María Elena Sanucci




La prensa popular y la nota policial*

Contenido
Rojo sobre amarillo. La crónica policial
Lo policial como mediación cultural
Crónica policial en los medios blancos y amarillos
Algunas conclusiones provisorias
Bibliografía
Notas

Rojo sobre amarillo. La crónica policial

Hablar de sensacionalismo es un modo de ingresar en un tópico y en un género vinculado con otro color: no hay diario amarillo sin la omnipresencia de la nota roja. Esto marca un largo itinerario periodístico en el siglo XX, iniciado en 1913 por Crítica y continuado desde los 70 a través de Crónica. En el marco de este capítulo intentaremos cuestionarnos el porqué de la preeminencia de la nota roja, cuál es su concomitancia con el mundo de la prensa popular, y luego, dado que esta sobredimensión es innegable, ver si se puede establecer alguna marca distintiva de la crónica roja actual en la prensa blanca y en la amarilla.

No hay modo de pensar la prensa popular sin referirla, inmediatamente, a los tonos rojos de la crónica policial. Cuál es la razón que hace que lo policial se exacerbe en los diarios amarillos es una de las preguntas que cabe hacerse. También es necesario tener en cuenta si las razones que se esgrimen son las mismas para justificar la insistencia y expansión de la nota policial en Crítica primero y en Crónica después y en la actualidad.

Las argumentaciones que circulan podrían organizarse en conceptos relacionados con:

- La tradición, la matriz melodramática llegada o mediada a través del folletín, que hace de estas historias sucesos patéticos, de exacerbación emotiva, dotados con importantes dosis de suspenso, de misterio, de fatalismo resignado, de personajes simples y polarizados y con un esquema ético bastante conservador de condena y restauración del orden social.

- Los relatos populares anónimos, las hojas volanderas que relataban, a semejanza de los “cantares de ciego” o los “pliegos de cordel”, vidas marginales de antihéroes que adquieren la fama en el relato popular, que une a una suerte de extrañamiento moralizante respecto del delincuente una buena dosis de exaltación.[1]

- La información de los hechos a través de la narración. En esta dirección, hoy hay cantidad de estudios que enfatizan la narración como una modalidad de escritura que posibilita una suerte de implosión en el lector de experiencias y de vivencias[2] identitarias, de juegos dialécticos entre la norma, el estereotipo o la costumbre y lo que ocurrió, la trasgresión, lo que permite un aprendizaje y un conocimiento del mundo. Y con una relación con lo factual bastante conflictiva: junto a una minucia y a un interés por el detalle hiperrealista, una suerte de ficcionalización que muchos vinculan, como ya se dijo, también con el relato policial.

- La presencia de vidas disruptoras de un equilibrio social se relaciona adecuadamente con un estilo -el amarillista- que también trangrede la seriedad y la blancura de los medios considerados “serios”.

Todas estas razones enlazan con la problemática de la recepción, dado que de algún modo se establecen razones asociadas con efectos o con modalizaciones relacionadas con los lectores.

Lo policial como mediación cultural

Cabría también insistir en lo policial como un dispositivo que sirve para operacionalizar un proceso cultural. De hecho, y aquí sigo a Daniel Link (1992), en épocas recientes ha habido una verdadera eclosión respecto de lo policial como género, tanto periodístico como literario. Lo que sostiene Link como dato de interés es que la problemática policial ha dado origen a una cantidad de estudios en las ciencias sociales no estrictamente literarios[3] o periodísticos, sino vinculados con otras miradas (la psicología, la semiología, la antropología, el derecho, la sociología).

Por otra parte, resulta llamativo que desde Walter Benjamin a Jacques Lacan, pasando por una larga lista de prestigiosos intelectuales (Michel Foucault, Roland Barthes, Jules Deleuze y muchos otros), todos se hayan ocupado del tema. Vale decir que lo policial actúa como un elemento “mediador” para develar cuestiones vinculadas con modos de construcción cultural. Lo policial, su vigencia y sus modos de presentación y representación son catalizadores: identifican resortes, creencias que estructuran formas colectivas de pensamiento.

Crónica policial en los medios blancos y amarillos

Justamente, esa vigencia tan generalizada de lo policial hace que no sea un ingrediente exclusivo de los diarios populares, sino que este tipo de información se haya ido extendiendo y ampliando desde principios del siglo XX hasta la actualidad, y haya ganado un espacio considerable en los diarios blancos y también, obviamente, en otros medios, fundamentalmente la TV.

