Guido Pirrone




Nuevos espacios de participación social. Los comedores en La Plata*

Contenido
Introducción
Los nuevos espacios
La educación
Los espacios a indagar
Nuevos movimientos sociales
Los comedores
El proceso comunitario
Motivación
Organización
Liderazgo
A nivel provincial
El municipio
Los "politizados"
Conclusiones
Bibliografía
Notas

El espacio social como escenario donde se desarrollan, mutan y se transforman las sociedades, ha sido desde hace ya unos años el lugar privilegiado para los estudios sociales. El análisis de las prácticas, que darán cuenta de las diferentes conformaciones sociales está siendo objeto, hoy por hoy, de un desarrollo superlativo y rico en aportes desde las distintas disciplinas.

Hay un cambio en las formas de ver estas prácticas, de entenderlas e interpretarlas. Hay una queja común entre los diversos intelectuales y científicos sociales con relación a la formación de nuevas identidades, a la transformación, por parte de las comunidades, de lo que ven para vivirlo de otra manera. La preocupación para recuperar teórica y políticamente la heterogeneidad, la multiplicidad, la otredad adquiere una renovada relevancia, no sólo en los planteamientos conceptuales y teóricos, sino también, y fundamentalmente, en los procedimientos metodológicos. “Debemos redefinir los actores y sus prácticas, romper con el consenso ortodoxo que postula actores excesivamente pasivos, racionales y estáticos, pasar del análisis de estructuras al estudio de la estructuración.”(1)

El descentramiento de las sociedades, la pérdida de valores históricamente arraigados, la crisis de legitimidad de las instituciones formales y de las representaciones sociales, las transformaciones constantes de que son objeto las sociedades modernas instauran en el cuerpo social la necesidad de condensar sentidos reconstruyendo y resignificando éstos en ciertos espacios, lugares y relaciones. Lo instituyente opera desde los nuevos agrupamientos sociales respondiendo, no únicamente a lógicas instituidas desde los marcos modernos, sino también desde la especificidad local/ global de los procesos y los sujetos.

En este contexto emergen múltiples formas de participación, de articulación y reconstrucción del cuerpo social. En el ámbito local son un ejemplo de estas formas emergentes las asambleas barriales, las agrupaciones vecinales, los grupos de autoayuda, los centros de fomento, los comedores barriales, las ferias -tanto artesanales como de ropa o comida-, las escuelas de oficios, el resurgimiento del club de barrio como lugar de reunión, de organización corporativa, los clubes de trueque; y en el plano más político los piqueteros, el movimiento de ahorristas, el efímero fenómeno de los cacerolazos.

La idea de la investigación es focalizar la atención en dos de estos movimientos: Los Comedores Barriales y los Clubes de Trueque, aunque en esta ocasión solo haré mención a los comedores comunitarios.

Los comedores surgen, o mejor dicho se multiplican, como una práctica emergente para paliar la situación de crisis en que se encuentra inmerso el país y sus instituciones. Este espacio no es nuevo si tenemos en cuenta estrictamente el momento de su aparición en la sociedad, sí lo son en cuanto al tipo de prácticas que realizan hoy en día y al tipo de sujetos que construyen y por el cual son construidos. Es allí donde se torna rico para el análisis este tipo de prácticas y su forma de producir significado.

Introducción

Las relaciones entre el Estado y la Sociedad han experimentado un verdadero cambio de paradigma. La idea de trascendencia abstracta del Estado inaugurado por la modernidad cede espacio a la presencia del mercado como modelador de lo público. Esta desarticulación del Estado de Bienestar que ha sido reemplazado por una nueva forma de Estado cuyas principales funciones serán garantizar la acumulación empresaria no supone una mayor participación de la sociedad en la toma de decisiones sino el aumento de la fragmentación.

Este movimiento de fragmentación social es a la vez cultural y se superpone a la tradicional división en clases sociales. Se puede hablar de multiculturalismo fragmentado cuyo correlato son identidades pertenecientes a subculturas sin mayor contacto entre sí. La reorganización del espacio urbano generada por la industrialización y la transfiguración de las comunicaciones y las interacciones provocada por las industrias culturales, suscitan nuevas formas de multiculturalidad y nuevas modalidades de articulación entro lo público y lo privado, recomponiendo las estructuras urbanas tradicionales. Se hace necesario desde este contexto recurrir a las más variadas estrategias para subsistir y lograr encontrar el lugar que este sistema nos tiene guardados, o mejor, lograr socavar el sistema actual a fin de hacernos un lugar.

