María Silvina Souza




Comunicación y ciudad: La Plata y los sentidos
de las intervenciones sobre el espacio público*




Contenidos
Preguntas preliminares
Introducción
La modificación del escenario–Referencia
La Plata- El caso
Postulación–Fundamentos
Las voces–Intervenciones
La ciudad invisible y los lugares
El movimiento y los medios
Notas



Asistimos en la ciudad de La Plata a una serie de reformas que están alterando los tránsitos, los recorridos, las prácticas y las interacciones del espacio público. Frente a esto, consideramos que quienes llevan adelante este proyecto de intervención sobre los espacios urbanos están dejando de lado el papel fundamental que en la construcción de lo urbano, en su sentido simbólico, desempeñan los elementos identitarios, las representaciones colectivas que definen usos y acciones en la ciudad y los valores en torno de los cuales los grupos son convocados y se autoconvocan. Es por eso que el presente trabajo plantea el análisis de este fenómeno, no ya desde una perspectiva meramente arquitectónica o urbanística –análisis al que nos tienen acostumbrados, en el mejor de los casos, quienes planifican los sentidos de la intervención sobre el espacio urbano de esta ciudad–, sino desde la comunicación, entendiendo que es necesario construir las transformaciones desde múltiples miradas, e incorporar definitivamente a los proyectos de renovación urbana aquellas disciplinas que abordan el estudio del hombre desde perspectivas complementarias que enriquecen y profundizan el sentido que dichas transformaciones tienen para una comunidad determinada.

Preguntas preliminares

1- ¿De qué manera la Comunicación Social puede abordar un tema tan complejo como la ciudad, entender el sentido de sus transformaciones y hacer un aporte significativo al estudio de los procesos de intervención urbana sobre la base del análisis de los espacios públicos de comunicación?

2- ¿Cuáles son los usos, percepciones, representaciones e imágenes que los habitantes de La Plata se hacen de su ciudad?

3- ¿Cuáles son los nuevos modos de relacionarnos, integrarnos y distinguirnos en los lugares públicos?

4- Las prácticas de consumo cultural ¿comportan un ejercicio de la ciudadanía?

5- Aquellos que propician los proyectos de intervención sobre el espacio público platense ¿tienen en cuenta que estos expresan la existencia de diversas matrices culturales cuyos actores participan activamente en la conformación de la cultura urbana? O, por el contrario, ¿solamente lo consideran como estructuras urbanas, arquitectónicas y/o paisajísticas desprovistas de las apropiaciones simbólicas que sobre ellas se entretejen y sobre las cuales se negocia un sentido?

6- En el contexto “propuesto”, ¿cómo podemos enfrentar la dimensión comunicativa y cultural de lo público, siendo capaces de superar esa visión patrimonialista-monumentalista y metafísica en el tratamiento de la ciudad cultural/comunicacional?

Introducción

La descripción y el análisis de los proyectos de intervención sobre la ciudad como espacio público y lugar de comunicación, constituyen el objeto de indagación del presente trabajo.

Cuando se hace referencia a “comunicación” se lo hace desde una perspectiva amplia y enriquecedora, otorgando a las prácticas comunicacionales el sentido de la comunión: participación en lo que es común(1); disminuyendo de este modo el recorte epistemológico que puedan tener otras concepciones, teorías o conceptualizaciones acerca de la comunicación o los procesos comunicacionales, sobre todo aquellas que restringen su sentido al estudio de los medios. Asimismo, cuando se habla de “espacio público” se lo hace referencia a aquello que es del común de la sociedad, en contraposición a lo privado.

En este sentido resulta necesario introducir una de las líneas de investigación emergentes dentro del campo de la comunicación en América Latina: comunicación y ciudad. Temática que señala problemáticas concretas de estudio y que constituye miradas multidisciplinarias para abordarla, anticipando un encuentro entre disciplinas que han llegado a plantearse preguntas similares desde sus propios ámbitos de desarrollo conceptual.

