Guido Pirrone




Sujetos sociales y prácticas comunitarias.
Los comedores en la ciudad de La Plata*



Los clubes del trueque
 -La crisis del proyecto
 -La crisis en los relatos de los sujetos
Los comedores
-El proceso de creación de un Comedor
-La diversificación de actividades en los comedores
-Lo que se desprende de las acciones y actividades en los comedores
Algunas conclusiones
 -Qué conocimiento se genera
 -Un nuevo sujeto social
Bibliografía
Notas
  
El presente artículo es el reflejo del trabajo realizado durante 2003 y 2004, en el marco del proyecto "La producción de conocimiento en los nuevos espacios de participación social. El caso de los comedores barriales y los clubes de trueque en la ciudad de La Plata 2002-2004", donde se registra y expone la labor realizada junto con las actividades que se llevan adelante en los Comedores Comunitarios y se expondrá brevemente la situación de los Clubes de Trueque de la ciudad de La Plata en el marco de esta investigación, ya que por diferentes razones se ha decidido no trabajar con estos espacios en la profundización de la indagación.

Sobre este último espacio como lugar de socialización trunco podría escribirse un artículo similar sin mucho esfuerzo, es por eso que sólo me limitaré a hacer mención a algunas de las cuestiones por las que en esta oportunidad los Clubes de trueque no forman parte del análisis.

En lo que sigue se presentará una breve descripción de los comedores comunitarios haciendo especial hincapié en las actividades que en estos se realizan, junto con un primer análisis de cómo estas actividades se constituyen en la base para la conformación de una nueva forma de ciudadanía y un nuevo sujeto social. La producción y socialización de los conocimientos que en estos espacios se lleva a cabo dará cuenta de la constitución de un sujeto activo y participativo, conciente de su potencial transformador.

El análisis de los datos recabados si bien no es concluyente, esboza ya algunas líneas por donde anclar esta investigación. La constatación del potencial y el capital social en los espacios indagados da cuenta de una forma alternativa de pensar lo político como práctica solidaria y comunitaria, que busca el mejoramiento del entorno de los individuos insertos en estos espacios.

Un nuevo sujeto social se está formando en este tipo de proyectos, un sujeto activo y con una idea de transformación posible que fue madurando y que de hecho se sigue haciendo a la luz de la crisis en que se vio sumido el país. El desafío es, en este sentido, encauzar el potencial transformador y la participación en pos de unos objetivos claros, concretables y prospectivos. El temor a la formalización y la inclusión en estructuras de poder tradicionales está fundado en la pérdida del capital social solidario y cooperativo que en principio se genera.

Los clubes del trueque

A manera de recuperar algo del análisis ya realizado en otras oportunidades, se procederá a explicar brevemente el porqué de la caída de los clubes de trueque como espacio de análisis y de participación social.

 -La crisis del proyecto

“Los tiempos de expansión fenomenal acabaron estrepitosamente en manos de la falsificación de créditos, que acarreó una hiperinflación galopante, que casi hizo quebrar el sistema. Los miles de nodos o clubes fueron invadidos por especuladores y oportunistas llenos de créditos, sin ninguna mercancía, o llenos de objetos usados, que fueron vaciando de contenido al sistema”.

Si bien es necesario situar temporalmente este momento definido como crisis caída del Club del Trueque, es pertinente considerar que debe entenderse que ésta no se da repentinamente, sino que hay que pensarla en términos de proceso. Hay momentos en los que las crisis estallan, se hacen visibles, pero han estado latentes desde mucho tiempo antes. Podríamos decir que si bien la crisis del Club del Trueque detona a mediados de 2002, se había generando desde mucho antes. Por ejemplo, el fin de la convertibilidad en enero de 2002 constituyó un quiebre importante en el proyecto.

Aunque esto no fue lo único que minó al espacio. Hubo, también, un debilitamiento interno que destruyó la confianza. En un mercado popular que se plantea, básicamente, como solidario, la especulación, la falsificación, el increíble aumento de precios y la acumulación desmedida fueron fuertes contradicciones y amenazas para el proyecto, y detonantes de la crisis.

La acumulación contradice la misión fundamental de este espacio, puesto que el sistema de trueque multirecíproco no debe confundirse, según el proyecto, con un sistema de compra y venta, si no más bien de intercambio Y pensar en intercambio es pensar en una relación entre iguales que no siempre se da en la compra-venta. No es lo mismo hablar de prosumidores (productores y consumidores) que de vendedores y compradores. Si quienes van al Club lo hacen en calidad de vendedores, como quien tiene un comercio, el trueque pierde sentido. Desde el proyecto es clave, para el desarrollo del Club del Trueque, que se pueda intercambiar, trocar la producción de cada uno de los miembros de la RGT.