Los nuevos espacios

La desinstitucionalización de los lugares de certidumbre, la crisis de las representaciones sociales, las transformaciones sociales y culturales, instauran en el cuerpo social la necesidad de condensar sentidos reconstruyendo y resignificando estos agrupamientos sociales respondiendo, no a lógicas instituidas desde los marcos modernos, sino desde la especificidad local/ global de los procesos y los sujetos. Lo propio de las representaciones oficiales es instituir los principios de una relación práctica con el mundo natural y social en palabras, objetos, prácticas y sobre todo, en las manifestaciones colectivas y públicas, como son los grandes rituales, las procesiones solemnes, etc., en donde el grupo se muestra como tal, en su volumen y estructura, son su forma secularizada.

La crisis de representación de ciertas instituciones modernas -la escuela, los partidos políticos, los sindicatos, sólo por nombrar algunos- y de prácticas culturales marcadas por aquella institucionalidad, ha contribuido a la emergencia de formas culturales que se condensan en prácticas alternativas, así como de variados espacios de participación desde donde se constituyen los sujetos sociales.

Los comedores comunitarios son uno de estos espacios en los que una nueva ciudadanía se comienza a gestar, a la vez que se observa el surgimiento de un nuevo tipo de sujeto social. Un tipo de sujeto atravesado por las múltiples problemáticas y condicionamientos del país, con necesidades que van en aumento, comenzando por las básicas, la mayoría insatisfechas, hasta otras no tan básicas pero sí elementales para la formación de sujetos activos y productivos.

Son estos sujetos atravesados por múltiples influencias, que tienen en su esencia saberes y conocimientos que ponen en juego a cada momento que les sirve para crear sus propios nuevos conocimientos. Esto ayudado por un lado por la proactividad de cada uno, por las ganas y capacidades individuales, pero por otro lado, no tan romántico, por la falta o decadencia de la institución escolar en su entorno y de los lugares formales de producción de saberes.

La educación

El sistema escolar viene sufriendo una serie de aberraciones y vejámenes que lo alejan cada vez más de aquél ideal que pensaron sus pioneros en Argentina. A las dificultades propias de enfrentarse y competir en una sociedad cada vez más informatizada, cada vez más “conectada” -pero a la vez más fragmentada- se le suma la dificultad de subsistir en un modelo de país que le guarda no ya un lugar poco privilegiado, sino meramente simbólico, ya que la educación como tantas otras actividades -otrora responsabilidades del Estado- están siendo mercantilizadas o funcionan bajo el régimen capitalista de la competencia y la libertad de mercado.

En medio de la escasez, surgen criterios distintos sobre las políticas destinadas a los pobres. No se llega al mismo resultado si se las considera un paliativo de los efectos “indeseados” del modelo neoliberal o si se las deriva de la consideración de los derechos de los ciudadanos en una república democrática. Ambas posiciones pueden ser fuente de estrategias antagónicas. A los sectores democráticos no les conviene la instalación de ese antagonismo. Una autoexclusión o una débil participación de estos sectores es, en cambio, propicia para la legitimación de las estrategias apaciguantes del neoliberalismo.

Los espacios a indagar

Los comedores surgen, o mejor dicho se multiplican, como una práctica emergente para paliar la situación de crisis en que se encuentra inmerso el país y sus instituciones. Este espacio no es nuevo si tenemos en cuenta estrictamente el momento de su aparición en la sociedad, sí lo son en cuanto al tipo de prácticas que realizan hoy en día y al tipo de sujetos que construyen y por el cual son construidos.

Estos lugares, tanto como los clubes de trueque, forman parte de la ola de nuevos movimientos sociales que van apareciendo a raíz de las políticas implementadas por el estado tanto en el ámbito provincial, como nacional.

Nuevos movimientos sociales

Con la consolidación del neoliberalismo, paulatinamente, los movimientos sociales populares fueron siendo subrepticiamente desplazados al margen de los espacios de decisión. Los centros donde se toman estas decisiones se tornaron más exclusivos, nuevos sujetos pasaron a ser llamados a opinar sobre aspectos secundarios de las políticas sociales y, en la  mayor parte de  las veces, a  contribuir para el encaminamiento de políticas ya definidas, como ocurre actualmente.

En este periodo, de desaparición del trabajo, antiguas formas de organización social están viviendo su ocaso, como los sindicatos y  los partidos con orientación marxista, por ejemplo, mientras nuevas esferas se están afirmando en el lugar de la “antigua” sociedad de  clases, escindida por las relaciones de producción. En el ceno de la vida social de la  nueva era, está emergiendo una sociedad civil renovada, lugar de autonomía y de participación, por medio de interacciones dialógicas capaces de configurar una “esfera pública”.

Uno de los más encendidos debates sobre los Nuevos Movimientos Sociales incide en el impacto de éstos en la relación subjetividad-ciudadanía.