La crisis de la modernidad, tal como indica Jesús Martín-Barbero (1994), arrancó en la ciudad, por tanto ha pasado a ser ese lugar clave en el cual se hace evidente, más que en ningún otro, “la crisis de lo público”: el estallido de lo que entendíamos por vida, ambiente y lugares públicos. Lo privado y lo público se entremezclan; el horizonte simbólico de los espacios públicos de comunicación se ha desplazado hacia el consumo domiciliario de nuevas tecnologías de comunicación. Se puede hablar de una crisis, pero no acerca de la pérdida de la vida pública sino de los problemas de no haberle puesto atención en forma crítica a su transformación.

Más que nunca, la ciudad se está volviendo una especie de encrucijada donde percibimos que se concentran, sintetizan y contradicen la mayoría de las dimensiones que se afirman sobre una comunidad interpretativa; esto es, redes del intercambio plural donde todos participamos en la configuración de un país que aspiramos a vivir en común. Una de las maneras de comprender lo que son las ciudades como “acontecimientos públicos” es mirándolas como espacio de comunicación.

La definición histórica de lo urbano no está hecha sólo por los cambios en los volúmenes de lo edificado sino también por la transformación en los usos, en las percepciones, representaciones e imágenes que la gente se hace de su ciudad. Y esto significa que estudiar los espacios públicos como acontecimiento cultural comunicacional implica admitir que en el consumo de la ciudad se construye parte de la racionalidad comunicativa e integrativa de una sociedad.

La modificación del escenario–Referencia

Se tomará como punto de partida un concepto que introduce Ana Núñez(2) en su trabajo sobre el espacio social marplatense titulado Los unos y los otros en la lucha por la apropiación del espacio. Conforme al análisis de Núñez, hasta la crisis del modelo de acumulación fordista, el Estado tenía un rol decisivo en los procesos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo, donde la instrumentalización de las decisiones respondía a un proyecto político. En los estudios urbanos, se hablaba de la urbanización de la pobreza, dentro del marco teórico de las Estrategias familiares de vida. Hoy, cuando las relaciones económicas son impuestas políticamente, los estudios urbanos han virado hacia el análisis de los nuevos emergentes que provoca el actual régimen de acumulación capitalista. Concretamente, la investigación urbana se ha centrado en el espacio de los flujos o la ciudad informacional, global y dual.

Este economicismo sobre la base del cual se toman decisiones políticas (a la inversa de lo que ocurría hasta los albores de la década de 1970), encuentra su correlato en un objetivo explícito: mejorar la productividad urbana, con gobernabilidad y sustentabilidad pero a través de un ajuste estructural; proceso que, como se sabe, ha agravado y acentuado la exclusión social. Así, la cuestión urbana es también una cuestión netamente económica: se piensa que la ciudad es por donde pasará el crecimiento económico; por lo tanto, hay que aumentar su productividad y hacerla eficiente, a partir de reducir el Estado y refundar el mercado. Esto genera un modelo de gestión urbana basado en la privatización y el plan estratégico. Se propone, discursivamente, la concertación para proponer ejes estratégicos de desarrollo para la ciudad pero que, en realidad, responden a intereses particulares, ya que hoy se interviene sobre fragmentos propicios para la inversión privada, en ausencia de un proyecto de ciudad. Se conjuga un trío compuesto por mercado-ciudad-Estado; hay una modificación del escenario, pasando del político al económico mercantil, reduciendo el concepto de ciudadano al de mero consumidor-usuario-contribuyente, lo que permite hablar, ahora, de una pobreza de la urbanización(3).

La Plata–El caso

Este análisis se sitúa en las transformaciones del espacio urbano en la ciudad de La Plata a partir de un objetivo central: su declaración como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO.

En junio de 1999 el Gobierno Nacional envió a la UNESCO la candidatura de la ciudad de La Plata para ser declarada “Sitio del Patrimonio Mundial”. Se trata de la culminación de un proyecto iniciado a fines de 1995 por la Fundación CEPA (Centro de Estudios y Proyectación del Ambiente) y que fuera asumido por el gobierno municipal.