Por otra parte, lo policial genera distintos usos en relación con públicos diferenciados en medios heterogéneos. Lo que puede afirmarse es que hoy es una franja informativa importante en cualquier medio.

Al mismo tiempo, ¿Los medios intentan construir una mirada particular sobre la sociedad y sobre el presente marcada por este tipo de problemáticas, o realmente la violencia y la indefensión social son caldo de cultivo de una proliferación policial-periodística que es una consecuencia? Es evidente que en una suerte de feedback, los medios masivos exaltan y acentúan un estilo en las notas rojas, creando de este modo un clima instituido por el miedo, la indefensión, la violencia y la crueldad. Pero no menos cierto es que esta propagación mediática es posible porque hay una base de sustentación social evidente, basada en gustos populares y, a la vez, en la reproducción de un discurso hegemónico del orden social establecido.

En esta interacción permanente, se produce la hiperbolización de temáticas, personajes y hechos. De algún modo, se unifican escenografías diversas en esta posible homogeneización delictual: el pánico social, los rituales catárticos, el ordenamiento social y el disciplinamiento mediante una mirada moralizante y normativa, la advertencia mediante formas ejemplificadoras. A ello se suma la mirada piadosa y conmiserativa sobre víctimas (que en general forman con la voz enunciativa un “nosotros”) y la focalización acusatoria, represiva, punitiva sobre posibles culpables (“los otros”), como modo de regulación social. En este esquema, podría decirse que ingresan todos los medios, no sólo los populares.

La violencia de la crónica policial como hecho discursivo

Los hechos violentos inscriptos en la crónica policial dan lugar al discurso sobre la violencia; vale decir, interesa aquí como hecho discursivo inscripto en un género particular. Incluso, la propia noción de “violencia” cobra más de un sentido, tanto como significado descontextualizado y exterior que como su funcionalidad o uso en contextos diversos.

Hay una referencialidad genérica en cada época y cultura, y connotaciones varias en los distintos contextos situacionales. En esta primera mirada, se acudirá a dos referentes clásicos, desde lo lingüístico y desde los estudios culturales: María Moliner[4] y Raymond Williams[5].

Del breve rastreo terminológico, pareciera que hay algunas coincidencias que van delineando una dimensión semántica en la que convergen y se hermanan y complementan algunas acepciones: la violencia vinculada con la fuerza -sobre todo con la fuerza no autorizada-, con la intensidad, con lo antinatural e impuesto, con la trasgresión y la ilegalidad, con el riesgo y el miedo. Al mismo tiempo, lo que nos interesa son dos cuestiones de sentido importantes: en el caso de Moliner, el uso de la fuerza, la vinculación de la fuerza con la falta de razón y justicia.

El segundo sentido, aportado por Williams, habla concretamente de un uso discrecional del término asimilado a una determinada creencia o ideología y a quien ejecute la acción: lo que se considera violencia en los terroristas se considera fuerza y defensa en los ejércitos como instituciones  legalmente constituidas dentro de un Estado. Este problema vinculado con las ideologías, ingresa en los medios gráficos a través de las formas de tratamiento de los hechos violentos o policiales. La violencia, como acción y como denominación, es polisémica y su significado es intencional y cultural. No es casual, que al definir el término violencia, Williams considere como una acepción particular el uso de la violencia en los medios y dé como ejemplo la televisión.

Por último, el autor inglés agrega otro sentido que también resulta productivo en relación con la interpretación de los medios: la violencia como amenaza que conduce a la problemática del riesgo y el miedo social y colectivo. Esto explica, sucintamente, nuestro acercamiento terminológico para tratar de abordar esta temática y su preponderancia en la llamada prensa popular.

Los modos de tratamiento de lo policial en medios blancos y amarillos

Si bien los medios masivos definen a la violencia “no autorizada” y presentan todos una matriz común vinculada con una perspectiva hegemónica propia de una cultura oficial, no es igual ni uniforme ni homogénea la forma de tratamiento que cada uno de los medios proporciona. Es evidente que todos los medios asumen la mirada “oficial” pero con matices diversos.