Según algunos autores, estos movimientos representan la afirmación de la subjetividad frente a la ciudadanía. La emancipación por la que luchan no es política sino ante todo personal, social y cultural. Las luchas en que se traducen se pautan por formas organizativas (democracia participativa) diferentes de las que precedieron a las luchas por la ciudadanía (democracia representativa). Al contrario de lo que se dio con el dupla ciudadanía-clase social en el período del capitalismo organizado, los protagonistas de estas luchas no son las clases sociales, son grupos sociales, a veces mayores, a veces menores que las clases, con contornos más o menos definidos en función de intereses colectivos, a veces muy localizados pero potencialmente universalizables. Las formas de opresión y de exclusión contra las cuales luchan no pueden, en general, ser abolidas con la mera concesión de derechos, como es típico de la ciudadanía; exigen una reconversión global de los procesos de socialización y de inculcación cultural y de los modelos de desarrollo, o exigen transformaciones concretas, inmediatas y locales (por ejemplo, el cierre de una central nuclear, la construcción de una guardería infantil o de una escuela, la prohibición de publicidad violenta en la televisión), exigencias que, en ambos casos, van más allá de la mera concesión de derechos abstractos y universales. Por último, los Nuevos Movimientos Sociales tienen lugar en el marco de la sociedad civil y no en el marco del estado y, en relación con el estado mantienen una distancia calculada, simétrica a la que mantienen con los partidos y con los sindicatos tradicionales.

Esta concepción, que basa la novedad de los movimientos sociales en la afirmación de la subjetividad sobre la ciudadanía, ha sido criticada ampliamente. La crítica más frontal proviene de aquellos que precisamente contestan la novedad de estos movimientos. Según ellos, los Nuevos Movimientos Sociales son, de hecho, viejos (los movimientos ecológicos, feministas, pacifistas del siglo XIX y el movimiento antirracista de esa época y de los años cincuenta y sesenta); o son portadores de reivindicaciones que fueron parte integrante de los viejos movimientos sociales (el movimiento obrero y el movimiento agrario o campesino); o, por último, corresponden a ciclos de la vida social y económica y, por eso, su novedad, porque aunque recurrente, tan sólo es aparente. Los modos de movilización de recursos organizativos y otros, y no la ideología, deben ser para estos autores, el punto de apoyo del análisis de los Nuevos Movimientos Sociales. Para esta segunda concepción, el impacto buscado por estos es, en última instancia, político y su lógica prolonga la ciudadanía, que orientó los movimientos sociales del pasado. La distancia de los Nuevos movimientos con el Estado es más aparente que real, pues las reivindicaciones globales-locales siempre acaban por traducirse en una exigencia hecha al Estado y en los términos en que el Estado se sienta ante la contingencia política de tener que darle respuestas.

Así, los movimientos sociales se nutren con innumerables energías que incluyen, en su constitución, desde formas orgánicas de acción social por el control del sistema político y cultural hasta modos de transformación y participación cotidiana de auto-reproducción societaria”. En esta “impureza”, reside la verdadera novedad de los Nuevos Movimientos Sociales en América Latina y su extensión a los movimientos de los países centrales es una de las condiciones de la revitalización de la energía emancipatoria de estos movimientos en general. En la medida en que esto suceda, será más verosímil la teoría unitaria. Pero ahora, sólo es posible hablar abiertamente de tendencias y de opciones.

La novedad de los Nuevos Movimientos Sociales no reside en el rechazo de la política sino, al contrario, en la ampliación de la política hasta más allá del arco liberal de la distinción entre estado y sociedad civil. Estos parten del presupuesto de que las contradicciones y las oscilaciones periódicas entre el principio del estado y el principio del mercado son más aparentes que reales, en la medida en que el tránsito histórico del capitalismo se hace de una interpenetración siempre creciente entre los dos principios, una interpenetración que subvierte y oculta la exterioridad formal del estado y de la política frente a las relaciones sociales de producción. La idea de la obligación política horizontal entre ciudadanos y la idea de la participación y de la solidaridad concretas en la formulación de la voluntad general, son las únicas susceptibles de fundar una nueva cultura política y, en última instancia, una nueva calidad de vida personal y colectiva basadas en la autonomía y en el autogobierno, en la descentralización y en la democracia participativa, en el cooperativismo y en la producción socialmente útil. La politización de lo social, de lo cultural, e incluso de lo personal, abre un inmenso campo para el ejercicio de la ciudadanía y revela, al mismo tiempo, las limitaciones de la ciudadanía de extracción liberal, incluso de la ciudadanía social, circunscrita al marco del estado y de lo político por él constituido. Sin postergar las conquistas de la ciudadanía social, como en últimas pretende el liberalismo político-económico, es posible pensar y organizar nuevos ejercicios de ciudadanía -porque las conquistas de la ciudadanía civil, política y social no son irreversibles y están lejos de ser plenas- y nuevas formas de ciudadanía -colectivas y no meramente individuales: ejercicios y formas basados en formas político-jurídicas que, al contrario de los derechos generales y abstractos, incentiven la autonomía y combatan la dependencia burocrática, personalicen y localicen las competencias interpersonales y colectivas en vez de sujetarlas a patrones abstractos; ejercicios y formas que parten las nuevas formas de exclusión social, basadas en el sexo, en la raza, en la pérdida de calidad de vida, en el consumo, en la guerra, que ahora ocultan o legitiman, ahora complementan y profundizan la exclusión basada en la clase social.