Y aquí hay otro punto que debe ser pensado con relación a esta crisis del proyecto. Los fundadores del Club plantean que uno de sus objetivos primordiales es el de estimular la producción. Por esto es, también, que se habla de prosumidores. La idea era que cada uno pudiera ofrecer algún servicio o algo que él mismo haya elaborado. Sin embargo los nodos se vieron invadidos de productos usados, de mercancías en las que no había un trabajo del prosumidor sino que se trataba de puestos donde los troquistas ofrecían ropa usada, libros y discos viejos para el intercambio.

 -La crisis en los relatos de los sujetos

Sin lugar a dudas, la falsificación de créditos afectó en forma contundente a los troquistas. Esta crisis interna del Club del Trueque generó, como se mencionó anteriormente, desconfianza y pérdida de la credibilidad en el proyecto. Esto fue lo que llevó a muchos de los prosumidores a abandonar sus nodos de pertenencia, a dejar de participar en el Trueque; y por ende los nodos, que hasta ese momento parecían multiplicarse en forma constante, se vieron en la necesidad de cerrar sus puertas.

Desde la visión de los fundadores, el problema parece sintetizarse en el grado de exposición pública que tuvo el espacio cuando, en realidad, el problema va más allá y tiene que ver con estas prácticas internalizadas, percibidas como naturales e inmodificables. Y se relaciona, además, con las diferentes interpretaciones que se hicieron y aún hoy se hacen del espacio. El Club del Trueque no significó lo mismo para todos aquellos que lo transitaron. Los fundadores entienden que el proyecto fue, simplemente, una idea que se reapropió, se resignificó; aunque quizá esto tenga que ver con esta lectura posterior, con el comprender que, en muchos casos, lo que ellos pensaron del Trueque no fue lo que los otros sujetos encontraron.

Al analizar cómo fue planteado el proyecto parece que, aunque fuera de manera inconsciente, se buscaba bajarlo a la gente que transitaba el Club. Por eso se crearon los cursos de capacitación a coordinadores, porque se esperaba, de acuerdo a la noción de comunicación implícita, que fueran los difusores de ese proyecto. Sin embargo los sujetos ocuparon el espacio, quizá desconociendo el proyecto original, y le dieron nuevos sentidos, lo resignificaron. No se planteó, al menos en la primera etapa de la experiencia, un reconocimiento que permitiera una planificación ascendente y que posibilitara una salida airosa de la crisis que dio fin al proyecto.

Teniendo en cuenta este panorama -que hoy tampoco observa demasiados cambios- es que se decidió no tomar a los clubes de trueque como uno de los espacios para el análisis de la producción de saberes. Es decir, aunque al principio aparecían como lugares de suma riqueza en este aspecto, hoy ya no son ni en un mínimo porcentaje lo que eran; no representan ese nuevo movimiento social que surgía en la crisis; no dan cuenta de ningún tipo de estrategia para salir adelante con lo que se tiene; y, lo más relevante para esta investigación, no son ese espacio donde podía producirse un tipo de conocimiento nuevo, rico para el análisis y con posibilidades de ir más allá en el proceso de construcción colectiva de una nueva forma de vivir el mundo. Porque si bien durante el lapso de tiempo en que funcionaron fueron espacios de producción/participación valiosos e interesantes, ya no representan un cambio drástico, ni profundo en la sociedad. Más bien, su momento de esplendor resulta ideal para un análisis retrospectivo, pero como lo que se busca aquí es un análisis actual, y con posibilidades reales de incidencia en la sociedad, se ha optado por continuar sólo con los comedores y dejar -quizás para trabajar en otra oportunidad- los Clubes de Trueque en un espacio anecdótico, de inevitable referencia, pero siempre en el plano de las prácticas pasadas.

Frente a esto, es necesario aclarar que el espacio que queda, el de los comedores, se torna en este contexto como espacio central de producción; no sólo de un nuevo tipo de saber o conocimiento, sino de una nueva forma de ciudadanía. Se convierte en una nueva forma de entrar en relación de los ciudadanos, vecinos de un barrio y con las distintas instituciones que componen la sociedad, tanto con sectores privados, como con el Estado en todos sus niveles. Es esta manera particular que se va perfilando en la forma de hacer de cada comedor lo que los transforma en un espacio altamente “potable” para la investigación.

El mismo hecho que hace interesante este análisis y sus conclusiones torna dificultoso el proceso de situar a los comedores como espacio/institución dentro de la sociedad actual. Tanto sus características como los modos y contextos que propician su creación son muy diversos y se torna dificultoso darle coherencia y unicidad. Cada comedor es un mundo inserto dentro de otro mundo que es el barrio dentro de la ciudad. Cada uno tiene características particulares y diferenciadoras que lo distinguen de los demás, pero compartiendo siempre la finalidad que les dio origen: tratar de paliar la situación extrema que vive cada sector que rodea a estos espacios.

