuste acerca de qué se entenderá como sujeto (lo que no es igual a pre-determinar tipos o modelos de sujetos). Para ello, se debió rastrear principalmente en estudios y teorías provenientes del orden de los análisis discursivos más que –por ejemplo– de investigaciones sobre recepción, dada la notable carencia de definiciones (en el orden teórico, pero también metodológico) de la propia pertinencia sobre los sujetos que éstas presentan.(8)

Siempre que se habla aquí de discurso se entiende en función de la teoría de la discursividad de E. Verón, como “un concepto que se funda en el modelo de signo ternario” peirceano, “se propone como indisociable de la idea de producción social de sentido” y “no remite a producciones meramente lingüísticas, sino a ocurrencias empíricas, heterogéneas y translingüísticas, por lo que descarta toda idea de producción de sentido subjetivista y sin manifestación material”(9).
 

Para un análisis discursivo de las subjetividades

La construcción de la subjetividad –la conformación de un sujeto, o más bien de un haz de sujetos– es una de las propiedades constitutivas de toda discursividad. Desde la teoría de la enunciación en adelante, a las lingüísticas y semióticas de enfoques diversos, esto se ha presentado como problema ineludible. Es desde esta preocupación que hemos abierto un espacio fundamental en nuestra tarea analítica para la indagación de los sujetos que se construyen en los juicios de gusto en torno a canales de noticias.

En virtud del enfoque semiótico-discursivo adoptado, estructurado desde la Teoría de los Discursos Sociales de Eliseo Verón(10), se ha incorporado un conjunto de hipótesis y teorías sobre la constitución discursiva de los sujetos, que ha permitido organizar epistemológicamente la armazón teórico-metodológica.

Desligarse de una concepción esencialista de la subjetividad ya no representa hoy ningún avance. Sin embargo, en nuestra posición de partida y nuestro objetivo de análisis, este principio es fundamental porque no se pretende corroborar un modelo teórico de la subjetividad, sino describir modalidades de sujetos en un área particular de circulación discursiva. Podrían resumirse, sin embargo, una serie de a prioris teóricos que han sostenido la búsqueda:

Primero: se sustrae toda asimilación del “sujeto” (concepto teórico) a la “persona” (entidad utilizada en los discursos corrientes, producto de numerosas operaciones de sentido).

Segundo: el sujeto no es ni fuente ni origen del sentido en la sociedad. (Decir esto implicaría toda una concepción “subjetivista” de la producción de sentido).(11) En todo caso, el sujeto –tal como se lo quiere describir– es un efecto de sentido; un producto de operaciones discursivas que lo constituyen.

Tercero: esa constitución en lo discursivo del sujeto se da tanto en producción como en reconocimiento (en el sentido en que distingue estas instancias E. Verón)(12).

Cuarto: cuando se habla de lo discursivo y de la constitución del sujeto, está claro que no se habla sólo de lo lingüístico –la dimensión simbólica en Peirce–, sino “de la composición indeterminable de (los) tres órdenes” del sentido(13) (que incluye también a lo indicial y a lo icónico peirceano).

Los antecedentes teóricos

Para emprender una descripción del sujeto en términos de efecto de sentido, la teoría de la enunciación nos da las primeras coordenadas. Más allá (o más acá) de los parámetros lingüísticos señalados por Benveniste(14) (los pronombres personales, los adverbios de tiempo y de espacio y su potencial deíctico), este recorrido nos habilita su hipótesis de que es en el lenguaje donde el sujeto se hace tal. Las posteriores adaptaciones y reformulaciones de esta teoría, por parte de estudiosos del discurso y semiólogos, permitió trascender el ámbito de lo puramente lingüístico para considerar los alcances y potenciales de esta teoría para el estudio de otras materias significantes, y de la constitución de los sujetos en ellas(15).

Es preciso, pues, reparar en la concepción de los sujetos, aun en los casos en que aparecen plasmados en textos “puramente” lingüísticos (como los literarios), y en su carácter discursivo o, para ser más precisos, inter-discursivo. Verbigracia, la constitución de (o lo que es lo mismo: la distinción social entre) autor, narrador y/o personajes ¿es sólo lingüística? Para un uso discursivo de la teoría de la enunciación es preciso llevar hasta el límite estas consideraciones: si bien es cierta la constitución del sujeto en el lenguaje “lingüístico”, tal condición es necesaria pero no suficiente, en la medida en que comprendamos que el mismo se compone de los tres órdenes del sentido ya mencionados.