No es sorprendente que, al regresar políticamente, el principio de la comunidad se traduzca en estructuras organizacionales y estilos de acción política diferentes de aquellos que fueron responsables de su eclipse. De ahí la preferencia por estructuras descentralizadas, no jerárquicas y fluidas, en violación de la racionalidad burocrática de Max Weber o de la “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels. De ahí también la preferencia por la acción política no institucional, fuera del compromiso neocorporativista, dirigida a la opinión pública, con vigorosa utilización de los medios de comunicación social, involucrando casi siempre actividades de protesta y confiando en la movilización de los recursos que ellas proporcionan.

Similarmente, para otros autores, los Nuevos Movimientos Sociales son señal de transformaciones globales en el contexto político, social y cultural de nuestra contemporaneidad y por eso sus objetivos serán parte permanente de la agenda política de los próximos años, independientemente del  éxito, necesariamente diverso de los diferentes movimientos concretos.

Los comedores

Pensar a los comedores como un espacio de frontera es reconocerlo como emergente. Se presenta como un nuevo espacio que recupera prácticas de otros espacios, que permite darle nuevos sentidos y desdibujar los límites que parecían separarlos. Es esa coexistencia lo que permite definirlo como un nuevo espacio.

Caracterizar a los comedores no es una tarea fácil. Como ya se dijo, cada comedor es un pequeño mundo, su historia, sus objetivos, sus relaciones con la comunidad en la que se insertan son en cada caso dignas de un análisis particular. Algunas cuestiones para tener en cuenta:

El proceso comunitario

Se detecta que muchos de los comedores se fueron transformando de una actividad particularizada de algunos vecinos, a una actividad más comunitaria y participativa. Aparece como indicador significativo el lugar físico que fueron ocupando, con una clara tendencia hacia lugares neutros de posesión comunitaria.

En cuanto a las actividades que se desarrollan, se observa que, de ser en un principio únicamente asistencia alimentaria se fueron diversificando hacia Huertas Comunitarias y Talleres Artesanales.

Una demanda puntual por parte de las personas involucradas en los diferentes proyectos, es que expresan la necesidad de tener conocimientos de técnicas para promover la participación de las personas que son beneficiarias directas de las actividades del comedor, pero que muestran desinterés al momento en el que se le solicita colaboración.

Motivación 

La motivación hacia el trabajo de aquellas personas que tienen algún grado de responsabilidad en las acciones es un aspecto en el cual se detecta la tensión entre los intereses individuales y los comunitarios.

Entre las mujeres que trabajan en los comedores, prevalece una motivación que puja entre la vocación de estar al servicio, amor y solidaridad, acompañada de la percepción fuerte de la necesidad que viven las personas que las rodean. También se pueden ver motivaciones que se arraigan en lo profundo de la necesidad del propio hogar, y que encuentran en el reunirse el alivio a su situación. En ningún caso se manifiesta interés de tipo económico para realizar la tarea.

Organización

En la mayoría de los comedores existe un control de los datos básicos de las personas que concurren al mismo: nombre, apellido y edad.

La distribución de las tareas se informa por una planilla visible para todos donde se registra: el día, la actividad y el nombre de la persona a cargo; aunque sirve de guía, no siempre es fielmente respetada.

No existe Planificación de las actividades a realizar dentro del comedor, ni hacia fuera con la comunidad.

La historia documental del Comedor está en manos de el/la encargado/a.

La comunicación se realiza generalmente por medio de la transmisión oral, de igual manera para las familias beneficiarias, o en algunos casos se las realiza a través de notas (por ejemplo las invitaciones a reuniones).

Los encargados o el equipo de trabajo que realiza las tareas, rara vez dirigen las actividades para beneficio propio o de su entorno inmediato; generalmente trabajan para asentamientos cercanos a los barrios, situación muy común en los comedores más periféricos.

Las tareas recaen casi exclusivamente en los encargados y los equipos, mientras que las tareas que los vecinos beneficiarios pueden realizar son de menor envergadura, por ejemplo la limpieza pero nunca la cocina.