Los comedores

Los Comedores Comunitarios se presentan como un nuevo espacio que recupera prácticas de otros espacios, dándoles nuevos sentidos y desdibujando los límites que parecían separarlos. Es esa coexistencia lo que permite definirlos como un nuevo espacio.

Cuando se habla de coexistencia no se alude a un simple estar en el mismo lugar de; pensar en coexistencia va más allá de compartir un mismo escenario, tiene que ver con darle una identidad a ese espacio y, en la relación, cobrar nuevos sentidos. Formar una trama que dé cuenta de un espacio distinto, de otro espacio que pueda ser recorrido con sentidos plurales, que no se presenta como clausurado, sino en constante transformación, en constante cambio.

El Comedor es experimentado como un lugar donde se puede ir a compartir, a poner en común. “Estamos todos en la misma”. Con esta frase se vislumbra uno de los sentidos que cobra el Comedor: el del espacio que nuclea en la crisis, que une. Los comedores convocan desde la necesidad, pero no sólo desde la necesidad de conseguir la comida diaria, de “zafar” sino, también, de compartir con otros la crisis, de no atravesarla solos. Frente a una situación que los desestructura, los desencaja, buscan nuevos espacios para resistir.

En este sentido, la noción misma de tiempo es puesta en juego, reelaborada y resignificada. Al respecto de esta modificación en las percepciones temporales cabe la consideración que hace Ludmila Catela (2003) acerca de los piquetes, ya que desde la práctica solidaria y el compartir ante la falta de oportunidades se asemejan en mucho a los comedores. “El piquete es más que un lugar donde se va a protestar. Es un espacio pero también el tiempo que reemplaza al del trabajo”. Y entonces, el tiempo del piquete y el de los comedores no es el de la desocupación, el del vacío que deja el sin-trabajo, sino un tiempo-otro, un tiempo-acción de solidaridad y apoyo mutuo, de compartir tristezas y organizar protestas; un tiempo para recrear pertenencias y revivir valores colectivos, para construir símbolos horizontales y quebrar jerarquías, para llenar de movimiento un presente aparentemente inmóvil y retejer memorias de desaparecidos y antepasados.

-El proceso de creación de un Comedor

Muy a menudo sucede que entre la gente de un barrio no existe un vínculo muy estrecho, de hecho no es extraño que no se conozcan entre sí o que sólo tengan una referencia de su vecino. Esto es muy común y sigue ocurriendo en algunos barrios. Sin embargo, ante la marcada crisis que soportamos los argentinos desde de finales de los 90, poco a poco, esta situación se fue revirtiendo. Sobre todo en los barrios más humildes. La misma necesidad de salir adelante ante una realidad desfavorable hizo que los lazos comunitarios y de solidaridad se afianzaran, y se fueran creando relaciones antes inexistentes o poco trabajadas. Estas relaciones fueron propiciadas por diferentes espacios y actividades que surgieron en los mismos barrios: asambleas, centros comunitarios, pequeños clubes y, claro está, los comedores. Estos últimos con la impronta que marca la crisis frente a una necesidad primaria, la de alimentación, pero con objetivos más amplios y abarcadores, que tienen que ver con la consolidación de una percepción que se venía gestando alrededor de las capacidades propias de cada uno de estos sujetos, que se hizo patente luego de la crisis y luego de que los tradicionales “punteros” no lograran satisfacer las necesidades diarias en los barrios. Es este descrédito a la política y sobre todo a los políticos lo que hace que el rol de los “punteros” haya decaído y sean puestos en tela de juicio, cuando antes quizás eran venerados.

Hoy la gente en los barrios tiene muy en claro que ellos mismos tienen un capital político muy importante, y que en base a la organización, solidaridad y compromiso con lo que se hace, este capital no sólo aumenta sino que se expande y contagia al resto de la comunidad. Si hay algo diferente en esta etapa de consolidación de la participación ciudadana es que esta participación crece en la medida en que se toma conciencia de que no es necesario esperar favores de nadie, sino que las cosas se logran luchando en forma organizada y coherente.

Desde la amplia convocatoria que tuvieron las asambleas barriales a principios del 2002, se fue gestando una forma de participación diferencial e innovadora en la sociedad, ya que esta se daba en forma directa y como se dice vulgarmente “poniendo el cuerpo”. Si bien estas asambleas no se extendieron en el tiempo, sí se mantuvo intacto el espíritu de participación, colaboración mutua y aspiraciones de cambio en los barrios de La Plata. En este panorama, los comedores son, en este panorama una de las expresiones de este espíritu de participación y ganas de modificar la realidad en que se vive. La creación o crecimiento de estos espacios da cuenta de una necesidad múltiple que se concreta a través de la entrega de alimentos, pero que va más allá de la simple obra de asistencia.