Para abordar este aspecto se intentó trabajar sincrónicamente con los discursos policiales de cuatro diarios de una misma fecha: el 24 de octubre de 2001. Se pesquisó en Clarín y La Nación, como diarios considerados “blancos” y en Crónica y Diario Popular como diarios considerados populares y amarillos. Cuando hacemos referencia a la “consideración” queremos significar que tanto para el medio social en que se difunden, leen y escriben gozan de cierto prestigio y son los de mayor circulación en los medios urbanos, pero, al mismo tiempo, no sólo nos basamos en nuestro propia apreciación extraída, de alguna manera, de las ideas circulantes referidas a los medios en nuestra comunidad, sino también en la propia reflexividad de los medios, que autorreferencialmente se arrogan características, estilos y una suerte de función social en la que el pacto de lectura y la credibilidad funcionan como garantía de verdad.

Por lo tanto, ser “blancos” es ser serios y garantes de la confianza que los lectores han depositado en ellos a partir de la veredicción, de la prueba o evidencia de esa confiabilidad manifestada a través del tiempo. Lo mismo vale para los otros dos medios respecto de su sesgo popular, y de su pacto de lectura con su público, con una salvedad: la consideración de medios populares -y también amarillos- es propia de los contextos de producción de tales medios y de los lectores blancos, dado que lo popular es producido siempre por otros. De ahí que se establezcan jerarquías, niveles en la escritura y la lectura periodística. De este modo, el corte horizontal posibilitó intentar algunas certezas sobre ideas ya trabajadas en otros tramos de la investigación. De ahí que se prefirió sincrónicamente la coincidencia informativa en una misma jornada.

Para el abordaje, seleccionamos algunas categorías de análisis: la ubicación y extensión de la noticia, los elementos paratextuales, los titulares, el modo de configuración de los sujetos populares a través de estrategias enunciativas, la vinculación con clichés, formas ritualísticas y creencias compartidas, las representaciones y los modos de apelación al público lector.

Jugando fundamentalmente con la idea de “tradición” en el sentido de Williams y de “campo” en función de la mirada de Bourdieu pensamos la inscripción de la violencia en la nota policial entendida como un espacio donde coexisten fuerzas en pugna, que, si bien se presentan simultáneamente , son el resultado o la emergencia de un despliegue temporal diacrónico.

En todo relato de un hecho policial aparecen siempre, al modo de ingredientes de una canónica receta o instructivo propio del género, un triángulo necesario, pero articulado, en distintos contextos, de manera diferente:

1) El delito en vinculación con la ley: la trasgresión y los modos de reparación posibles o concretos, y la investigación para que esta últimos puedan aplicarse debidamente; 2) La víctima y 3) El victimario. Esos tres vértices van a aparecer como tres modalidades o dimensiones subjetivas, en las que los sujetos y las acciones establecen relaciones diversas y producen distintos resultados. Por esa razón, más que analizar una sola crónica en sus diversas conformaciones textuales, se intentó comparar notas de un mismo día para establecer modos de construcción para públicos diversos. De lo aparecido en la fecha antes mencionada, seleccionamos cinco casos:

1. La sentencia dictada contra unos asaltantes por el asesinato de un niño de ocho años, ocurrido en 1997.

2. El intento de robo y el ataque a un Juez.

3. El descubrimiento del asesinato de una familia en Villa Tesei.

4. El derrumbe de una casa usurpada.

5. La desaparición de una mujer en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

Las razones en que se sustenta nuestra elección tienen que ver, fundamentalmente, con dos cuestiones: son, como diría Barthes (1967) sucesos, en tanto y en cuanto configuran hechos que tal como se relatan aparecen como inexplicables o cerrados en sí mismos, o como presentaciones del mal que resultan fuera de toda explicación racional y constituyen un colmo cuyas causalidades son independientes de la dimensión política directa, pues, en sentido estricto, tres de ellos se abren y cierran sobre sí mismos sin expandirse hacia todo un contexto. (N1, N3 y N5)[6]. Por otra parte, como en ningún caso asistimos a la narración total de un hecho, se tuvo en cuenta una muestra que incluyera variedad de tramos diferenciados dentro del relato total de un caso (un comienzo, un desarrollo o una conclusión) en distintas narraciones. N1: Una sentencia sobre un hecho ocurrido cuatro años antes (conclusión final del desarrollo narrativo), N2: un robo y una agresión ocurridos el día anterior (hecho reciente, comienzo de un relato), N3: el descubrimiento de un triple asesinato luego de unos veinte días de ocurrido (descubrimiento actual de un hecho más remoto que supone una reconstrucción), N4: el derrumbe de una casa usurpada (una catástrofe actual pero originada en el pasado) y N5: la desaparición de una mujer (como posible comienzo de una historia delictiva aún no desarrollada).