Por otra parte, para un mapeo general de los sujetos que se constituyen en una cierta discursividad, se trata justamente de no consentir un esencialismo de los sujetos, ni tomarlos como unidades discretas, “naturales” y definitivas, sino más bien realizar el camino inverso y partir de esas entidades para describir las operaciones de sentido que les dan existencia. A su vez, y tomando en consideración que las técnicas de recolección de material discursivo fueron la entrevista individual y la discusión coordinada con grupos familiares, las categorías de enunciador-destinatario pierden su espesor, y las coordenadas inter-sujetos deben reacomodarse a los niveles de pertinencia analítica.

Estamos, pues, ante la necesidad de definir cómo se trabaja este problema, cuando se pretende no ser toscamente “naturalista” ni restringidamente “lingüista”. En tren de franquear estos límites, el programa formulado por Pêcheux considera posible el análisis de la constitución de los sujetos en el discurso. Pero en su analítica introduce de una manera muy particular el modo en que los sujetos son “representados” en el discurso. Dice el autor, dado el siguiente esquema en el que D es discurso
D 
A   <=====>   B

“Está bien claro, en primer lugar, que los elementos A y B designan algo distinto de la presencia física de organismos humanos individuales. Si lo que hemos dicho anteriormente tiene un sentido, resulta que A y B designan lugares determinados en la estructura de una formación social, lugares de los que la sociología puede describir el haz de rasgos objetivos característicos: así, por ejemplo, en el interior de la esfera de la producción económica, los lugares del ‘patrón’ (director, jefe de empresa), del mando superior, del contramaestre, del obrero, están marcados por propiedades diferenciales que se pueden observar. (…) Nuestra hipótesis es que estos lugares están representados en los procesos discursivos donde están puestos en juego. De todas formas, sería ingenuo suponer que el lugar como haz de rasgos objetivos funciona como tal en el interior del proceso discursivo; está representado en él, es decir, está presente, pero transformado; en otros términos, lo que funciona en el proceso discursivo, es una serie de formaciones imaginarias que designan el lugar que A y B atribuyen cada uno a sí mismo y al otro, la imagen que ellos se hacen de su propio lugar y del lugar del otro. Si ello es así, existen en los mecanismos de toda formación social reglas de proyección que establecen las relaciones entre las situaciones (objetivamente definibles) y las posiciones (representaciones de estas situaciones). Añadamos que es muy probable que esta correspondencia no sea biunívoca, de manera que las diferencias de situación pueden corresponder a una misma posición y que una misma situación puede representarse de acuerdo con muchas posiciones, y no por azar, sino según leyes que sólo la investigación sociológica podrá demostrar”(16).

No podemos dejar de convenir con Pêcheux que A y B no se reducirían a la “presencia física de organismos humanos individuales”. Pero su hipótesis de la “representación” (“está representado en él, es decir, está presente, pero transformado”) y nuestro desacuerdo con ella, nos permitirá aclarar algunos puntos de nuestro encuadre. Los sujetos no son previos ni externos al discurso; por lo tanto, no podrán estar “representados” en él. En todo caso se constituyen discursivamente… excepto que por discursivo se entienda sólo a las producciones verbales. Pêcheux da el ejemplo de la relación patrón-obrero: ¿de qué otra manera que no sea a través de toda una discursividad puesta en juego se constituye tal relación?, ¿O no son discursos los contratos laborales, los reglamentos, las normas sindicales, los espacios físicos de trabajo, estatutos, costumbres, uniformes, organigramas, las prácticas de las tareas, etc., etc., etc.? Todo ese conjunto (mucho más extenso que lo enumerado) es lo que conforma una compleja trama discursiva, en la que se definen (y redefinen) las designaciones patrón-obrero.

Por otro lado, resulta un punto enriquecedor la distinción entre situaciones y posiciones. Pero de un modo algo distinto al de Pêcheux. Divergimos en la consideración de las situaciones como objetivamente definibles (además: ¿Por quién? ¿Por qué por la “investigación sociológica”? ¿La sociología construye el mismo objeto que el análisis del discurso?). Sin embargo, nos apropiamos de sus categorías a través de una suerte de “traducción” a nuestra conveniencia: podemos considerar a los discursos anteriores que constituyeron un cierto sujeto como condiciones de producción (situaciones) del discurso a analizar que lo redefine, en tanto retoma o condiciones de reconocimiento de aquél (posiciones). Esto permitiría no apoyarse en la aberrante transposición de un objeto de pertinencia sociológica hacia el análisis de los discursos (como pretendía Pêcheux), a la vez que comprender que ninguna subjetividad se constituye de la nada: es preciso, pues, determinar cuál es la discursividad que posibilita/restringe la constitución de un determinado sujeto o conjunto de sujetos.