La rotación de tareas se ve dificultada porque en algunos casos, aunque en forma intermitente, los encargados se ven beneficiadas por el Plan Trabajar, que la determina y la fija en la tarea (esto es muy notorio en los comedores que responden a agrupaciones políticas, no tanto en el resto).

Liderazgo

Con respecto a este punto, es significativo ver como muchos de estos Centros tienen su seno en instituciones religiosas o políticas (Cáritas-Congregaciones; CTA-ATE-CCC), lo que las lleva a reproducir estos modelos, sin ser esta una práctica premeditada ni consciente.

Otro factor importante, es que en muchos casos las encargadas -que no son las beneficiarias-, son mujeres cuyos hijos ya son mayores y por lo tanto ellas tienen disponibilidad horaria. Esto hace que realmente sean las que más experiencias tengan tanto en el cuidado de los niños, como de la vida en general, lo que las impulsa a ser efectivamente líderes paternalista.

Vimos que en los Comedores donde no se encuentra una figura como esta, los conflictos son más marcados por encontrarse aún en la lucha por el poder.

Se reconoce el modelo del Líder Paternalista -el que actúa según los intereses del grupo, tal como él interpreta estos intereses-, en el ámbito del comedor cuando se escuchan las quejas de las responsables, acerca de los padres que no participan. La relación que se establece genera personas inmaduras, que se resguardan bajo la protección de quién controla toda la situación y no se atreven ni asumir responsabilidades. Las que si crecen son las encargadas, de las cuales los técnicos gubernamentales se sienten orgullosos.

Es importante remarcar, para introducir el tema, que no hay en La Plata y en general en toda la provincia de Buenos Aires un mapeo exhaustivo ni un relevamiento que de cuenta de la cantidad total de comedores que se encuentran hoy en funcionamiento. Para realmente tener una idea acabada del número de comedores y de beneficiarios habría que recorrer tanto ministerios provinciales, oficinas municipales, como organismos del llamado tercer sector, iglesias y agrupaciones políticas. ¿Por qué sucede esto? Por la simple razón que los comedores, como otros tantos espacios que van surgiendo o tomando fuerza en este último tiempo, no son instituciones reguladas por ninguna norma, ni ley, ni mucho menos centralizada por algún organismo ya sea local, provincial o nacional. Existe desde la nación políticas sociales al respecto de estos espacios, hay también en la provincia programas sociales destinados a regular y dar ayuda tanto a comedores, como a jardines comunitarios, talleres barriales. Desde el municipio se está comenzando a gestionar una política de planificación social en pos del mejoramiento y atención de estos espacios. Del mismo modo otros organismos e instituciones prestan su ayuda y recursos para sostener comedores, copas de leche, roperos comunitarios, jardines, talleres. El gran problema que presenta todo este asistencialismo es que se lleva a cabo en forma aislada unos de otros. Los comedores que reciben ayuda del Estado Provincial no entran en los convenios del municipio y quedan fuera de poder recibir esta ayuda los centros que son manejados por agrupaciones políticas. Lo mismo sucede con los comedores que entran bajo el ala municipal, son incompatibles con los de la provincia, y no se acercan a los “politizados”. Este mecanismo de autoexclusión hace que sea muy difícil saber a ciencia cierta cuantas instituciones de este tipo existen hoy en La Plata. Hay que aclarar que desde el Estado nacional la ayuda no tiene este tipo de trabas, pero toma diferentes formas, que hace igual de complicado un relevamiento exhaustivo, ya que lo que se considera asistencialismo para el funcionamiento de los comedores, puede tener que ver con el otorgamiento de planes sociales, mercadería (alimentos) o dinero para financiar proyectos.

Al indagar en cada una de las esferas que nuclean comedores y otras instituciones de este tipo, se evidencia una verdadera ignorancia de la labor que se está realizando desde otros sectores, como así también de la cantidad de instituciones. El máximo trabajo de mapeo es tener una idea de cuantos y cuan cerca están unos comedores de otros, y tener “cuidado” de que no se superpongan en días y horarios para el reparto de comida o para brindar sus servicios.

A nivel provincial

Desde el Ministerio de Desarrollo Humano y Trabajo de la provincia de Buenos Aires, tanto comedores, como copas de leche, talleres y jardines comunitarios son manejados por la Dirección de Políticas Alimentarias dependiente de la sub Secretaría de Coordinación Operativa, específicamente desde tres programas. El Programa de Servicio Alimentario Escolar (SAE) que se encarga de los alimentos que se reparten en las escuelas de la provincia, comedores escolares para niños mayores de 6 años. El Programa Vida, que reparte alimentos a niños menores de 6 años a través de las escuelas, comedores y centros asistenciales. Y por último el Programa Unidad de Desarrollo Infantil (UDI) que nuclea tres actividades básicas: los comedores infantiles, jardines maternales comunitarios, y las llamadas Casas del Niño, que asiste a niños de 6 a 14 años.