Algunas conclusiones provisorias

El análisis realizado y el posterior cotejo -ambos desarrollados en otro trabajo[7]-, han permitido arribar a las conclusiones que aquí explicitamos.

En la prensa actual, amarillismo y blanquismo se definen como una cuestión de gradación y de intensidades. Eso no significa que no existan ambos estatutos, pero se puede suponer que lo que en los diarios blancos es un recurso o un uso que responde a una estrategia-que no necesariamente es la nota policial-, es un estilo y una retórica generalizada en los diarios más populares.

La nota policial se entrelaza con más de un concepto de violencia, si bien los hechos violentos exceden en mucho la nota policial. En relación con los casos estudiados, la violencia se traduce en el uso de la fuerza, en la trasgresión mediante el delito, pero también la polivalencia del término hace que lo ideológico se convierta, en algunos medios, en una expresión de un sentido común dominante que naturalice e identifique la justicia con un criterio hegemónico, y el delito con los sectores marginales y marginados.

Con esto intento decir que los conceptos relacionados con la violencia son relativos y están condicionados por la cultura oficial. Pero, de hecho, los problemas populares tienen su entidad a partir de una lectura crítica del diario popular. Si los diarios son un mapa social, en un país en crisis donde las desigualdades son cada vez más notorias y donde los pobres aumentan, la violencia y la configuración de sujetos populares vinculados con ella está naturalizada, no por el sensacionalismo sino por las propias problemáticas que envuelven la existencia de los sujetos populares.

Las notas policiales predominantes se inscriben, de un modo directo o indirecto, en una atmósfera general vinculada con el temor, el miedo generalizado, la indefensión, la lucha contra un enemigo que puede ocultarse en cualquier espacio social, pues la orfandad del Estado provoca la sensación de que en cualquier momento puede aparecer la violencia y atacarnos, creando, de este modo, una mayor escisión social. Los “otros” aparecen entre “nosotros” y un imaginario de sospecha corroe toda la trama social.

Contrariamente a lo que podría pensarse de la función inclusiva de los diarios respecto de la comunidad o la sociedad, los diarios populares presentan, muchas veces, una estigmatización respecto de los marginales tal vez más fuerte que los diarios blancos. O, a lo mejor, la exclusión registra otras marcas diferentes. Mientras en un diario como La Nación aparece la ausencia o la negación, el vacío semántico, a través de lo ignorado o lo exiguamente registrado, en Crónica o en Diario Popular la brecha social es marcada por el énfasis en la victimización y por el estilo hiperbólico, subjetivo y acusatorio que se estructura para representar a los victimarios.

Las notas intentan, en la mayoría de los casos estudiados, poner en escena y literalmente dramatizar las distintas situaciones delictuales. De este modo, los lectores se convierten en verdaderos testigos de los casos narrados. El lector asiste a un espectáculo, y las descripciones visuales, a través de la mirada del narrador, acercan con precisión lugares, personajes, situaciones, antecedentes, etc.

Con respecto a la problemática de la verdad o, en todo caso, el ajuste a lo fáctico, hay una actitud contradictoria, en cuanto que las notas intentan, sobre todo en Crónica y Diario Popular, un detallismo y una suerte de actitud de observación propia de los escritores naturalistas y a la par un alejamiento de los hechos. Ante la ausencia de datos, presuponen e hipotetizan y reconstruyen vicariamente los procesos, cuando lo que en realidad conocen son sólo las consecuencias. Estos dos aspectos, como muchos otros, son formas de reelaboración de los antiguos relatos populares propios de la tradición oral, los cantares de ciego, las hojas volanderas, la literatura de cordel. De ahí que, en este doble juego de realidad/ficción, el relato de estos hechos catastróficos reemplace a los relatos populares, los mitos, todo ese pasado de textos construidos y trasmitidos colectivamente transformados en un proceso de reelaboración constante.

La narración, la ficcionalización y el apego al detalle marcado enfáticamente, con una retórica del horror y la crueldad, se presentan como instrumentos apropiados para impactar y conmover; y no para la reflexión crítica. Con lo cual, surge la función catártica como modo de liberación de las tensiones generadas por el imaginario social: una construcción centrada en la violencia, el riesgo urbano, la inseguridad. Dentro de esa lectura de lo popular, podría inscribirse también la necesidad de la ritualización a través de reiteraciones de los rasgos canónicos del género, tanto en lo temático como en lo lingüístico: los opuestos, las dualidades, los claroscuros melodramáticos.