Para resumir, nos proponemos dejar en claro que para un análisis discursivo de la constitución de sujetos es preciso definir el nivel de pertinencia de qué sujetos vamos a describir. Esto se monta en la idea foucaultiana de que el sujeto no es ni una conciencia previa al discurso ni una entidad sintética, y las modalidades de enunciación que pueden analizarse “en lugar de remitir a la síntesis o a la función unificadora de un sujeto, manifiestan su dispersión”. Por ello, “no es ni por el recurso a un sujeto trascendental, ni por el recurso a una subjetividad psicológica como hay que definir el régimen de sus enunciaciones”(17). Para nosotros, pues, un sujeto será una entidad teórica que circunscribe un conjunto de tensiones y dispersiones constitutivas (las cuales remiten a diferentes niveles de sentido).

2- Consecuencias metodológicas

El desarrollo de las herramientas de análisis fue invariablemente trabajado sobre los materiales. Esto es, no se seleccionaron técnicas de análisis discursivo (sí metodologías, pero no técnicas) independientes de los materiales: en todo caso se han delineado en función de las posibilidades concretas que los discursos de los entrevistados proveyeron.

Dichas herramientas técnicas se montaron sobre la definición de gusto señalada al principio. El trabajo de análisis se orientó, pues, en analizar qué sujetos (en los términos desarrollados arriba, y que surgen como resultado del análisis de los restantes elementos) se relacionan con qué objetos (aquí, aquellas entidades que son referenciadas por los discursos y que se constituyen también en los mismos: serían aproximadamente lo que en Peirce se entiende por objeto inmediato) ordenables según los componentes valuativos (que clasifican los juicios según los predicados que recaen sobre los objetos, y que en nuestro análisis fueron cuatro, definidos más abajo) y que manifiestan –o no– vínculos con otros sujetos (según se trate de un enunciador “aislado” o que explicita una relación de afinidad o de ajenidad con algún colectivo).

Este instrumento podría sintetizarse en un gráfico como el siguiente:

Modalidades de Enunciación →
YO aislado
en relación a COLECTIVOS:
Componentes ↓
Propio
Ajeno
Formal-Estético



de Verosimilitud



Ético



de Utilidad




3- Algunos resultados

Una vez sintetizado el planteo del marco teórico-metodológico, estamos en condiciones de enunciar las gramáticas circunscriptas como resultado de los análisis.

Las gramáticas se describirán a continuación en función de las variables de análisis: los cuatro componentes valuativos (que ordenaron los juicios), los objetos (y el hallazgo de una serie de “léxicos”), los predicados y los colectivos.
 Las gramáticas de los cuatro componentes

A partir de ciertas regularidades en los juicios, hemos delineado cuatro tipos de componentes valuativos, que clasifican a los juicios según pongan en relación objetos con tipos de predicados (¿qué se dice de esos objetos?). A la vez que una herramienta, conforman en sí mismos gramáticas, dado que se organizaron en base a regularidades y recurrencias de los tipos de juicios. Los cuatro componentes son:

- Formal-estético: ordena los juicios cuyos predicados resaltan atributos estéticos o aparienciales de los objetos. “Aparecen afirmaciones sobre la duración [temporal] de las noticias (…), recursos estéticos y estilísticos en general; aspecto visual de los periodistas y presentadores; lenguaje utilizado; modos de titulación y edición de las noticias; elección de la música”, etc.(18)

- De verosimilitud: ordena los juicios con predicados sobre cualidades informativas y sobre la veracidad de los canales. “Los predicados varían entre cuestiones cualitativas (informar/opinar, informar bien/informar mal, mostrar la realidad/ocultar la realidad) y graduaciones (informar mucho/informar poco, repetir información/renovar información, decir la verdad/distorsionar-exagerar/decir mentiras, profundizar/ser superficial), e incluyen también las nóminas de temas y agendas temáticas que aparecen como el mundo construido por el medio”(19).