-La construcción comunitaria

Como ya se dijo la gran mayoría de los comedores ha ampliado sus expectativas y con ello sus actividades. No sólo se ciñen a la entrega de alimentos sino que buscan a través de estos espacios generar una participación activa y conciente, formadora de nuevos sujetos, fortalecidos en su moral y valorización personal, y atentos a las necesidades que surgen en la comunidad, haciendo pie en el capital que cada uno desde su lugar puede aportar al proyecto.

Son estos sujetos atravesados por múltiples influencias, que tienen en su esencia saberes y conocimientos que ponen en juego a cada momento, que les sirve para crear sus propios nuevos conocimientos. Esto ayudado, por un lado, por la proactividad de cada uno, las ganas y las capacidades individuales, pero, por otro lado no tan romántico, por la falta o decadencia de la instituciones formales que abandonan progresivamente la esfera pública dejando un vacío que sólo puede ser recompuesto por el trabajo comunitario y solidario.

A diferencia de los enfoques asistencialistas, la construcción comunitaria busca que los sujetos que participan de estos espacios superen sus sentimientos de dependencia -al Estado y los “punteros”- y ganen confianza en sí mismos diseñando y ejecutando juntos proyectos basados en los activos del mismo barrio. El objetivo principal no es simplemente proporcionar recursos financieros o materiales a sus barrios, sino que superen los sentimientos de dependencia y ganen confianza en sus capacidades.

-La diversificación de actividades en los comedores

Teniendo como referencia la construcción comunitaria es preciso mencionar ahora las diversas actividades que se llevan adelante en los comedores, como para tener una idea concreta de cómo y con qué recursos se está llevando adelante la tarea de formación y capacitación de los actores barriales. Es importante en este punto remarcar que todas las acciones, proyectos e iniciativas que surgen en los barrios tienen una misma finalidad, la de paliar la crisis en la que se ven sumergidos y suplir la ausencia del Estado en la tarea de contención e inserción laboral y social.

En este sentido es importante remarcar que la idea de organizarse y tomar las iniciativa de llevar adelante proyectos productivos y formativos está íntimamente vinculada a la crisis de legitimación que sufre el país y que afecta el accionar de los partidos políticos tradicionales y sus actores. A partir del descreimiento en la acción política partidaria se fueron propiciando modos alternativos de acción y participación, todos vinculados a la conformación de un nuevo modo de configurarse como ciudadano y como sujeto político por parte de los habitantes de cada barrio. De esta forma, lo que se recuperó fue el germen político en desmedro de la política como sistema de representación. Se vive hoy un pasaje importante de la representación a la participación, y de ella a la acción organizada. Esto, sin descuidar la formación y capacitación para esta acción. No puede haber participación sin formación, ya que de otro modo quien tome las decisiones es siempre el que tiene más conocimiento, el que se impone sobre los demás es el que puede tener una visón amplia y totalizadora sobre la realidad, esto se consigue ni más ni menos que adquiriendo conocimiento. En este punto el saber, tanto el que se adquiere desde lo teórico como el que se desprende desde la práctica solidaria, toma un papel preponderante al centrarse como posibilitador de poder, también trabajado en la etapa anterior.

-Lo que se desprende de las acciones y actividades en los comedores

Se trata de grupos y organizaciones cuya capacidad de incidencia política resultaría descartada sumariamente si la juzgáramos por los criterios habituales de número de participantes o representatividad, progresión en la acumulación de fuerza, definición clara del enemigo principal y fundamental, etc. Se trata, por el contrario, de pequeñas organizaciones que no siempre tienen permanencia en el tiempo, que no buscan enemigos, pero cuya resistencia y autonomía crea conflictos que envuelven distintos y cambiantes opositores u “otras partes”. Y no obstante, y de modo creciente, estos grupos (y también sus temas y valores, independientemente de actores organizados) crean o desencadenan hechos políticos en el sentido más primario del término, en tanto logran modificar en alguna mediada el medio en que les toca vivir.

La hipótesis es que en Argentina estamos ante cambios en el sistema político y de su marco simbólico-cultural lo que se traduce en nuevas maneras de constituir hechos políticos (con actores, vías y modalidades distintas) que tiene como proceso central una diversificación moderna a la vez posmoderna de ámbitos de creación de sentido. Desde estos lugares se enriquece y expande centralmente el sistema simbólico-cultural de significación, el que pasa a tener una creciente gravitación sobre la vida social. En este marco cultural-simbólico los hechos políticos emergen, se crean, se constituyen a través de la práctica cotidiana, del hacer diario en los espacios de intervención que a cada sujeto le toca encarar y llevar adelante.