Clarín, si bien es un diario blanco, dramatiza fundamentalmente a través de la narración como recurso, como modo de identidad y de construcción discursiva, en un entronque con las formas más tradicionales. En cuanto a Diario Popular, hay una relación de acercamiento a los sujetos populares y a los modos de presentación por contacto, pero más mesurado que en Crónica. Este último diario, en tanto, parece el más subjetivo y connotativo, pero presenta una contradicción: formalmente, está “junto al pueblo”, pero la ideología que circula por sus páginas es más conservadora que la de muchos diarios blancos.

De lo analizado hasta el momento, se infiere que el estatuto de lo popular es dinámico, y forma sistema de acuerdo con los posicionamientos de los diversos discursos. No hay, entonces, sensu strictu, un diario popular, sino una prensa gráfica que multiplica discursos. Algunos más próximos al sensorium populusk, y otros menos. Se concibe lo popular, entonces, como un crescendo, complejo e hibridado por los diversos discursos y voces de otros. En cuanto a los sujetos populares, tampoco habrá rasgos definitorios en la actualidad, sino más bien, como plantea Arfuch (2002), “cualidades relacionales” en un marco dado por una movilidad social descendente, la nueva pobreza, el descentramiento del sujeto y la pluralidad de voces que juegan en cada campo. De ahí que la propia narración configure un modo de identidad propio de cada sistema textual.

Así, el diario que aparece como más “blanco y austero” es La Nación, que pareciera naturalizar y confundir ciertas endebleces gubernamentales y o sociales con una generalización reflexiva y fatalista; pongamos, por caso, el problema social de las casas tomadas. Por eso se insiste en la ilegalidad de la situación y también en el colmo que significa que un delincuente robe y hiera a un juez. El magistrado aparece sólo en su rol y no en su dimensión humana. Si se pasa revista, a partir de los cinco hechos delictivos investigados, encontramos polarizaciones víctima-victimario (juez/ladrones; los “ocupas”/el estado, la familia de Villa Tesei/el remisero asesino, el niño muerto/los ladrones asesinos) frente a él, Clarín presenta dosis sensacionalistas, vinculadas fundamentalmente con la apelación a la narrativa y a la emoción; con tratar de contagiar los dolores y avatares de las víctimas de diversos delitos. Las fotos funcionan narrativamente y como elementos argumentativos. Madres llorando la muerte de sus hijos, las lógicas contrapuestas de las madres de víctimas y victimarios, la reconstrucción subjetiva en el marco de la investigación. También el parentesco con la ficción de misterio en el caso de la desaparición de la maestra, y la idea del restablecimiento del equilibrio a través de lo punitivo.

Por su parte, los dos diarios más consularmente populares hacen gala de rasgos muy pronunciados y acentuados. De este modo, podría establecerse la violencia como un resorte que permite dos miradas: por un lado, la violencia como parte de la lucha por la hegemonía que libran los propios sujetos en cada una de las situaciones narrativas en situaciones espectaculares, teatrales, melodramáticas; por otro, la violencia ejercida por la hegemonía, al naturalizarse frente a la subalternidad. De cualquier manera, interesa la violencia como fenómeno popular sólo desde una perspectiva dinámica, instituyente e híbrida.

En Crónica, en cambio, el exceso de sangre es un modo de narrar pero también un muestreo de hechos y situaciones comunes y naturalizadas en el mundo de los seres marginados. De hecho, Crónica no inventa los sucesos, sólo los dimensiona de otro modo y los muestra, frente al borramiento, la omisión o la mitigación que llevan a cabo algunos diarios. Otros diarios blancos, como Clarín, le dan una entidad a los sucesos policiales, pero jerarquizándolos en función de los sujetos que los protagonizan.

Bibliografía
Arfuch, Leonor. “Problemáticas de la identidad”, en Arfuch, Leonor (Comp.). Identidades, sujetos y subjetividades, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2002.
Barthes, Roland. “Estructura del ‘suceso”, en Ensayos críticos, Seix Barral, Barcelona, 1967.
Link, Daniel. “Prólogo”, en El juego de los cautos. La literatura policial. De Poe al caso Giubileo, La Marca, Buenos Aires, 1992.
Moliner, María. Diccionario de uso del español, Gredos, Madrid, 1981.
Williams, Raymond. Palabras clave. Un vocabulario de la cultura y la sociedad, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000.