- Ético: dispone los juicios cuyos predicados señalan lo correcto o incorrecto que pueden hacer/decir/omitir los objetos. Estos predicados evocan reglas que “suelen erigirse como reglas de la sociedad o como inherentes al quehacer mediático, y las combinaciones posibles entre ellas (v.g.: deberes del medio para con la sociedad)”(20).

- De utilidad: alinea los juicios cuyos predicados manifiestan las funciones que los objetos posibilitan en términos “instrumentales” a los sujetos. “Estas utilidades no son todas iguales: hallamos en nuestros análisis lo que hemos llamado ‘utilidad informativa’ (cuando se señalaban a estos canales como instrumentos de transmisión de noticias), ‘utilidad comunitaria’ (cuando sostienen que los canales de noticias sirven para auxiliar o remediar cuestiones que tienen que ver con la comunidad o determinados sectores sociales), ‘utilidad de cuarto poder’ (cuando sirven como una institución alternativa al aparato estatal que no les satisface), ‘utilidad formativa’ (cuando relacionan a estos canales con un provecho educativo, de enseñanza-aprendizaje o divulgativo de saberes con otra utilidad que la de la información de actualidad), entre otras de menor presencia (como las utilidades de “entretenimiento o placer”, o las de “contacto o comunicación con el resto de la sociedad”)”(21).

Los cuatro componentes valuativos, que funcionan como cuatro gramáticas de reconocimiento, permiten visualizar ordenamientos en función del ser, del hacer, del deber, y del poder de los objetos.

Las gramáticas de los objetos: los léxicos de un universo “mediático” y otro “no-mediático”

El análisis de los objetos desembocó en la identificación de algunas entidades cuyas trayectorias de reenvíos apuntan a diferentes condiciones de producción. Se identificaron así dos gramáticas de reconocimiento: una que hemos llamado “léxico mediático” y otra (por oposición) “léxico extra-mediático”.

La primera se compone de entidades cuya designación tienen una vida social casi exclusivamente mediática:

TN pasa la noticia, cubre... no quiere decir que no le interese o que no le haga caso, por ahí cumplen con un programa que tengan organizados ellos, y cubriendo distintas cosas; los de Crónica por ahí presentan las noticias, cubren donde los mandan y nada más (…) valoro un comentario que puede llegar a hacer un periodista de TN, o una pantalla que puede mostrar o un móvil que puede estar cubriendo, que lo que puede cubrir Crónica”. [L, 25]

“Y Telenoche para mí gusto tiene un enfoque más objetivo, pero hasta ahí nomás porque, en definitiva tampoco se juega por nada; o sea, yo con un noticiero soy, miro nada más que Telenoche y cuando quiero más o menos, al margen del diario, mirar algún noticiero en televisión, me parece que tiene un buen enfoque”. [P, 30]

“De Crónica me gusta la rapidez que tiene la primicia, porque realmente cubre muy rápido la noticia, todo. Sí, lo que más me gusta es eso. La rapidez con que dan la noticia, en el acto están siempre. Es un canal que por ahí da las primicias antes que otro. Se mueven muy rápido y tienen buena cobertura”.

“— ¿Considerás que están dirigidos a públicos distintos?

En cuanto a información los dos canales cumplen muy bien, son rápidos con la... muy bien con la información, cada uno en su estilo. Yo creo que en materia de información son los dos canales que más informan, informan más y mejor, porque Todo Noticias tiene una cobertura muy amplia, transmite 24 horas; Crónica también, está siempre muy rápido en la información. Sí, los noticieros los miro casi todos, miro los noticieros de otros canales, (…) Pero yo creo que lo más completo en cuanto a información serían estos dos, Crónica y TN”. [H, 46]

La segunda gramática, “léxico extra-mediático”, se compone de entidades cuya vida social no reenvía a un orden mediático, sino más bien a usos sociales “corrientes”:

“Ideal... lo primero que tendría que tener es decir la verdad, de no mentir, de no pasarse de lo que no es. Si pasa algo, que digan por ejemplo “tal y tal”, listo, que no sigan metiendo lo que no hay, para qué escarba si no hay”. [A,18]

“… que sean un poco más objetivos, digamos, o menos directos pero... Se puede ser directo de dos formas: directos mostrando o directos llevándote en la información, porque hay programas que te van llevando, entonces vos vas asimilándolo despacito. Una cosa es que te vengan hablando o te vengan diciendo 2 ó 3 minutos, 4, 5, pasó esto allá, que vos ya sabés lo que vas a ver, si no te gusta cambiás; no, “pasó crimen en barrio hipódromo, y te muestran las cámaras los tipos tirados chorreando, o masacrado un tren... Igual, con los quilombos que hay en todos lados, tenés que mostrarlo. Pero hay formas, ya te digo, hay formas de estar en la información o mostrar la información: a mí me gusta que me muestren la información, no que estén en la información”. [JM, 26]