Estos programas están destinados originalmente a niños y jóvenes de la provincia de Buenos Aires y se materializan a través de convenios que realiza la provincia tanto con municipios, como con Organismos no gubernamentales y con instituciones religiosas de cualquier tipo de credo.

La ayuda básica, para comedores, consiste en una retribución monetaria por cada beneficiario con que cuente el comedor. Esta ayuda asciende a $17,50 por cada chico que asiste al comedor. El registro y control de este número lo lleva a cabo la institución con la que se hace el convenio, de esta manera la dirección sólo cumple una función administrativa y de veedor, en cuanto a que están pautadas, por convenio, tres visitas al lugar que recibe la ayuda para garantizar las condiciones de funcionamiento y controlar la veracidad de los datos suministrados por el prestatario.

La política que guía este programa no se encuentra manifestada en ningún lugar formal, ni mucho menos en algún documento. Sin embargo a través de los convenios y el trato que se tiene con las instituciones convenidas se puede dilucidar o interpretar algunos lineamientos, que se intenta desde la dirección que se lleven adelante. Esto básicamente tiene que ver con el cumplimiento de las normas de seguridad e higiene de forma tal que se generen en los comedores hábitos que permitan la optimización de recursos y la seguridad a la hora de la elaboración de los alimentos. Otro de los puntos o temas que se intenta incentivar desde la dirección la unificación de la familia, esto se lleva a la práctica incorporando a los mayores, padres en su mayoría, de los chicos que reciben la ayuda en el comedor, en tareas que logren formar o evitar el desmembramiento del núcleo familiar. Esta situación se da cada vez de forma más marcada, debido a la falta de trabajo y horizontes que hace de los mayores, responsables de las familias tornar hacia un escepticismo y despreocupación por la actividad de los niños. Desde la dirección se alienta a la organización, y se pone como requisito a las instituciones asociadas, la realización de diferentes actividades tendientes a lograr la cooperación de los padres en el proyecto del comedor. Sea tanto desde la realización de una huerta comunitaria, como la de talleres, reuniones informativas para los padres, actividades recreativas, o trabajo comunitario. La unión familiar, y la familia como pilar fundamental de la reestructuración societaria es uno de los fines de máxima que persigue la dirección y en dónde más hincapié hace.

En total el Programa de Unidad de Desarrollo Infantil tiene firmados a la fecha 1.700 convenio de los cuales 900 corresponden a comedores. Por lo tanto la ayuda que desde la provincia destina a este tipo de instituciones es relativamente poca, teniendo en cuenta que corresponden a cifras de toda la provincia.

Con relación a las funciones secundarias o latentes que cumplen los comedores como nuevos espacios de participación, es decisivo el grado de urgencia que cubren cada una de estas instituciones en el lugar donde se emplazan. Desde la Dirección se manifiesta que si bien es una cuestión que se tiene presente, y que se puede observar en otros comedores más ligados al tercer sector, los que se encuentran bajo el ala estatal observan una necesidad de cubrir aspectos básicos de alimentación que hace que la producción de otros saberes o capacitación en tareas de producción es mucho menor que en otras instituciones y pocas veces logra desarrollarse como un proyecto definido. De todas maneras analizaré este aspecto en profundidad en la siguiente etapa de la investigación.

El municipio

Desde el municipio local se lleva adelante una política de coordinación y distribución de ayuda social, donde entran los comedores. Siguiendo los lineamientos que bajan desde la provincia y la nación el municipio de la ciudad de La Plata, a través de la Secretaría de Políticas Alimentarias mantiene una política de distribución de la ayuda social que proveen estos otros estamentos. La tarea básica en relación a los comedores y otras instituciones de ayuda comunitaria consiste en nuclear, coordinar y evaluar estos espacios para luego decidir sobre el tipo y la cantidad de recursos que necesitan. Se trabaja desde la Secretaría, con los planes sociales tanto provinciales como nacionales y es a partir de estos recursos que se llevan adelante todas las actividades de asistencia comunitaria. La ayuda que llega a los comedores consiste en la entrega de alimentos frescos, enlatados y la ayuda monetaria directa. Esto último se observa en muy pocos casos ya que se privilegia la entrega de alimentos y se incentiva a los distintos titulares y sus entidades a crear fuentes de ingreso, y fomentar el trabajo comunitario.