La acción comunitaria y solidaria de los comedores avanza en un doble frente. Despliega una actividad local variada y multiforme, intentando abarcar los diversos intereses presentes en la comunidad: talleres, campañas de prevención, radios comunitarias, actividades de formación escolar, microemprendimientos sociales, asambleas donde se discute lo que les interesa a los distintos grupos de vecinos participantes en las diversas actividades colectivas; cursos de capacitación ciudadana; vinculación con otros movimientos de La Plata y el país. Esta diversidad de actividades tiene por vínculo un horizonte utópico de la comunidad deseable (Santan, 1985)(1). Por otro lado, como ya se viene diciendo, tienen una finalidad concreta y con objetivos más a corto plazo, que tiene que ver con la contención y satisfacción de las necesidades primarias que deben ser cubiertas antes de pretender cualquier otro tipo de actividad o pensar cualquier otro tipo de horizonte.

Es interesante, en este punto, remarcar la diferencia y motivación que tienen estos espacios, que hace que no puedan ser comparados tan fácilmente con los que la crisis de 2001 propició en la clase media. En este sentido, todo el movimiento de protesta y participación que generó el gran desconcierto y preocupación que se vivió durante 2001 y 2002 en la clase media se fue opacando y diluyendo en la mediada en que los reclamos no se concentraban, no se organizaban y, sobre todo, no se instituían como un reclamo homogéneo de una sociedad cohesionada, sino que se mantuvieron como reclamos individuales por los derechos pisoteados. Por eso es importante remarcar que la gran diferencia entre estos reclamos y movilizaciones que surgieron a la vez es el objetivo último que perseguían: mientras unos bregaban por la defensa de lo que se tenía, lo que ya se había conseguido, o por la mantención del orden existente, los otros lo hacían por la necesidad de lograr lo que no se tiene o se ha perdido ya hace un tiempo.

Existe el germen de una nueva forma de lo político, y es el desafío para el futuro poder canalizar estas potencialidades en un movimiento coherente y cohesionado, con claros lineamientos de acción y un horizonte posible y soñado a la vez.

Es importante remarcar cómo estos procesos comunitarios, todos nacidos de iniciativas por paliar una situación desesperante, van conformando un tipo de sujeto activo y comprometido con su entorno, con un espíritu renovado y positivo. Es que las mismas percepciones como sujeto se modifican en la medida que el trabajo en los comedores es más profundo. La propia percepción sobre sí mismo se modifica, así como la que se tiene del compañero y la que este tiene para el otro. El tipo de trabajo y sobre todo los resultados que en el corto plazo van obteniendo modifican sustancialmente la autoestima y el optimismo colectivo, al reconocer que es por este camino que pueden canalizar sus intenciones y necesidades de salir adelante, sin tener que esperar ningún tipo de ayuda de los tradicionales “punteros” y enfrentando la realidad en cuanto a que el Estado tampoco es hoy por hoy una solución a sus problemas.

Otro de los cambios de percepción tiene que ver con las nociones de trabajo y de tiempo, que ya se mencionó pero que es necesario recordar. La noción de tiempo se ve modificada a la luz de los procesos de acción y participación que se generan en los comedores. Ante la desesperante situación que dejó a mucha gente sin trabajo, el tiempo que se consideraba perdido o de “desocupación”, y que de por sí no era positivo, se fue transformando en un tiempo-otro, en el tiempo de la acción, del trabajo y la participación, en el tiempo donde se podría recuperar la dignidad del trabajador desocupado generando una acción solidaria que a su vez ayudara a cambiar percepciones a otra gente. Esta nueva forma de encausar las acciones calan muy profundo también en la noción de trabajo que deja de ser opresivo, y necesariamente ajeno a la realidad local, y pasa a ser el trabajo reconocido positivamente por el resto de la comunidad y valorado en tanto está interviniendo directamente sobre la realidad local, modificando y mejorando las condiciones de existencia.

Algunas conclusiones

 -Qué conocimiento se genera

Vale destacar que es a partir de la experiencia concreta donde se genera el mayor caudal de conocimiento. Potenciando los conocimientos particulares con que llega cada sujeto al comedor se produce una experiencia sintetizadora de estos saberes que, a su vez, generan un nuevo y ampliado conocimiento, tanto en las tareas de capacitación/formación, como en las de producción y recreación.

Siguiendo la línea de razonamiento que nos proponen Berger y Luckman (1989), el conocimiento de la vida cotidiana, el sentido común, se consolida como un capital, a través de procesos objetivos que actúan en los sujetos participantes. Este conocimiento, a veces del sentido común, a veces de la experiencia previa, u otras de estudios mínimos realizados sobre un tema, se solidifican en la experiencia en común, se sintetizan y generan nuevos anclajes que permiten referenciar esa experiencia como una experiencia del saber, no siempre sistematizada o elaborada conscientemente, pero sí puesta en juego en experiencias posteriores.