“No, sí, me gusta más eso, que muestran las cosas mejores que el otro canal”. [M,18]

La diferencia estriba en que el “léxico mediático” constituye entidades (objetos) que tienen pocas posibilidades de ser por fuera de dicha circulación discursiva: cobertura, primicia, móvil, enfoque objetivo, tienen una dependencia directa del mundo de la descripción de objetos “mediáticos”. Por su parte, decir la verdad, mostrar, información, escarbar, comparten designación de entidades con otros ámbitos discursivos (de la vida cotidiana, del saber escolar, etc.). Podríamos, además, ensayar una comparación: no es lo mismo plantear que los noticieros “sean directos mostrando o directos llevándote en la información, porque hay programas que te van llevando, entonces vos vas asimilándolo despacito”, que decir de un canal que “es un canal que por ahí da las primicias antes que otro. Se mueven muy rápido y tienen buena cobertura”. Hemos señalado ya que las categorías de “primicia” y “cobertura” son típicamente mediáticas. Nacen en y por los medios. No así las de “ir llevándote” o “ir asimilando despacito”. Pero es importante aclarar que no estamos diciendo que se dice lo mismo con distintas palabras: directamente, se está hablando de otra cosa al usar categorías de órdenes (¿podemos tal vez pensar en juegos de lenguaje?) distintos.

En el ejemplo “…que muestran las cosas mejores que el otro canal” [M, 18], no se registra un reenvío necesario a una discursividad mediática como ocurre con “es un canal que por ahí da las primicias antes que otro. Se mueven muy rápido y tienen buena cobertura” [H, 46], ya que la acción “mostrar las cosas mejor” reenvía a universos pre-mediáticos o no necesariamente mediáticos; por su parte, “dar las primicias” y sobre todo “buena cobertura”, no tiene posibilidad, en estos términos, de ser otra cosa que una acción mediática.

Estas dos gramáticas de reconocimiento tienen su correlato, por ejemplo, en las zonas discursivas que refieren a la veracidad de la información de los canales de noticias. En el componente formal-estético se registraron tres modalidades o gramáticas: lo formal del canal respecto de sí mismo, respecto del mundo y respecto de un sujeto. Es curioso ver que para los juicios sobre la veracidad de las noticias, un juicio previsible, basado en una visión de la verdad como contraste con el mundo (lo que un resabio positivista habría de promover: que algo sea verdad porque la relación noticiero-mundo es la “adecuada”), en realidad no aparece. Por el contrario, en la mayoría de los casos la veracidad en los juicios (sobre el eje formal-estético) se funda en una puesta en relación de los canales de noticias con/entre sí mismos, y sólo en algunos, aparece la relación entre los canales y el sujeto-televidente. Veamos apenas algunos ejemplos:

“— ¿Qué es lo que más valorás de un canal de noticias?

La verdad. La verdad es que... la verdad es muy cuestionada respecto a los noticieros. Ahí tenés, siempre salen diferentes versiones de cada noticiero, y uno no sabe con qué quedarse, no sabe con cuál quedarse porque no sabe cuál es la verdad, pero creo que uno en ese momento, cuando escucha algo que lo cree, en ese momento no sabe si es la verdad. Creo que cuando pasa el tiempo, uno se da cuenta si éste tiene razón, si este noticiero tiene razón”. [D, 19]

“— ¿Qué es lo que más valorás de un canal de noticias?

Que tenga coherencia en lo que dice, que por ahí, te dicen una cosa hoy y que mañana más o menos te digan lo mismo, no te cambien…, que no se inclinen para el lado que le conviene informar, sino que sea objetivo, independiente (la típica, que generalmente muy pocos son), que sean objetivos, independientes, serios (no que sea divertido: que sean serios)”. [J, 22]

“— ¿Y qué es lo que más te gusta de TN?