CEPA, encaró la propuesta basada en su experiencia desde 1974 en proyectos urbanísticos y de desarrollo sustentable. En este proceso también estuvo vinculada a distintos programas de la UNESCO en materia de conservación del patrimonio natural y cultural, así como a iniciativas del mismo tipo en la ciudad de La Plata, como el proyecto del Eje del Centenario de 1982 que unía edificios de valor patrimonial con propuestas contemporáneas, restituyendo las características ambientales del área. A partir de 1996 comenzó la elaboración técnica de la propuesta, y a comienzos de 1998 se produjeron las sanciones legislativas que fueron avaladas por Ley Provincial y Ordenanza Municipal, declarando a la ciudad Patrimonio de la provincia y el municipio respectivamente, y Decreto y declaraciones de interés del Poder Ejecutivo de la Nación y las Cámaras de Diputados y Senadores.

La Convención para el Patrimonio Mundial Cultural y Natural es una de las tres convenciones de la UNESCO relativas al patrimonio cultural y fue adoptada por la Conferencia General en 1972; actualmente integran la Lista de Patrimonio Mundial 582 bienes ubicados en 114 estados. Una vez recibidas las propuestas, el Comité de Patrimonio Mundial, que es el órgano a cargo de la Convención, las transmite a las organizaciones no gubernamentales que se ocupan de los bienes naturales: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza –UICN–, o de los bienes culturales; el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios –ICOMOS–; o a ambos, en caso de bienes mixtos. La evaluación se realiza antes del 1º de abril del año siguiente a la presentación. Entre diciembre y marzo, especialistas del ICOMOS y la UICN visitan cada bien, toman contacto con los técnicos y especialistas locales, con las autoridades y con la población involucrada y emiten una evaluación. Las propuestas y los trabajos de los especialistas son examinados por el Bureau en julio y finalmente en diciembre el Comité inscribe o no a los bienes en la Lista de Patrimonio Mundial. En el caso de La Plata, los expertos de la UICN y del ICOMOS realizaron su misión durante el mes de enero de 2000; la primera chance se perdió, pero el Ejecutivo municipal consiguió en la UNESCO una prórroga de dos años para intentarlo otra vez.

Según la Convención para el Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO todo monumento, sitio o conjunto urbano propuesto debe poseer un valor universal excepcional, responder al criterio de autenticidad y beneficiarse con una protección jurídica y mecanismos de gestión que aseguren su conservación. Los valores a considerar son los culturales de identidad, basados en el reconocimiento; técnicos y artísticos, basados en la investigación; de originalidad, basados en estadísticas; y los socio-económicos actuales, económicos, funcionales, educativos, sociales y políticos.

En la recomendación de la UNESCO relativa a los conjuntos históricos y su función en la vida contemporánea, aprobada en Nairobi en 1976, se señala: “...cada conjunto histórico y su medio deberían considerarse globalmente, un todo coherente cuyo equilibrio y carácter específico dependen de la síntesis de los elementos que lo componen y que comprenden tanto las actividades humanas como los edificios, la estructura espacial y las zonas circundantes. Así pues, todos los elementos válidos, incluidas las actividades humanas (por modestas que sean), tienen en relación con el conjunto un significado que procede respetar”.

La autenticidad es un aspecto crucial de la evaluación. Generalmente se le atribuye autenticidad a un bien cuyos materiales son originales y genuinos –cómo fue construido– y tomando en cuenta que ha envejecido, se ha deteriorado y cambiado a lo largo del tiempo. La autenticidad puede verse amenazada por la destrucción de estratos históricos, el reemplazo de elementos originales y la adición de elementos no compatibles. Existe autenticidad de diseño, de los materiales, de la construcción y del emplazamiento.

Postulación–Fundamentos

La Plata es un caso paradigmático por su creación planificada, en 1882. Cuando en 1880 se decide convertir a la ciudad de Buenos Aires en capital federal, fue necesario definir y construir una nueva capital para la provincia. La empresa, liderada por el gobernador Dardo Rocha y diseñada por el ingeniero Pedro Benoit como Jefe del Departamento Topográfico de la provincia, llevó a la inauguración de la nueva capital en 1882, en el sitio denominado Lomas de la Ensenada, a sólo 60 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Puesta la piedra fundamental y comenzada la construcción, en 1889 la ciudad ya contaba con 60.000 habitantes.