El mundo de la vida cotidiana es aquel que se da por establecido como realidad, el sentido común que lo constituye se presenta como la “realidad por excelencia”, logrando de esta manera imponerse sobre la conciencia de los individuos, en tanto que se presenta a estos como una realidad ordenada, objetivada y ontogenizada.

La realidad de la vida cotidiana es una construcción intersubjetiva, un mundo compartido, lo que presupone procesos de interacción y comunicación mediante los cuales comparto con los otros y experimento a los otros. Es una realidad que, al decir de estos autores, se expresa como mundo dado, naturalizado, por referirse a un mundo que es “común a muchos hombres”.

Se aprehende al otro, a los sucesos, acontecimientos y objetos por medio de esquemas tipificadores que se vuelven progresivamente anónimos en la medida que se alejan del aquí y del ahora, de la situación cara a cara; es decir, el conocimiento se construye y reconstruye no sólo con y mediante los semejantes con quienes se establece interacción directa sino, también, con los contemporáneos y con los antecesores y sucesores, “con los que me han precedido y me sucederán en la historia total de la sociedad”.

Es importante hacer referencia a Agnes Heller (1987), por cuanto que, al igual que Berger y Luckmann, desarrolla el concepto de la cotidianeidad. Asume el saber cotidiano como “la suma de los conocimientos sobre la realidad, los cuales son usados de manera efectiva en la vida cotidiana del modo más heterogéneo”. Esta categoría se plantea con dos características:

- Objetiva, cuando la suma del saber cotidiano de una época, de un estrato social, es independiente de lo que de ese saber se convierte en patrimonio de una sola persona.

- Normativa, en el sentido en que todo un grupo o estrato se apropia de un saber determinado caracterizando la identidad de grupo. Sin embargo, aunque esto se dé, existen en los grupos sociales personas que socialmente han adquirido la responsabilidad de transmitir los conocimientos; ejemplos serían los padres, sacerdotes, maestros, medios de comunicación, que hacen posible compartir a toda una sociedad un tipo específico de saber cotidiano, con el peligro de convertirla en instrumento de manipulación y de fortalecer los procesos de aculturación.

Es de destacar cómo el saber de la vida cotidiana acoge como propio el saber científico, el cual cala en el pensamiento cotidiano cuando este se engloba en su propia estructura. Un ejemplo hace referencia al uso y recomendación de fármacos que son indicados y dosificados sin que se entienda el proceso de cómo actúan, ni los principios químicos que poseen.

Una vez caracterizado el tipo de conocimiento al que se refieren los autores, y precisada la definición de vida cotidiana, sentido común y papel del lenguaje, se analiza la forma en que este conocimiento es apropiado, construido y reconstruido en un proceso que implica fases o momentos no necesariamente secuenciales. Tal es el caso de:

- La institucionalización

La institucionalización está precedida por la habituación, en tanto que un acto sea repetido con frecuencia, “... crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que ipso - facto es aprehendida como pauta para el que la ejecuta”.(2) La habituación posibilita que un acto se instaure como rutina y que, por tanto, permita restringir opciones (seleccionar) y torna innecesario definir cada situación de nuevo. Así “... la institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores”.(3)

Las instituciones con, por lo tanto, objetivaciones que cumplen el papel de regular y orientar los comportamientos humanos “... estableciendo de antemano pautas que lo canalizan en una dirección determinada”. Así, las instituciones se convierten en ordenadoras del mundo social, tienen fuerza normativa en tanto “... se experimentan como existentes por encima y más allá de los individuos a quienes “acaece” encarnarlas en ese momento... se experimentan ahora como si poseyeran una realidad propia, que se presenta al individuo como un hecho externo y coercitivo”.(4)

Las formaciones sociales requieren de procesos de objetivación a fin de ser transmitidas a una nueva generación y éste es el lugar que ocupan las instituciones en tanto se experimentan como realidad objetiva. Tres momentos constituyen el proceso dialéctico entre el hombre productor y el mundo social, su producto:

- La externalización

Proceso por la cual las instituciones aparecen fuera del individuo, persistentes en su realidad “están ahí”, existen como realidad externa “... el individuo no puede comprenderla por introspección: debe “salir” a conocerlas, así como debe aprender a conocer la naturaleza... el mundo se experimenta como algo distinto a un producto humano”.(5)

- La objetivación

Los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad. Los significados se materializan permitiéndole  al sujeto que se vuelvan accesibles los conocimientos de su entorno y las experiencias de su práctica cotidiana.

- La internalización

Es el proceso “... por el cual el mundo social objetivado vuelve a proyectarse en la conciencia durante la socialización”, la internalización se define como “...Aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otros que en consecuencia se vuelven subjetivamente significativos para mí”.