Notas
* El presente trabajo se inscribe en el Proyecto de Investigación: “Configuraciones y representaciones de lo popular en el discurso escrito de la prensa gráfica”, dirigido por la Prof. Ma. Elena Sanucci e iniciado el 01/01/02 en el marco del Programa de Incentivos a Docentes e Investigadores. Forman parte del equipo de investigación: Anahí Brunelli, Adriana Coscarelli, Patricia Coto, Claudia Fino, Susana Inés Souilla y María Antonieta Teodosio.
[1] Véase Martín-Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones, Santafé de Bogotá, 1998 y también Saítta, Sylvia. Regueros de tinta. El diario “Crítica” en la década de 1920, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1998.
[2]Véanse, entre otros, Fernández Pedemonte, Damián. La violencia del relato. Discurso periodístico y casos policiales, La Crujía, Buenos Aires, 2001; Arfuch, Leonor (Cfr. Bibliografía) y Bruner, Jerome. La fábrica de historias. Derecho, literatura, vida, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003.
[3] En este orden, y aunque planteado con “insumos literarios”, es relevante el estudio de Josefina Ludmer titulado El cuerpo del delito, un manual, Perfil Libros, Buenos Aires, 1999.
[4]En su Diccionario de uso del español, María Moliner (1981) apunta cinco acepciones pertinentes para el sustantivo ‘violencia’: 1. Cualidad de violento; 2. Fuerza, utilización de fuerza en cualquier operación; 3. Manera de proceder, especialmente un gobierno, en que se hace uso exclusivo o excesivo de la fuerza; 4. Violentarse; 5. Cometer acción injusta con que se ofende o injuria a alguien. Con respecto al adjetivo ‘violento’ apunta: 1. Se aplica a cualquier cosa que ocurre con brusquedad o con extraordinaria fuerza o intensidad (aplicado a manera, medio, procedimiento o palabra de significado semejante)./ Consistente en la utilización de la fuerza y no basado en la razón o justicia./ Mantenido o realizado contra la tendencia natural de la cosa de que se trata; 2. Aplicado a las personas, su carácter o acciones: Iracundo, irascible, irritable; 3. Se aplica a las acciones o actitudes que aunque voluntarias las realiza alguien contra su gusto o inclinación natural./ Se aplica a la situación o con estar a las personas cuando es difícil actuar para no cometer ningún desacierto./ En la misma forma, se emplea para describir la situación de la persona que está falta de naturalidad.
[5] Con referencia al término ‘violencia’, Raymond Williams (2000) encuentra, en su rastreo terminológico, siete usos o acepciones, algunos de los cuales se asocian y complementan: 1. En sentido primario: ataque físico. Ej.: “robo con violencia”; 2. En sentido general: uso de la fuerza física, incluso el uso distante de armas o bombas, pero este sentido parece especializarse en “usos no autorizados”. Por ejemplo, dice el autor, la violencia de un terrorista, pero no, excepto para sus adversarios, la de un ejército, en cuyo caso se prefiere hablar de “fuerza” y la mayoría de los operativos bélicos se describen como “defensa”; 3. “Violencia en la TV”, que puede incluir informes sobre sucesos físicos violentos, pero se refiere principalmente a la exhibición dramática de tales hechos; 4. La violencia como amenaza y un sentido; 5. La violencia como comportamiento indócil. El autor aclara que muchas veces se confunden y mezclan acepciones por la carga emocional de la palabra. A ellas agrega: 6. Intensidad o vehemencia. Por ejemplo, amar con violencia, violentamente enamorado; 7. Hacer violencia, cambiar de significado.
También el autor analiza diacrónicamente la palabra para explicar su etimología (vis) y afirma la relación existente entre ese término y “violación”, que implica la ruptura de alguna costumbre o dignidad. Este sería un punto de encuentro con lo policial, ya que la violencia se emparienta con el delito como violación de un orden establecido.
[6] En adelante, las cinco notas se abreviarán N1, N2, N3, N4 y N5, de acuerdo con el número asignado en su primera aparición.
[7] Por razones de espacio, no se incluye el análisis realizado. Véase Sanucci, María Elena. Rojo sobre amarillo: la crónica policial y el sensacionalismo. Informe de investigación. Inédito. Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, 2004.