A los valores histórico/políticos de la iniciativa de una nueva capital se aunaron los valores de su modelo urbanístico/ambiental y los estéticos/monumentales. La Plata logró así, una creativa integración del arte urbano neoclásico imperante en el siglo pasado, con los valores higienistas –hoy se diría ambientales– más avanzados de la época, sin descuidar la tradición de la hispánica en cuadrícula que ya marcaba la identidad de los asentamientos en Iberoamérica(4).

Para quienes llevan adelante este proyecto, en La Plata concurren varios de los criterios principales que utiliza la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO para estos casos: se conserva auténtica e intacta en el trazado urbano del casco fundacional, y en muchos de sus palacios y conjuntos monumentales; su gesta fundacional fue excepcional como acontecimiento humano y cultural; contiene una gran singularidad por su modelo urbanístico ambiental de avanzada efectivamente realizado y conservado hasta la actualidad(5).

El proyecto técnico desarrollado por CEPA, con el concurso de lo que se denominó Grupo Ampliado de Trabajo (unos treinta expertos en la materia de la misma ciudad), seleccionó ocho componentes principales a conservar y poner en valor:

1- Casco con anillo perimetral: ciudad progresista e higienista. Ciudad regular geométricamente trazada. Recinto definido y acotado. Modelo abstracto y concreto. “Ciudad Nueva Exitosa”.

2- Macrotrama de espacios abiertos: la ciudad concebida como una trama de espacios abiertos públicos, planificados para dar calidad y funcionalidad a la relación articulada entre los espacios privados. Roles: circulación, ventilación, forestación, recreación, servicios públicos, infraestructura, ornato urbano.

3- Trama diagonal: sistema de conexiones rápidas periferia–centro. Articuladores de tránsito.

4- Manzana compacta y equilátera: parcelamiento uniforme y definición clara del espacio público y privado. Tipología edilicia compatible con la manzana compacta, el alineamiento de fachadas y la respuesta a los usos dominantes y al clima templado y húmedo. Paisaje cultural arquitectónico de alta unidad morfológica, con diversidad estilística.

5- Calles con veredas anchas y arboladas: canales amplios de tránsito vehicular. Canales de ventilación y fresco. Importante forestación sistemáticamente alineada (escala de identidad). Espacio de pertenencia e interacción barrial.

6- Eje monumental: concebido como Eje Cívico de la ciudad. Su jerarquía resulta enfatizada por edificios monumentales y por el Paseo del Bosque.

7- Palacios rodeados de jardines: el objeto de referencia institucional. La representatividad. Constituye el sistema de polarización del crecimiento.

8- Centralidades distribuidas: consolidación del núcleo barrial mediante la distribución de actividades. Ámbito de encuentro social, comunicación y cultura. Hitos edilicios en el paisaje urbano(6).

Esos ocho componentes van desde la concepción unitaria de todo el casco a los edificios y conjuntos monumentales, los atributos del paisaje urbano ambiental y su funcionamiento y la consideración del patrimonio arquitectónico menor.

Las voces–Intervenciones

Según el subsecretario de Planeamiento Urbano de la Municipalidad de La Plata –arquitecto Ariel Iglesias– se han desarrollado acciones indirectas de planificación urbana y conservación patrimonial “que constituyen un marco sustancial para la postulación de La Plata como Patrimonio Mundial”(7). Entre esas acciones, nombra las siguientes:

- El proyecto de Ordenamiento Territorial y Usos del Suelo, en el que se enmarca el capítulo correspondiente a las zonas de preservación dentro del partido.

- La propuesta de racionalización, optimización y reducción de tarifas de Transporte Público local.

- El ordenamiento y eliminación de publicidad estática en la vía pública(8).

Asimismo, el funcionario público cita las acciones directas que se llevaron a cabo para obtener la postulación:

- El completamiento del anillo de circunvalación en la zona sureste.

- La puesta en valor de espacios urbanos públicos relevantes para el trazado de La Plata, como la recuperación de la Plaza Islas Malvinas, bulevares de Avenida 13 y Diagonal 73.