En total, el número de comedores que nuclea el municipio asciende a 106, mientras que la cantidad de beneficiarios ronda los 10.000, a razón de 95 chicos por comedor en promedio. Del total de entidades un porcentaje -alrededor de un 70%- recibe tanto alimentos frescos como envasados, mientras que los restantes se reparten o bien alimentos frescos o bien envasados. Esta diferencia radica en principio en le grado y tipo de convenio que los comedores realizan, por un lado con el municipio, y por otro, con otro tipo de instituciones. Por lo general cuando un comedor no recibe los dos tipos de alimento obedece a que tiene otro tipo de acuerdo o son ayudados además por agrupaciones de las denominadas “politizadas” o por algún organismo no gubernamental.

En relación a la política social, en conjunto, se observa de parte del municipio una coherencia tanto con las líneas de pensamiento en el nivel provincial, como por los lineamientos nacionales al respecto. Se intenta recuperar la unidad familiar y a la familia como base de la sociedad en su conjunto, incentivando a los padres de familia a la participación en actividades sociales y se promueve la renovación de la esperanza a la hora de la búsqueda laboral.

Es necesario destacar que en el momento de realizar este informe desde la Dirección de Programas Sociales se está impulsando un cambio de estructura en la misma Secretaría que incluiría la integración de las distintas entidades de desarrollo comunitario al esquema. Esto sería a partir de que cada uno de estos lugares se transformen en el espacio de coordinación y gestión de las actividades del barrio, se transformarían en las bases de operaciones desde donde el propio municipio tendría un control más cercano de cada barrio de la ciudad. Esto enmarcado en un proyecto donde la planificación permanente y la evaluación constante de los programas implementados sea uno de los pilares donde sustentar la estructura. Permitiría, además, la elaboración de programas atentos a las necesidades locales, confeccionados en base a los requerimientos e ideas, que de cada unidad surgieran. De concretarse esta propuesta estaríamos ante otro paso importantísimo en la definición de los comedores como nuevos espacios de participación social donde se comienza a configurar un nuevo tipo de ciudadanía, y donde se empieza a pensar en un proyecto que va más allá del objetivo original de paliar la situación de hambre de nuestra sociedad para pensar estos espacios como verdaderos nodos de una red más amplia y rica que va apareciendo y conformándose a partir de las necesidades y de entender que el trabajo en conjunto puede rendir buenos frutos.

Los “politizados”

En un tercer lugar -y sólo por cuestiones de orden del discurso, que nada tiene que ver con la importancia, o forma de gestión- aparecen los comedores que responden en forma directa a agrupaciones o movimientos claramente politizados. Aquí nos encontramos quizás con el universo más amplio de instituciones que abarcan movimientos barriales, asambleas, asociaciones vecinales, movimiento de desocupados, agrupaciones gremiales y partidos políticos -en general de izquierda-.

Aquí si bien mantienen en líneas generales las características de un comedor comunitario, no está tan restringido el límite de edad de los beneficiarios. Otro aspecto que los destaca es que por lo general las personas que llevan adelante estos emprendimientos pertenecen claramente al movimiento que les da origen o sustento y tiene en su mayoría algún tipo de plan social que permite el funcionamiento y cobertura de gastos mínimos.

Lo interesante de destacar de este último grupo, es que es aquí (a excepción de un caso particular que a continuación destacaré) dónde mayor grado de producción de conocimiento se produce. Si bien, como se dijo comparten con el común de los comedores la urgencia de cobertura alimentaria de los vecinos del barrio donde se encentra emplazado. Es en este grupo donde mayor cantidad de actividades extra se realizan. Esto tiene relación al tema del sustento de cada uno de los comedores.

Como subsisten sobre la base de la ayuda que puedan conseguir las agrupaciones a los que responden, y a los planes sociales que distribuye la misma agrupación se hace necesario incrementar el monto de esa ayuda de manera tal no solo de cubrir las necesidades básicas del comedor, sino de tener un sustento económico que les deje a los participantes de cada proyecto un margen como para cubrir necesidades personales. Es decir, convertir las actividades que el comedor nuclea en un trabajo para sus participante, que en base a los planes y otro tipo de ayuda social, tales como el plan “manos a la obra” o “barrios bonaerenses” se genere un movimiento productivo que incremente las economías y active a la población participante. Además de las actividades netamente productivas (huerta comunitaria, bloquera, gráfica), se llevan adelante actividades de capacitación, talleres y actividades de recreación que permiten una apertura del comedor no ya como centro de asistencia comunitaria que otorga una vianda, sino que permiten ver a estos como verdaderos centros de activación de la comunidad o barrio, con perspectivas hacia una conformación de sujetos activos, con un horizonte y sobre todo con perspectivas de crecimiento.