El proceso dialéctico de construcción social de la realidad es resumido por Berger y Luckmann: “La sociedad es producto humano, la sociedad es una realidad objetiva, el hombre es un producto social”(6).

Es este tipo de proceso dialéctico de externalización- objetivación- internalización el que opera en los espacios comunitarios y en la acción solidaria. El conocimiento se vive como algo dado, y no se reflexiona sobre esto, pero es puesto en juego a cada momento de forma tal que la misma experiencia de intervención solidaria o comunitaria genera una síntesis de aprendizaje que se complementa con los conocimientos que ponen en juego los otros actores participantes de estas experiencias.

Claro que esto no es un proceso conciente sino que se vive con naturalidad porque no se elabora como un proceso de enseñanza- aprendizaje formal. Este proceso actúa en la mediad que la experiencia práctica permite compartir experiencias previas. Este modo de entender el proceso de producción y reproducción de conocimiento nos permite pensar también en cómo se va gestando un nuevo sujeto, activo y participativo, conciente de su capital y potencial para modificar su realidad. Este esquema nos habla de una potencialidad creciente de los actores barriales para modificar su realidad generando nuevos procesos de aprendizaje y de identificación que a su vez alimentan un nuevo tipo de sujeto.

Se genera aquí lo que podría denominarse un círculo virtuoso de participación – formación – acción – resultados, que genera entusiasmo y más participación. Y no puede haber participación sin formación ya que es esta última la que permite darle un objetivo concreto, consensuado y productivo a la participación. Son estos objetivos los que conducen la acción y los que permiten que esas acciones puedan tener una concreción o un resultado esperado. Para lograr esto es imprescindible partir del capital existente y de plantear objetivos posibles.

En el marco de los distintos proyectos los vecinos trabajan en conjunto en actividades referidas a los problemas y oportunidades que ellos mismos han considerado prioritarias (por ejemplo, limpiar un terreno baldío, mejorar la calidad de los servicios, etc.) y, en su transcurso, construyen capital social: desarrollan amistades y confianza mutua, comparten y afianzan valores comunes, aprenden a trabajar en equipo, fortalecen sus instituciones y ganan confianza en que pueden lograr sus propósitos.

El capital social así construido es un activo para el futuro, pues los vecinos se encontrarán mejor motivados y equipados para afrontar luego tareas de mayor importancia. También se habrá desarrollado capital humano, fortaleciendo la capacidad de individuos y familias para superar la adversidad y crear y aprovechar oportunidades.

El objetivo primario de construir capital social no puede lograrse a menos que los vecinos estén a cargo de las actividades, tengan un rol central en las decisiones, sientan que son los "dueños" del proyecto y sean responsables por los resultados.

Los proyectos encarados sólo desde la perspectiva de solucionar problemas o satisfacer las necesidades de los grupos tienen una connotación negativa y perpetúan los sentimientos de dependencia. Su lugar debe ser ocupado por un proyecto positivo y abarcativo para construir capacidades propias.

 -Un nuevo sujeto social

En este contexto el rol y la conformación de los sujetos sociales se hace fundamental. Entendemos, siguiendo a Zemelman(7), a los sujetos sociales como "formas particulares de expresión social" que "se constituyen como mediaciones de poder y de lucha entre la estructuración de la sociedad a partir de la división social del trabajo y las formas clasistas de expresión política". Destacan en esta definición dos atributos fundamentales de los sujetos sociales, a saber:

En tanto que expresión social los sujetos sociales representan aspectos y actitudes particulares que tienden a mostrarse y a adquirir una cierta fisonomía a través del discurso que elaboran y en tanto que mediaciones de poder y lucha representa prácticas y formas de organización especificas.

El que los sujetos sociales se constituyan entre la estructuración de la sociedad y las formas de expresión política define los espacios en los que, al mismo tiempo que derivan, se construyen las subjetividades colectivas o formas de expresión social. De esta manera el carácter de expresión social de los sujetos sociales convierte a la subjetividad en un producto no predeterminado por la acción que realizan los agentes sociales. La acción se encuentra mediada por los sujetos sociales de tal forma que no puede ser pensada sin la voluntad de los actores, ni las transformaciones realizadas como simple resultado de la acción independiente de la voluntad.

Sin embargo, en esta definición movimiento, actor y fuerza, son al mismo tiempo aspectos y momentos en la constitución del sujeto social, en tanto que "colectivo que potencia realidades posibles", por lo cual es necesario considerar los siguientes aspectos:

Los sujetos sociales también son "una colectividad donde se elabora una identidad y se organizan prácticas, mediante las cuales sus miembros pretenden defender sus intereses y expresar sus voluntades, al mismo tiempo que se constituyen en esas luchas." Es decir, se trata de conglomerados humanos, de formas de organización especificas para la participación social. El que el sujeto social sea una forma específica de expresión social, no evita que se trate simultáneamente, de una organización unificada, de una estructura con normas precisas de incorporación que definen el comportamiento esperado de quienes la constituyen. En tanto organización, los sujetos sociales, definen las pautas de comportamiento de los sujetos individuales, sin embargo no como elementos que constriñen, sino pasando de un estado de homogeneidad incoherente y relativamente indefinido hacia un estado de heterogeneidad más definida y coherente.