- Acciones de renovación urbana, como el tramo experimental de Avenida 51, entre 7 y 8, y la calle peatonal y comercial (8 entre 47 y 51).

- La disposición 75/95 en la que se enuncia un listado –dentro del Casco Fundacional– de obras privadas a preservar con sus características originales.

- La recuperación del edificio del Casino de Oficiales inserto en Plaza Islas Malvinas.

- El plan maestro y el proyecto integral de reestructuración del Cementerio municipal y preservación del Portal Fundacional.

- La recuperación de la confitería del Paseo del Bosque.

- El proyecto y construcción del Pasaje Dardo Rocha, recuperándolo como centro cultural.

En la ciudad de La Plata se está dando, además, otro tipo de intervenciones espaciales que, diferencialmente a las ya planteadas, no tienen que ver con los orígenes de la ciudad y la preservación o conclusión de obras proyectadas en la fundación. Entre las acciones más significativas que se emprendieron y se emprenderán en este sentido se encuentran:

- La terminación de la Autopista Buenos Aires-La Plata.

- La construcción del Estadio único.

- La construcción de la Terminal Ferroautomotor.

- La refuncionalización del aeropuerto.

- La construcción del Puente Colonia-Punta Lara.

- La construcción de la Ruta 6.

Frente a este primer contexto –enmarcado en las transformaciones espaciales realizadas o proyectadas con el fin de obtener el reconocimiento de la UNESCO– se realizó un taller con aplicación de cuestionario a un conjunto de personas seleccionadas de acuerdo a criterios de pertenencia barrial; técnica que se considera adecuada para obtener información que involucre opiniones, percepciones, experiencias y conocimientos de diversos actores respecto de la temática abordada. Luego de responder el cuestionario de manera individual se presentaron los principales resultados al grupo, que se constituyó a partir de eso momento en taller propiamente dicho, para discutir esos resultados y profundizar en su análisis.

Vale aclarar que con esta técnica lo que se gana en profundización y comprensión se pierde en representatividad, lo cual puede relativizarse bastante (aunque no pueda medirse cuánto) si se tiene en cuenta que la selección de los participantes fue bastante cuidadosa respecto de los criterios de pertenencia mencionados. Así el taller se desarrolló con 30 vecinos de barrios que representaban la periferia (10), el centro (10) y el microcentro platense (10)(9).

De esta forma, el plano quedó subdividido de la siguiente manera:



Respecto del espacio público, algunos, aún de manera incipiente, se han abocado a encontrar su lugar y singularidad dentro del contexto de sectores, atributos o componentes de las formulaciones de perspectivas de ciudad (20 % del total de participantes del taller) y otros, por el contrario, han dictaminado que en nada se diferencia de los demás soportes del funcionamiento de la urbe (26,66 % del total de participantes del taller). Unos pocos piensan que sobre su conceptualización, difusión, cultura y construcción se puede refundar la ciudad para el siglo XXI (30 % de los participantes del taller encuadrados dentro de la categoría “microcentro” y 20 % de los encuadrados dentro de la categoría “centro”), pero se ven enfrentados a los más que consideran un absurdo tal formulación dadas las distancias que con respecto al ámbito de la rentabilidad económica presenta su misma esencia: el disfrute y no la productividad (100 % de los participantes encuadrados dentro de la categoría “periferia”, 70 % de los encuadrados dentro de la categoría “centro” y 70 % de los encuadrados dentro de la categoría “microcentro”).


Respecto de la participación de la comunidad en el diseño de políticas de intervención sobre la ciudad, la mayoría coincidió en que no ha sido una gestión participativa y que, por el contrario, se ha circunscripto a la actuación de políticos y especialistas(10) (93,33 % del total de participantes).

La ciudad invisible y los lugares

Al parecer, nuestras conversaciones sobre la urdimbre cultural se están convirtiendo en algo que se asemeja cada día más a un intercambio entre planificadores. Como si la cultura de la ciudad por la que vivimos, pensamos y actuamos significativamente en la vida social y las imágenes que organizan, nombran y definen el uso del espacio público urbano fuesen exclusivamente asunto de burócratas, leyes, ordenanzas municipales, subsidios culturales, arreglos organizacionales y transacciones de mayor o menor cuantía entre instituciones.