Desde estos espacios la constante articulación de saberes formales y no formales dan como resultado una nueva y original forma de estar incluidos desde la exclusión a la que han sido sometidos por diversas causas, que giran todas en torno al tipo de política social y económica padecida durante los últimos 25 años y llevada a su máxima expresión durante la década del ’90. Este estar tiene que ver con lo que más arriba se señalaba, de estar juntos en la crisis para poder así superarla o por lo menos sobrevivirla.

Es interesante el dato sobre los beneficiarios. En principio no existen, como desde los lineamientos oficiales(2), límites de edad para recibir la ayuda brindada por estos comedores. Por otro lado sí aparecen coincidencias en cuanto a la participación de la familia y la preocupación por la fragmentación familiar. Desde muchas de estas instituciones se ha optado por entregar una vianda, en lugar de dar de comer en los lugares de funcionamiento del comedor, con el fin de fortalecer el vínculo familiar y evitar el aislamiento a que se someten los padres de los chicos que reciben la ayuda del comedor, a raíz de la falta de trabajo y muchas veces a los efectos que esto acarrea (alcoholismo, depresión, violencia familiar).

El grado de escolarización de los beneficiarios, sobre todo menores es relativamente alto, ya que alrededor de un 80% concurre a la escuela. Claro que este número desciende a medida asciende la edad. Pero sin embargo no deja de ser, felizmente, alto el número de chico y jóvenes que concurren a la escuela, a pesar de todos los problemas e inconvenientes que presentan, desde las posibilidades económicas hasta cuestiones de lejanía, o actividades laborales que imposibilitan o cuartan la posibilidad de asistir al colegio. Es, sí, casi nulo el número de personas que asisten o aspiran a un estudio universitario. Este dato es importante a la hora de constituir el horizonte de expectativas con relación al futuro y las posibilidades de ascenso social.

Conclusiones

Si bien aún no se puede aseverar nada en forma definitiva, hay datos empíricos y concretos que nos permiten tener algunas seguridades y certezas en vista de los resultados finales de esta investigación.

Este primer recorrido ha echado luz sobre estos espacios y se ha observado una muy interesante práctica comunitaria, con objetivos sociales y de capacitación que propician un crecimiento integral de los beneficiarios de los comedores, como así también de los titulares y las personas que brindan su apoyo a estos proyectos. Se ha podido indagar en los espacios de decisión política para intentar comprender y poder pensar cómo se configuran los comedores dentro de la sociedad. Se obtuvieron datos muy interesantes en cuanto a cuestiones operativas de los planes de ayuda social, una gran diferencia entre la “teoría” y la “práctica” de esta ayuda social. Se ha dado conocimiento de la estructura que sostiene estos programas, una estructura plagada de burocracia, con, quizás, demasiados intermediarios entre el prestador de esta ayuda y los beneficiarios directos.

Si bien, en el sentido estricto de la producción de conocimiento no se puede aún asegurar nada, sí puedo decir, a la luz de lo indagado hasta el momento, que sin duda existe desde estos espacios una práctica social que va mucho más allá de la simple distribución de alimentos. Existe en cada uno de estos comedores un proyecto, muchas veces elaborado en conjunto, otras en forma individual, un proyecto amplio de formación y recuperación de los sujetos como verdaderos ciudadanos, con participación y conscientes del proceso en el que están inmersos, formando parte esta nueva democracia participativa de la que ya se habló, que relega el aspecto representativo de ésta, para convertirla en algo un poco más plural y con posibilidades amplias.

Esto que suena a utopía no lo es en tanto se piensa no como una transformación radical e instantánea de la sociedad, sino como una de las formas de sobrevivencia que los distintos grupos que van encontrando y construyendo a la vez, en un contexto que no es benévolo y que a primera vista no ofrece demasiadas chances. Al parecer estas chances se amplían en la medida en que se toma conciencia que de la crisis en que vivimos sólo es posible salir en base a movimientos en conjunto y al trabajo solidario.

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Notas
* El presente trabajo constituye un extracto del Proyecto de Investigación: “La producción de conocimiento en los nuevos espacios de participación social. El caso de los comedores y los clubes de trueque en la ciudad de La Plata 2002-2004”, que es llevado a cabo por el Lic. Guido Pirrone, en el período 2003-2005, en el marco de las becas de Iniciación a la Investigación de la Universidad Nacional de La Plata.
1 García, J. L. (1990) “Los comunicólogos: De intermediarios a mediadores” en G. Orozco Gómez (comp.)La comunicación desde las prácticas sociales. Reflexiones en torno a su investigación”, p. 61. Universidad Iberoamericana, Programa Institucional de Investigación en Comunicación y Prácticas Sociales. México.
2 Vale aclarar que si bien hay una reglamentación en relación a la edad, en vista de la, cada vez más urgente, situación de los sectores más bajos de la sociedad, se hace muchas veces difícil controlar o cumplir esta reglamentación.