Me gusta que pasan las noticias así, no como que va otro noticiero, va y te pone tanto y tanto. Esto te dice las cosas como son. Te muestra las cosas que pasaron (…) hay canales que te hacen eso, como que hay otra carta y no hay nada. Ellos te dicen la verdad: hay tanto-tanto y no hay más nada. Por eso miro TN, porque dice la verdad, no miente, a mí me parece un buen canal. (…) para mí miente Crónica. Miente, no te voy a decir que “para mí” miente: yo lo vi y lo escuché. (…) Si no tuviera mentiras y esas cosas, sería un lindo canal, pero como mienten, meten esas cosas feas que dicen ellos, se pasan de lo que no es. Porque, claro, para ellos es gracia mentir. Pero hay gente que, ponele, con la (carta) en todos los canales pasaron una y Crónica había pasado que había más datos y que no era; averiguaron y no averiguaron nunca más nada, como vieron que habían metido la pata, chau. Crónica dice muchas mentiras”. [A, 18]

Las gramáticas de los predicados: lo serio y lo sensacionalista

El análisis realizado en función de los predicados se centró en el uso de un grupo particular de términos, a saber, aquellos que califican/clasifican los canales de noticias: serio/seriedad, sensacionalista/sensacionalismo, amarillista/amarillo, y otros términos adyacentes (como catastrófico, exagerado, populista, especulativo, morbo, fatalista, respetuoso, y formal). En verdad, es evidente el reenvío a modos clasificatorios que recaen, no sólo sobre canales de noticias, sino sobre cualquier producto periodístico (televisivo o no).

En este punto surgió una vez más la necesidad de superar el mero registro de entrevistados que clasifican como serio o sensacionalista a uno u otro o ambos canales. Un trabajo que se propone como análisis discursivo debe poner en relación –en alguno de sus niveles de sentido– un discurso con sus condiciones de producción. Pues bien, ¿a qué reenvían estos términos? Ya hemos dicho que, en uno de sus niveles de sentido, a clasificaciones socialmente establecidas. Pero es notable la falta de coincidencia en las definiciones que los distintos entrevistados postulan acerca de qué entienden como serio, sensacionalista, etc., así como sobre las entidades que estos predicados recaen. Preponderantemente, se alinean sobre los componentes valuativos formal-estético y de verosimilitud (además de una débil presencia en el componente ético, y el de utilidad). Y en cualquiera de los casos, se observa que estructuran las mismas modalidades de relación entre sujetos y objetos que la generalidad de los juicios. Lo curioso no es esta homologación, sino la dispersión de sentido: la coincidencia en la terminología se contrasta con la pluralidad de definiciones de las categorías de los predicados.

Las gramáticas de los colectivos: lo público, lo privado y lo mediático

Durante el análisis de los colectivos -que examina las adscripciones/rechazos a otros sujetos por parte del sujeto del juicio-, registramos una serie de colectivos de diferentes referencias sociales agrupables, en función de lo explícito, del siguiente modo:

Colectivos Domésticos: familia/hogar, amigos.

Colectivos Territoriales: barrios, regional/local/nacional.

Colectivos Generacionales/de Géneros: joven/viejos, chicos, mujer.

Colectivos pseudo-Sociológicos: clases sociales, intelecto/cultura.

Colectivos Generalizantes: la sociedad argentina/los argentinos, persona normal.

Colectivos La Gente: “la gente (indefinido)”, “la gente (ciudadanos)”, “la gente” como mayoría/minoría.

Colectivos Mediáticos: gusto por determinadas cosas, preferencia por tipos o secciones de diarios, abonados al cable, televidentes.

Más allá de lo explícito, hay una reagrupación posible de estos colectivos en tres ámbitos institucionales(22). A estos tres ámbitos los hemos llamado privado, público y mediático(23). En el ámbito privado, identificamos a los colectivos domésticos y territoriales, los cuales reenvían a universos extra-mediáticos. Se trata de posiciones de sujetos que no se conforman en la relación con lo mediático (el barrio, la región, la familia, el hogar, los amigos); más bien parecen remitir a esos ámbitos que algunas corrientes de investigaciones de la recepción en América Latina han llamado “mediaciones” (aunque aquí no tiene un carácter teórico sino puramente clasificatorio).

En el ámbito público reagrupamos a los colectivos pseudo-sociológicos, generacionales y generalizantes que tienen en común una institucionalidad menos “física” o directa, más vertical y positivista; no remite a experiencias tangibles, sino a clasificaciones sociales del orden de un conocimiento institucionalizado (como la institución clase social, el grado de escolaridad o de intelecto, el ser argentino, el ser normal, la división sexual o generacional, o el particular caso del colectivo “la gente”) y que se constituyen en una mirada “macro-social”, a gran escala o a escala no experimentable de manera directa.