Existe un “orden” –entendido como inmovilidad, despegándose del tiempo y el espacio– que subyace permanentemente en las ideas de cultura e identidad que promueven quienes analizan las prácticas de esta ciudad para plasmarlas en un proyecto que, al parecer, sólo se centra en un reordenamiento urbano que afectará intereses políticos y económicos.

En este sentido retomamos una idea que trabaja Jesús Martín Barbero acerca del paradigma informacional, inscripto en la teoría matemática de la comunicación desarrollada inauguralmente por Shannon y Weaver hacia fines de la década del cuarenta.

Barbero sostiene que lo que durante años fue sólo un “modelo teórico” de comunicación, hoy es parte constitutiva de la estructura y la experiencia urbana. Se trata del paradigma informacional desde el que está siendo ordenado el caos urbano por los planificadores. La comunicación que hegemoniza hoy la planificación de las ciudades es la del flujo: de vehículos, personas e informaciones. “La verdadera preocupación de los urbanistas –dice Barbero– ya no será que los ciudadanos se encuentren sino todo lo contrario: ¡que circulen!”. Hoy una ciudad bien ordenada es aquella en la cual el automóvil pierda menos tiempo. Como el menor tiempo se pierde en línea recta, la línea recta exige acabar con los recodos y las curvas, con todo aquello que estaba hecho para que la gente se quedara, se encontrara, dialogara o incluso se pegara, discutiera, peleara. Vivimos en una ciudad “invisible” en el sentido más llano de la palabra y en sus sentidos más simbólicos.

Cada vez más gente deja de vivir en la ciudad para vivir en un pequeño entorno y mirar la ciudad como algo ajeno, extraño (Martín Barbero, Jesús, 1991).

Durante las últimas cuatro décadas, la renovación y puesta en valor de las áreas deterioradas de las ciudades han sido una preocupación permanente de las políticas de intervención urbana en países como Estado Unidos, Canadá e Inglaterra (Carmon, 1999). En los países de América Latina, en cambio, estas intervenciones son mucho más recientes. Las primeras evidencias de rehabilitación de los centros de estas ciudades datan de finales de los años 70. Las mismas surgieron fuertemente asociadas a las políticas de preservación del patrimonio edilicio que muchas ciudades latinoamericanas heredaron de los tiempos de la colonia (Jones and Valey, 1999; Cabrales Barajas, 1999; Rojas, 2000). Dichas políticas se encuadran en las estrategias que se plantean los gobiernos locales para “mejorar” el uso de las zonas centrales de las ciudades a partir de su transformación y rehabilitación y del crecimiento de las actividades de servicios. En este sentido, el contexto histórico-geográfico de cada barrio y su valor cultural parece constituir una condición fundamental en la generación de dichos procesos (Lees, 1994; Scarpaci, 1998; Ward, 1998). Los gobiernos locales, preservando ciertas particularidades vinculadas básicamente al patrimonio, al estilo arquitectónico y al paisaje urbano característicos de un área, impulsan la implementación de intervenciones económicas en el espacio público. A veces, estas intervenciones corren por cuenta exclusiva de los gobiernos, otras éstos impulsan futuros procesos de inversión privada desde un puntapié inicial de inversión pública o bien se constituyen acciones conjuntas con empresas privadas.

En este tipo de enfoque de las políticas urbanas, la preocupación no parece girar tanto en torno a la gente y sus necesidades sino estar centrada, más bien, en cómo mejorar los usos y el valor del suelo urbano. De este modo, el compromiso con los problemas sociales y económicos de los antiguos residentes de las áreas centrales de la ciudad es sustituido por el afán de alcanzar rentabilidad comercial y financiera para el sector privado en dichas áreas de la ciudad (Cameron; 1992). Se plantea entonces una pregunta clave que surge del análisis de los procesos de renovación urbana: ¿quiénes son sus beneficiarios?