Desde la perspectiva del sujeto social, el actor se transforma a través de un proceso en el cual se va conformando él mismo como agente, como movimiento. En su actuar participan no un sentido, sino varios sentidos, por cuanto se define su acción como consciente y deliberada en la dirección que tomará la dinámica histórica. En la acción, los actores sociales pueden devenir en sujetos sociales, pero también pueden llegar a desarticularse o no llegar a constituirse. La acción misma define a los actores como un proceso en continua formación. A través de su acción los actores representan una fuerza que se manifiesta en su presencia y permanencia en el conjunto social y cuyo grado puede ser variable.

Así pues, lo que puede llegar a decirse de los sujetos sociales, no se agota en la explicación de sus funciones. Los sujetos sociales, adquieren configuración en el conjunto de tensiones provocadas por la manera en la que se estructuran las diversas esferas o dimensiones de lo social, lo individual y lo físico, lo que incluye las distintas dimensiones del tiempo y del espacio. La categoría de sujeto social, en tanto totalidad que incluye necesidad, experiencia y utopía, permite la no separación lo que en la realidad conforma una unidad diferenciada, es decir, posibilita el trascender la visión dicotómica del mundo. Por ello no es posible definir al sujeto social por sus funciones que reducen su hacer en tanto actor. Se trata más bien de estructuras que tienden a estados de creciente tamaño, complejidad y dinamismo, esto es, a niveles más elevados de organización y una más estrecha interacción con el medio.

La categoría de sujeto social abarca los aspectos más variados de la vida social (materiales, simbólicos, individuales, familiares o colectivos, etc.) Esta diversidad obedece a factores de distinta naturaleza, que van desde las diferencias geográficas hasta las situaciones económicas y niveles educativos, pasando por condiciones como la edad, el sexo, la ocupación, etc. En conjunto, estos factores dispensan la formación y reproducción de redes de relación sociales más o menas delimitadas, que desarrollan elementos culturales distintivos a partir de los cuales los sujetos refuerzan sus vínculos sociales internos y construyen una identidad colectiva que les es propia y que tiende a ser contrastante y excluyente respecto a otras identidades. Esto significa que los sujetos sociales tienen diferenciación con integración, esto es, qué conforman una unidad en la diversidad.

Los cambios en el comportamiento, en las motivaciones que guían las acciones desarrolladas, son señales de la emergencia de nuevos sujetos sociales que emergen como resultado de las fluctuaciones cruciales pero simultáneamente resultan ser los creadores de esas mismas fluctuaciones.

Desde las diversas experiencias observadas se pude vislumbrar la conformación de ese nuevo sujeto, un sujeto activo en una sociedad desmovilizada, creador de su propia realidad y constructor de sus medios de subsistencia. Conciente de que solo organizándose y tomando la palabra es posible llevar a cabo acciones positivas y constructoras de un espacio mejor.

Bibliografía
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Zemelman, H. y Valencia, G. "Los sujetos sociales, una propuesta de análisis" en Nuevos sujetos sociales. Acta Sociológica, mayo-agosto, 1990.

Notas
* El presente trabajo se inscribe en el Proyecto de Investigación: “La producción de conocimiento en los nuevos espacios de participación social. El caso de los Comedores Comunitarios y los Clubes de Trueque en la ciudad de La Plata, entre los años 2002 y 2004”, que fue llevado a cabo por el Lic. Guido Pirrone, en el período 2003-2005, bajo la dirección del Lic. Carlos Giordano y la codirección de la Mg. Nancy Díaz Larrañaga, en el Programa de Becas de Iniciación en la Investigación Científica y Tecnológica de la Universidad Nacional de La Plata.
1 Este documento fue presentado por su autor, en 1983, a la asamblea anual del MIC y aprobado por todos sus miembros como una guía para sus actividades comunitarias.
2 P. Berger y T. Luckmann. (1989). Op. Cit. p. 64
3 P. Berger y T. Luckmann. (1989) Op. Cit. p. 76
4 P. Berger y T. Luckmann. (1989) Op. Cit. p. 80
5 P. Berger y T. Luckmann. (1989) Op. Cit. p. 83
6 P. Berger y T. Luckmann. (1989) Op. Cit. p. 165
7 Zemelman, H. y Valencia, G. "Los sujetos sociales, una propuesta de análisis" en Nuevos sujetos sociales. Acta Sociológica, mayo-agosto, 1990.