El tercer ámbito, que denominamos mediático, reagrupa a los colectivos que se componen de sujetos o grupos identificados a través de sus gustos mediáticos (v.g., tipos de programas), por tipos o secciones de diarios, o simplemente por ser “televidentes”. Estos colectivos, a diferencia de los anteriores, se constituyen exclusivamente en relación con los medios. Su relación con los ámbitos público y privado no es de exclusión sino de articulación con ellos.

Los predicados que exponen qué relación tienen estas filiaciones colectivas con el gusto son también de tres órdenes: al primero se lo describe como no-determinatorio del gusto individual (las descripciones respecto de lo que “a cada uno” le gusta no está determinado por las instituciones del “entorno”); al segundo se lo describe como determinatorio del gusto (predominan los juicios que entienden que una pertenencia de clase, un nivel de instrucción, una franja etárea, etc., determina las preferencias mediáticas), y el tercer tipo es inter-determinatorio: entre los medios y los sujetos funciona la “mano invisible” como ley de mercado entre oferta y demanda(24).

Para cerrar

No se ha expuesto aquí el análisis en producción -qué sujetos se construyen en los “contratos de lectura” de los canales Todo Noticias y Crónica TV- por cuestiones obvias de espacio. Por lo que quedará pendiente el juego de relaciones entre dicho corpus y el del análisis expuesto en el presente artículo. Sin embargo, se puede hacer un intento por sintetizar (con los desprendimientos que todo proceso de síntesis implica) volviendo sobre nuestros pasos en el camino del análisis, y ver que en general –bien en general– hay una convivencia discursiva de interpretantes desde un universo mediático y uno no-mediático, que se debaten y/o combinan en los discursos de los televidentes. En determinadas zonas discursivas (criterios de verdad, modos de descripciones/ evaluaciones/taxonomías, facultades y potencialidades sociales/políticas/cotidianas de los medios, etc.) los medios aparecen como con “vida propia”, y todos los horizontes del mundo de los sujetos parecen estar delimitados por los medios.

En otras zonas discursivas, los medios son meros vehículos o instrumentos “de” (información, educación, entretenimiento, etc.) para sujetos que se integran en otros órdenes. Los sujetos, pues, oscilan entre la posición de ser constituidos en/por los medios, y la posición en que los medios son meros anexos de su subjetividad, completada institucionalmente en otros ámbitos (en distintos entrelazamientos de acciones e inacciones, clasificaciones y desórdenes, instituciones y léxicos). Lo recurrente en estas oscilaciones es el traspasar de esas zonas discursivas a través de las “unidades naturales” que son las “personas”, gracias a cuya posición contraria, en la circulación discursiva “corriente”, se hace posible el sentido. Y eso, esa amalgama en fuga, es lo que constituye, en términos discursivos y sociales, el gusto.