Las políticas de renovación de las áreas centrales de la ciudad generan un incremento del valor del suelo urbano que se acentúa a medida en que se concreta la realización de obras de mejoramiento de infraestructura y rehabilitación edilicia y se desarrollan actividades vinculadas al consumo. Los trabajos que analizan estos procesos presentan puntos de vista contrapuestos con respecto a los resultados beneficiosos o no que estos producen y a su impacto en las ciudades y sus habitantes. Para algunos autores, dichos procesos deben ser evaluados positivamente en la medida en que contribuyen a alcanzar metas más generales a través de la aplicación de políticas en nivel local. Quienes los consideran negativos, los identifican como causantes de situaciones de fragmentación en la medida en que producen el desplazamiento de las comunidades originales residentes en los barrios centrales de las ciudades.

El movimiento y los medios

La realidad urbana de la ciudad de La Plata y su configuración pública actual parece deslizar su significado con una demanda global de sentido: el “nosotros”. Desde este plano, la demanda del “nosotros” se concretiza en la necesidad imperante de afirmar los “lugares propios” (Augé, Marc, 1993) como deseos de arraigo, pertenencia, identidad y memoria colectiva a través del fortalecimiento del espacio público. Y, en términos de formulación de estrategias relacionadas con la puesta en valor de los espacios y de los centros simbólicos-emblemáticos de la ciudad, se hace imperativo este reforzamiento de lo público: las calles, los malos olores, los mitos cromáticos, los avisos y graffitis y sabores de la urbe como escenarios de la argumentación comunicativa y afirmación de una heterogeneidad socio-cultural desde el punto de vista ciudadano (Silva Téllez, Armando, 1993). En efecto, es en las ciudades donde se percibe con mayor claridad la dificultad de los vínculos existentes entre la sociedad civil y el Estado a nivel local y, por supuesto, la búsqueda de nuevos significados sociales como correlación de fuerzas que se redefinen en el tiempo (a lo largo de la historia) y en el territorio pero, sobre todo, la crisis de la Dimensión de “lo público” a través de una suerte de descorporización del cuerpo-espacio que afecta el sentido de identidad como origen, evolución y proyecto.

Podemos identificar lo público en la ciudad con aquel escenario, configurado por variadas realizaciones humanas, en donde cada habitante representa su rol ante espectadores anónimos; espectadores que a su vez están representando sus respectivos roles. Es el espacio entonces que pertenece a todos sin ser de ninguno, el espacio de las contradicciones, el espacio del encuentro y desencuentro, de la comunicación e incomunicación, de la fama y el anonimato, de la movilidad e inmovilidad, del conjunto y el fragmento. En síntesis, es el espacio al cual se puede acceder sin restricciones; simbólica diferenciación con lo privado.

Una sociedad urbana hegemónica puede ser excluyente tan sólo en el campo nominal, pues no puede impedir que dentro del escenario social de la ciudad se encuentren los diferentes grupos sociales provenientes de la “periferia” y el lugar “exclusivo” y se produzca un roce diario de diferentes manifestaciones de cultura y temporalidades (Avedaño Triviño, 1997).

El espacio público, sin importar el sector al que pertenezca, contiene de manera potencial, aunque matizado con particularidades locales, las señales que caracterizan a esa compleja ciudad. Dentro del gran contexto de ciudad, el espacio público, como lugar de encuentro, de comunicación, de desarrollo de las relaciones sociales, de ejercicio de la democracia, ha sido transformado por la movilidad de sus habitantes y deslocalizado con el avance y desarrollo de los medios.

Hoy se está redefiniendo la utilización del espacio público urbano. Se está perdiendo su sentido de lugar de concentración e identidad colectiva y se va convirtiendo en continuidad dispersiva perteneciente a propios y extraños. En lo público se van imponiendo otras funciones, menos socializantes quizá, pero sí más pragmáticas (funcionalistas). Hoy tratamos al espacio público como lo que no pertenece a nadie y que controla la administración de la ciudad, lo que circunda y permite la utilización de lo privado: el andén, la calle, la autopista. Incluimos algunas veces a residuos de zonas verdes, en donde nostálgicamente se colocan escaños y hamacas para poderlos llamar parque y no basurero, pero que no frecuentamos por la inseguridad reinante. Lo demás todo lo construimos, pues la prioridad dentro del desarrollo urbano la tiene lo rentable, lo construido, lo privado. Lo público nos queda como ese espacio que posibilita la utilización de lo construido, espacio que permite la circulación y el acceso sin restricciones.