Notas


* El presente trabajo pertenece al Proyecto de Investigación: “Condiciones de reconocimiento de los canales de noticias Todo Noticias y Crónica TV: Indagaciones sobre los consumos culturales y los prejuicios de gusto sobre los llamados periodismo ‘serio’ y periodismo ‘sensacionalista” llevado a cabo por el Lic. Gastón Cingolani, en el periodo 2000-2002 y dirigido por Eliseo Verón y Raúl Barreiros, en el programa de Becas de Iniciación a la Investigación Científica de la Universidad Nacional de La Plata.
[1] Este artículo es la síntesis de una etapa de la investigación “Condiciones de reconocimiento de los canales de noticias «Todo Noticias» y «Crónica TV»: Indagaciones sobre los consumos culturales y los prejuicios de gusto sobre los llamados periodismo «serio» y periodismo «sensacionalista»” dirigida por Eliseo Verón y Raúl Barreiros. Debo también la resolución de algunas problemáticas aquí planteadas a los aportes de Oscar Lutczak y Sergio Moyinedo.
[2] Nos permitimos varias citas de Verón: “…una gramática es un conjunto de reglas de la producción o del reconocimiento: pone en relación condiciones con elementos identificables en la superficie discursiva, elementos que llamamos huellas. Por consiguiente, una gramática describe un conjunto de invariantes discursivos”. (Verón, 1993:137) “…estas gramáticas no expresan propiedades “en sí” de los textos; más bien, ensayan representar las relaciones de un texto o de un conjunto de textos con su “otredad”, con su sistema productivo (social). Y este último es necesariamente histórico”. (Verón, 1995:20) “Las reglas que componen estas gramáticos describen operaciones de asignación de sentido en las materias significantes”. (Op. Cit., 129)
[3] “Es aquí, por supuesto, que una teoría del reconocimiento puede fácilmente articularse con una ‘sociología del gusto’, a la manera de Bourdieu. Las condiciones de reconocimiento conciernen entonces a las variables ‘objetivas’ en las que podemos identificar las categorías de lectores. Pero una misma configuración de estas variables ‘objetivas’ con gran frecuencia se asocia a muchas gramáticas de reconocimiento. Todo enfoque determinista que postule una causalidad lineal nos es desgraciadamente prohibido. Un cierto ‘determinismo mecanicista’ que se desprende de los análisis de Bourdieu –y que se le ha reprochado a veces– es resultado, en mi opinión, de la metodología sobre la cual se asienta lo esencial de su gestión: la encuesta sociológica. Esta última no es capaz de acceder a las variaciones de sentido en recepción, cuando se trata de la circulación de los ‘objetos culturales”. (Verón, 1988:14)
[4] “La propuesta herramental, que aquí se desarrollará, apunta a trabajar con la producción de sentido en los discursos en posición de consumo. Esto implica varias premisas: se conciben a los consumos como productivos; el estudio de los mismos debe partir de un trabajo de campo; como lo productivo se materializa en diferentes soportes empíricos (materias senso-perceptibles de diversa naturaleza, investidas de reglas sociales que le dan sentido) puede ser abordado a partir de su dimensión significante. Dada su aplicación a partir de técnicas cualitativas, esta herramienta no apunta a estructurar tipologías de espectadores o a clasificar modos de recepción; en todo caso, se da a sí la posibilidad de rastrear discontinuidades, fisuras, diferencias, a nivel de la producción de sentido en los consumos”. (Cingolani, 2001a.)
[5] El trabajo de campo se compuso de 34 entrevistas individuales en profundidad, y 6 etnografías familiares, durante 2000-2001, tomando diferentes grados de escolarización y ocupaciones, todos mayores de 17 años (sin límite de edad), residentes en el Gran La Plata, y abonados a algún sistema de cable o conexión satelital de televisión.
[6] Cingolani, Op. Cit.
[7] Ibíd.
[8] Cuestión desarrolla en Cingolani, 2001b.
[9] Cingolani, ibíd. Cf. Verón, 1995.
[10] Enunciada en varios de sus textos (v.g. Verón, 1974, 1988, 1995, 1999), y desarrollada de manera central en La semiosis social (1993).
[11] La teoría de la discursividad social entiende que el sentido no es ni transparente ni reductible a la intencionalidad de los sujetos (no es subjetivo), y, en tanto social y constituido dinámicamente en juegos de relaciones no lineales (y no como repertorio o reservorio de significados), tampoco es objetivo.
[12] Cf. Verón, 1993, 1995.
[13] Cf. Verón, 1993, 1995.
[14] Cf. Benveniste, 1971, 1985.
[15] Por hacer una breve nómina, Foucault, 1970; Ducrot, 1984; Verón y Fisher, 1986; Metz,1991; Steimberg, 1991; Kerbrat-Orecchioni, 1993; Parret, 1995.
[16] Pêcheux, 1978:48-49.
[17] Foucault, 1970:89-90.
[18] Cingolani, 2001a.
[19] Cingolani, ibíd.
[20] Cingolani, ibíd.
[21] Cingolani, ibíd.
[22] Entendemos aquí como “institucional” ampliamente a toda entidad u objeto referido o implícito, asimilable a algún orden social.
[23] No estamos decidiendo que los ejemplos aquí citados pertenezcan o conformen lo privado, lo público y lo mediático, entendidos en términos meta-teóricos (además, sabemos que estas clasificaciones jamás son definibles en términos puros). Esta denominación funciona como una clasificación formal, que pretende sintetizar diferentes recurrencias discursivas.
[24] A esta altura, tal vez haga falta recordar que todo esto no es “lo-que-ocurre-en-realidad” con “personas”, “instituciones”, “determinaciones”, etc., sino que se trata de lo que en los discursos de los entrevistados aparece en superficie y la posterior puesta en relación inter-discursiva por parte de nuestro análisis.

Bibliografía

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