El ciudadano disfruta cada día más del espacio público que puede tener en casa, cada vez menos sale a la calle a desarrollar formas de sociabilidad y sí más a cumplir rituales de movilización que la vida urbana le exige: trabajar, estudiar, abastecerse. Pasa del dominio privado al público, y en este último incursiona dentro de la ahora actividad fundamental del espacio público urbano: el desplazamiento y la rapidez. El desplazarse por la ciudad ofrece al ciudadano dos roles básicos: uno protagónico, conducir un automotor y uno secundario y sacrificado, ser peatón o pasajero. Asume el ciudadano su rol y diariamente emprende su peregrinación, centrando su atención sólo en dos puntos geográficos: un lugar de origen y un lugar de destino; el recorrido desvanece lo urbano y enfatiza el tiempo y la rapidez; el primero, obstáculo y enemigo que lo separa de su destino; el segundo, posibilidad para alcanzar múltiples objetivos.

El espacio público urbano se empobrece para la vida ciudadana, pues se está reduciendo a las vías, troncales y autopistas, por donde se puede desplazar el automóvil sin obstáculos, ya que es él quien dentro de la ciudad de hoy ha asumido el rol protagónico.

Los espacios públicos urbanos son ante todo escenarios dentro de los cuales actores anónimos ponen en escena episodios de vida urbana. Escenario, escena y actor son elementos definidos por una época, un lugar, una condición económica, son elementos interactúantes dentro de la gran ciudad, los cuales se deben observar simultáneamente para poder comprender las manifestaciones de vida ciudadana que emergen en cada fragmento de ciudad.

Notas

* El presente trabajo pertenece al Proyecto de Investigación: “Comunicación y espacio público: circulación, recorridos y encuentros. Análisis y propuestas de interpretación de los discursos oficiales y los cruces con las voces callejeras” llevado a cabo por la Lic. Silvina Souza, en el periodo 2001-2002 y dirigido por el Lic. Carlos J. Giordano, en el programa de Becas de Perfeccionamiento en Investigación Científica de la Universidad Nacional de La Plata.
1 Diccionario General de la Lengua Española Vox. BIBLOGRAF S.A.
2 Docente-Investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Master en Ciencias Sociales, FLACSO.
3 NÚÑEZ, Ana. “Los unos y los otros en la lucha por la apropiación del espacio”, 11 de julio, 2001. http://www.naya.org.ar/congreso2000/ponencias/Ana_Nunez.htm.
4 Cuaderno del ICOMOS Argentina Nº 2. Municipalidad de La Plata, septiembre de 1999.
5 Idem.
6 Idem.
7 Idem.
8 “Completando el trabajo de resguardo del Espacio Público se han promulgado ordenanzas para la actuación y la formulación de decretos en temas de competencia de publicidad que contemplan el saneamiento de la polución visual, encarando un trabajo paulatino de remoción de pantallas y cartelería en vías de acceso y área central de la ciudad, que conjuntamente con la revaloración del mobiliario urbano, colocación de nuevos refugios de pasajeros para el transporte público proponemos la recuperación del paisaje urbano y revaloración de su arquitectura”. Cuaderno del ICOMOS Argentina Nº 2. Municipalidad de La Plata, septiembre de 1999, pp. 8 y 9.
9 Para conceptualizar estos tres grupos nos servimos más que nada de las características espaciales del plano de la ciudad, es decir, de proximidad o lejanía respecto del centro geográfico de La Plata, tratando de aprovechar las circulaciones que propone de sus calles, avenidas y diagonales, sin dejar de tener en cuenta aquellos accidentes que actúan como “barrera” (vías del ferrocarril, por ejemplo).
10 Al pedirles que aclaren qué entendían por especialistas, los participantes se refirieron a ingenieros, arquitectos y “gente que estudia el impacto ambiental”.